La crisis económica  va unida a la crisis de valores morales. La humanidad está en crisis desde lo material a lo espiritual.  No hay que separar la vida cotidiana de la economía, puesto que ambas son intrínsecas, casa. Economía, en el fondo, es hablar de seres humanos. No son matemáticas. No son números. No “son dineros”. Nuestra vida cotidiana tiene agujeros. Los pobres del mundo aumentan exponencialmente, de acuerdo a la regla de: cuanto más ricos más pobres nacen.

    No hay líderes salvadores de la crisis, el fracaso de Donald Trump, como líder del mundo capitalista liberal, es un fraude. Los “lobbies” son los órganos como células malignas que mueven el mundo.  Se ha cambiado la fe por el dinero: “tanto tienes tanto vales”, dice el antiguo refrán castellano. Las naciones tienen el cáncer de los nacionalismos que odian la idea de Patria unida y fuerte.

    No podemos esperar que todo lo hagan los políticos que nos administran o nos deben administrar con honradez y entereza. Somos nosotros los que desde una conciencia colectiva debemos hacer algo por los cambios. La democracia no es un sistema perfecto, tiene muchas lagunas y agujeros.

    La democracia y la dictadura son muy parecidas, se diferencian en que en la democracia votamos y luego, ellos, hacen lo que les da la gana. Y corrupción uno de los males de todo poder, que caen con su negro manto sobre el resto de los ciudadanos. Porque se han perdido los valores como el honor, la honradez, el crédito de los vecinos o compatriotas. Porque la ambición no tiene límites, no tiene mesura y ciega como el amor. Ante este desengaño hay muchos ciudadanos que ya no votan, es decir que ya no participan. Hay que tener una visión global de la situación del mundo y de la sociedad a la que pertenecemos.

    Todavía veo mendigos por las calles, albergues municipales, Cáritas…, y gente se muere de hambre junto a nosotros.  Hay que ver el mundo como un único organismo con unos valores de solidaridad. Uno de los caminos es el voluntariado.  Somos organismos, células de la Tierra que caminamos juntos por el Universo. No podemos separar los ideales de la crisis, los valores de la realidad. La humanidad es un organismo global, en cada uno de nosotros, somos individuales, individual y social, éste es el problema.

     Si la  Economía no funciona, es porque no funciona el mundo en su conjunto. Hemos desarrollado una capacidad científica que asombra, pero también hemos desarrollado armas de destrucción, que provocan millones de muertos, heridos y discapacitados. ¿Cómo es posible que se degraden los humanos, y haya terroristas, psicópatas asesinos de mujeres, y violadores?  ¿Qué nos falta para completar un progreso sostenible? Nos faltan valores humanos: compasión, caridad, solidaridad, igualdad.  En Occidente vivimos relativamente bien, pero el resto de los humanos no. Setecientas mil hectáreas de bosques desaparecen cada año, especies de mamíferos e insectos desaparecen para siempre sobre la faz de La Tierra. Los incendios forestales, son en su mayoría intencionados, como los de Australia o los del Amazonas en Brasil. Los intereses ganaderos o madereros son los que, sin escrúpulos, están detrás.  Los intereses políticos son partidistas y, a la vez, económicos están por encima del bien común o general porque en realidad la Historia es la historia de la economía.

      Estos días de Navidad nos bombardean con el consuelo de que a todos nos puede tocar la Lotería, de que Papá Noel viene cargado de regalos, para que consumamos, cuando el Papá Noel y el Árbol de Navidad son tradiciones paganas, no son cristianas, lo de los cristianos es el Portal de Belén. Pero las televisiones, dirigidas por ateos convencidos, nos hacen cambiar nuestros valores: caridad y solidaridad. La cena familiar de Navidad acabará perdiéndose por las modas, pasan por ir a restaurantes de lujo. Entonces… ¿qué queda de las familias y el recuerdo de nuestros mayores?

    Hemos de recuperar la solidaridad, y procurar ensalzar los valores morales y el sentimiento de ayudar a los  más desfavorecidos y desafortunados, porque esta actitud «misericorde» o de misericordia, supondrá aumentar el potencial de nuestras zonas de éxito. Los valores cristianos siempre se han basado en el amor al próximo y en la caridad ¿Cuántos comedores solidarios en toda España darán comidas a los sin techo y pobres, que los hay, aunque no nos los enseñen? “Es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja que un rico vaya al reino de los cielos”, dice el proverbio cristiano.

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