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18 de junio de 2022

La Revista Digital de la HNME

Destruyendo la Joya de la Corona

6 minutos de lectura

El papel de la corona durante toda la historia de la moderna democracia española ha sido la de una de las monarquías más respetada en el mundo, así como para todos los españoles que vivieron el franquismo e inclusive los turbulentos y sangrientos años de la II república, fue entonces impensable imaginar que la siguiente generación con un amplio futuro de progreso despreciaría esa joya nacional que dio pie a su bienestar y convivencia bajo el amparo de la libertad que tantos años han sido olvidadas en nuestra nación.

Digo la siguiente generación (los niños de finales de los 70), porque inclusive los mayores de esa época, nacidos en los oscuros años republicanos, teñidos de la sangre de inocentes, valoraron positivamente la monarquía parlamentaria, pudiendo recordar el discurso de Santiago Carrillo (asesino de miles de españoles en Paracuellos) aceptando la bandera bicolor (la de siempre) y a S.M el rey Don Juan Carlos I.

¿En qué año perdimos el norte en este país para desprestigiar lo que salvaguarda el bienestar, la libertad o la misma Democracia?

Deberíamos plantearnos los mismos monárquicos esta cuestión para analizarla y ver el momento en el que falló el motor de la democracia. A mi parecer, el fallo principal ha sido la imparcialidad de la educación tanto de la parte franquista como de la parte republicana, donde la Monarquía en su buenismo y el “lo acepto todo, aunque me destruya poco a poco” no ha podido controlar el desprestigio tan grande que durante los años de democracia han ido gestando a nuestra institución.

No contento con ello, en la misma monarquía parlamentaria con el afán de contentar a todos, reactivamos una de las dinamitas más peligrosas para nuestra valiosa institución, las autonomías, nacida de una fatídica república que es odiosa de la institución de la corona, para mas desgracia, sumemos la tergiversación de su funcionalidad en la sociedad, esto se refleja en los nacionalistas vascos, gallegos y catalanes, donde utilizan los medios de comunicación para desprestigiar eso que nos une (el idioma) a la vez que los partidos políticos utilizan las instituciones políticas para jugar con ello (aunque se insulte a la corona) como si de la serie “juegos de trono” se tratara.

En los primeros años del nuevo milenio, en tiempo de buena economía, paz y futuro, S.M el rey Juan Carlos I de España tenía una fama positiva de cara a los ciudadanos, en ese momento la prensa (prostituta de todo gobierno) trataban al rey de manera favorable, pues convivía en armonía con nosotros hasta tal punto que IU no se planteaba la necesidad de un plebiscito entre república o monarquía porque en su egoísmo personal no interesaba, ya que podría bajar sus votos de cara a las elecciones(menos votos, menos diputados, por lo tanto, menos dinero del estado para la formación), lo mismo pasaba con las juventudes socialistas, que parece ser que olvidan su historia como defensores de la monarquía en la década de los años 20 del siglo pasado. En definitiva, ocultaban sus principios para camuflarse, destruyendo sus pilares, y como digo siempre: “aquella persona o personas en una organización que oculten sus principios para utilizarlos cuando más les conviene, no son de fiar nunca”

Actualmente, señores hermanos monárquicos, la situación ha ido a peor considerablemente, esa persona destinada a reinar (por destino) y gobernar por decisión del dictador militar Fco. Franco decidió solamente reinar, pues era su destino (cediéndole los poderes del estado a los políticos elegido por su pueblo), es condenado, castigado y arrastrada su persona por los intelectuales contemporáneos de nuestra nación (nótese la ironía).

No hemos protegido a nuestro Rey como deberíamos y el primer culpable soy yo, no hemos sabido defender la institución frente a las hordas republicanas del desorden y relativismo puro donde hoy en día una mujer según la biología no es mujer por una ideología.

