Cuentan mis antepasados
que una noche de verano
en los jardines las uvas
trepaban como rosas
y los claveles olían a mar
en crespones de olas.
Dicen que la luna aparecía
inmutable, en su cielo
a despertar antiguas pasiones
que rompían a destajo
misterios, olvidos, dolores.
También que el arcoiris
es una ilusión pasajera
como la vida misma;
que usan palabras
para nombrar
ineludibles recuerdos
y ponen toga
a los antiguos vestigios
del orden supremo.
Hoy soy un antepasado
y el rostro que me mira,
es Cronos inexorable
hasta mis últimos días.

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