martes, abril 16, 2024

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CAVAFIS 160 Y 90 AÑOS

Pues si, nació y murió el mismo día y en la ciudad donde transcurrió toda su vida, Alejandría, Egipto. Constantino Cavafis o Kavafis, ambos son válidos, fue para muchos el último representante del esplendor de la ciudad de Alejandro Magno, pues en sus versos resucitó como hizo Jesús con Lázaro a otra época, personajes legendarios y el esplendor de una ciudad que pese a su deteriorado estado actual, sigue provocando en quienes la visitan una atracción que hechiza con el más exótico y sensual esplendor y a su vez con la más elevada intelectualidad. Eso es algo que no ha cambiado en 2.300 años desde que Alejandro Magno la viera en sueños y decidiera hacer ese sueño una realidad.

Cavafis fue hombre de su época, pero también de otra, atrapado entre el pasado y el presente y a su vez en esa cárcel que era la sociedad del XIX con sus prejuicios de entonces, y eso que en Alejandría lo concerniente a la homosexualidad que el escritor practicó toda su vida, no era un tema tabú, pero no estaba bien visto y era algo oculto y que solo existía en los barrios bajos con sus fumaderos de narguile y sus cafés orientales. Cavafis vivió toda su vida con peso de conciencia por ello, y a su vez con una libertad que sorprende a quienes vivimos en el siglo actual.

Nacido en 1863 en una familia acomodada griega dedicada a la exportación de algodón egipcio y a la importación de paño inglés los Cavafis vivían en el barrio europeo de Alejandría. Los éxitos comerciales del padre permitieron a la familia disfrutar de una vida burguesa entre las élites extranjeras alejandrinas y con un exorbitante lujo, en donde sirvientes egipcios, griegos o judíos atendieron todas las necesidades y caprichos de los niños de la familia.

Constantino vivió entre algodones hasta los siete años, cuando murió su padre, viéndose afectada la situación económica de la familia, teniendo esta que mudarse a Inglaterra durante 7 años y siendo su madre Jariclia la que mantuviera unido al entorno familiar. Durante su etapa en suelo inglés Constantino aprendió el idioma y leyó a autores como a Shakespeare, regresó a Egipto con su

familia en 1877 aunque también vivió un tiempo en Francia y visitó Grecia. En una breve nota autobiográfica él diría:

́ ́Soy de Constantinopla por descendencia, pero nací en Alejandría, en una casa en Seriph Street; Me fui muy joven y pasé gran parte de mi infancia en Inglaterra. Posteriormente visité este país como adulto, pero por un corto período de tiempo. También he vivido en Francia. Durante mi adolescencia viví más de dos años en Constantinopla. Han pasado muchos años desde la última vez que visité Grecia. Mi último empleo fue como empleado en una oficina gubernamental del Ministerio de Obras Públicas de Egipto. Sé inglés, francés y un poco de italiano ́ ́

Poco duraría esta paz debido a los combates entre egipcios e ingleses en 1882 y al bombardeo de la ciudad, tras lo cual Egipto se convirtió en colonia británica, obligando a los Cavafis a hacer las maletas una vez más y esta vez a Constantinopla, donde residieron 3 años y donde Constantino tuvo una relación amorosa con uno de sus primos. La familia regresó en 1885, pero jamás volvieron a disfrutar de la situación económica de antaño.

Cavafis trabajó como periodista pero al final y durante treinta años, ocupó un puesto como funcionario de la Tercera Sección de Riegos del Ministerio de Obras Públicas egipcio (donde permanecería siempre sin alcanzar un puesto fijo debido a su nacionalidad griega), ocupación que compartiría, durante algún tiempo, con algunas gestiones como corredor de bolsa. Nunca fue un poeta de profesión, tal y como la conocemos hoy en día, escribía en sus ratos libres, pero le tocó mantener a su familia la mayor parte del tiempo.

Por deseo propio, nunca publicó nada. Solo entre sus amistades conocieron de su trabajo, el cual constó de 154 poemas, todos ellos tratando del pasado grecolatino de Alejandría, del esplendor de los Ptolomeos, de Cleopatra y M. Antonio, Bizancio, amores imposibles y relaciones esporádicas etc…cargados de una sensualidad que muchas veces rozaban el erotismo y la más fina cultura. Solo hizo dos publicaciones. Una, en 1904, conteniendo 12 poemas, y una segunda, en 1910, en el que ampliaba el número a 27. Pero a partir de 1917 y gracias al escritor E.M. Foster Cavafis fue muy conocido en la sociedad griega de Alejandría y en la propia Grecia también. En España influyó mucho por ejemplo en la obra de Jaime Gil de Biedma.

Murió de un cáncer de laringe el 29 de abril de 1933, mismo día de su 70 cumpleaños y tras confesarse por la iglesia ortodoxa, la cual le dio la extremaunción, pese a vivir siempre en pecado como diría el sacerdote. Lo último que Cavafis hizo fue dibujar en una hoja de color negro un círculo blanco y un año. Está enterrado en el cementerio griego de la ciudad, junto con sus padres y hermanos. Lamentablemente hoy se le ha olvidado en su ciudad pese a que su casa es un museo.

Alejandría y sus cosmopolitismo aún pervivieron unos años más, siendo un nido de sensualidad, lujo, cultura y espionaje también durante la II Guerra Mundial, pero en 1952 todo terminó. Con el golpe de estado de Nasser que acabó con la monarquía del Rey Faruk, el nacionalismo panarabista que rechazaba las influencias occidentales y a raíz de la crisis del canal de Suez de 1956 Nasser decretó la expulsión de las colonias europeas del país, entre ellas la judía, que era junto a la griega la que componía en mayor número la población alejandrina. Y así terminó el sueño de Alejandro que fue también el de Cleopatra y el de Cavafis, el que Alejandría siguiera resplandeciendo ante el mundo como la perla que fue, la Perla del Mediterráneo.

Cavafis reunió en su persona el alma de dos grandes naciones milenarias, Grecia y Egipto, y el de una ciudad que fue capital de un imperio y de un reino, ahora olvidada por muchos, pero no así por quienes siguen alimentando la llama de su historia, igual que la del mítico faro que coronó la ciudad, que junto a su legendaria biblioteca fue el París del Mundo Antiguo y allá es donde fue a parar el poeta en la otra vida.

Su obra es fácil de leer, de modo que la recomiendo. Es como abrir la puerta a un mundo que pese a dar la sensación de que ya no existe, está en realidad más vivo que nunca, para aquellos que saben ver más allá de lo que hay.

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