Para defender la monarquía debemos primero creernos y divulgar los ritos, las costumbres sacra santa de nuestra institución, el Rey (es una realidad aunque duela) no es un ciudadano normal, es el jefe del estado, el que carga la corona, el elegido por Dios en su tradición para guiar y representar a un pueblo, S.M el rey no debe ser un peón de intercambio para permanecer en el sillón del gobierno, ya que si eso sucede, como ha sucedido cometemos la barbaridad de republicanizar una monarquía quitándole valor y misterio, así como funcionalidad tan necesaria en este país (pues estamos en constante confrontación los unos con los otros).

Algunos monárquicos posiblemente vean el fallo de no declarar las comisiones a hacienda como bien me han ido informando, cargando sobre nuestro monarca toda culpa de corrupción que habido tanto por parte de los liberales (PP) como por parte de las izquierdas más radicalizada en 90 años (PSOE-PODEMOS), y es que hemos tergiversado incluso nuestra mentalidad monárquica, pues creemos que el Rey gobierna y nos ha robado dinero, ya que si nos ponemos a pensar detenidamente, numerosos famosos han evitado tributar en España de forma irregular e incluso, muchísimos políticos de la primera línea, han robado millones y millones de euros de los parados en Andalucía o millones de euros de las arcas públicas en Valencia, Baleares Cataluña, Madrid etc. Políticos que se exigen profesionalidad y transparencia, pero ninguno cumple, pudiendo echar esa corrupción a nuestro rey, cambiándonos poco a poco nuestra visión hacia el Rey.

Con estas palabras, ni mucho menos quiero justificar cualquier acto de deshonra a la corona o que perjudique a nuestra institución, pues como digo siempre, antes que papista, soy católico, y antes que borbónico o juan carlista, soy monárquico, pues estoy casado con la institución, no con una familia.

A la Corona, la joya de nuestra nación, hay que cuidarla y protegerla, hay que mantener el misterio, sus tradiciones y sobre todo que sea llamativo para el pueblo, pues si lo superior lo convertimos en nosotros, no tiene ningún enigma ni gusto por conocerla, pues al final como está sucediendo actualmente, España ha cogido el camino de la indiferencia aprovechado por los republicanos para que desemboque en el desprecio.

Como conclusión de todo ello, y después de esta presentación con un grado de opinión, déjenme decir que España una vez más se ha confundido en su historia exiliando a quién nos ofreció la democracia, despreciando dicho acto 36 años después de su costosa construcción, este acto posiblemente mi generación lo pagara muy caro en el futuro, pues hemos vuelto a pasar una línea roja que únicamente lo sobrepasamos en 1931, con la diferencia de ambas épocas, en el siglo pasado lo exiliaron rompiendo de raíz el estado y dejando a los monárquicos confusos y huérfanos y en este siglo exiliaron al rey que trajo la democracia ambicionada por los mismos monárquicos y republicanos, con la diferencia de mantener al hijo para seguir desgastando la corona y así adoctrinar a quienes iban a ser monárquicos, pero están cambiando su pensamiento a la idea más fácil y “bonita” a las ideas republicanas, por lo que “uniendo hilos” mi generación volverá a repetir lo que la generación de mis abuelos vivieron, y no es estrambótica esa idea, pues lo primero que aprendí en la facultad de historia fue que la misma historia es un molino que da vuelta sobre sí misma y siempre repite el mismo error.

Para acabar y por el amor que le tengo a la monarquía y al amparo de mi frase que dice así “antes que borbónico soy monárquico”, quiero hacer mi más crítica constructiva a nuestro monarca que por tener la buena imagen y posiblemente esperar a que el gobierno pseudo-republicano le acepte, desprecia a su padre y a todo su costoso trabajo aceptando el exilio y despreciando su herencia que no es más que el fruto de toda una vida al servicio público, pues seas Rey o no, en mi casa me educaron que un padre y una madre es el principal tesoro que una persona puede tener, claro que mi educación fue católica y prima sobre todas las cosas en esta vida.

Pepe Blanco – Delegado Juventudes HNME

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