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Capitalidad y estatuto

A falta de políticas tangibles el otoño se presenta, de la mano del presidente Barbón, como una sucesión de pequeñas píldoras que deben dar carrete para ir tirando unos cuantos meses; hasta que se dejen ver por aquí los flecos de los Fondos europeos, si es que llegan, o se produzca alguna noticia positiva, como la de la llegada de los primeros trenes, en pruebas, a la variante de Pajares, que Adif acaba de anunciar.

La pasada semana fue la de los primeros contactos con las formaciones presentes en la Junta, excluida Vox por no creer en el estado autonómico, Principado dixit, aunque el partido gobernante no tenga empacho para aliarse con independentistas y filoetarras en otros lugares de España. Superada esta primera andanada, con matices, ayer el presidente entraba en los medios de comunicación con el asunto de la capitalidad ovetense. Otro aspecto estatutario inatacable e indiscutible, al parecer.

Dice el  presidente que esa capitalidad, de facto desde hace siglos, necesita ser ratificada en el nuevo estatuto y debe implicar el mantenimiento de las sedes de los órganos de poder, es decir, gobierno, Junta, Tribunal superior, rectorado, arzobispado, etc. ah, también la nueva comandancia de la Guardia Civil se presupone allí instalada. Vamos, lo que ya tenemos.

Oviedo lleva siglos acomodada en su capitalidad; de ella viven, y han vivido, los miembros de una clase funcionarial responsable de ese ambiente sosegado, calmado y adormecido que con su existencia dieron pie a la generación de un comercio provinciano que en los últimos tiempos, especialmente con la llegada de las nuevas tecnologías, a duras penas logra sobrevivir.

Podría pensarse que tiene lógica la posición de Barbón, pero en ese caso tendremos que preguntarnos qué fue del interminable cuento del Área metropolitana, porque eso parece ser, un cuento. Un área, la central, aquella inicial antes de que el Principado, unilateralmente, y antes de poner una piedra, la ampliase a los concejos de las alas de Asturias. Un área que cobra vida propia todos los días a través y por medio de la Y griega, infraestructura vital de la región y a la que se debe, en gran parte, el que el Principado no haya caído más abajo de lo que ya está. Una zona central de una Asturias que el 2020 perdió el 0,7% de su población. 

El caso es que al presidente le preocupa que Oviedo tenga su declaración de capitalidad, y su seguro de somnoliente vida provinciana, para poder seguir tirando en ese “aquí me las den todas” a expensas del resto de los asturianos y de lo que buenamente caiga de Madrid, o de Bruselas. Un gran futuro.

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