El miedo, como emoción natural

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El miedo es mi compañero más fiel, jamás me ha engañado para irse con otro

Woody Allen

El miedo es una desagradable emoción, básica y primaria, que aparece cuando hay una amenaza ya sea física o emocional, real o imaginariay se manifiesta en tres niveles o modos de respuesta: cognitivo, fisiológico y conductual.

Cognitivo: El candidato popular a la disputada silla de la Moncloa ha convertido la “derogación del sanchismo” en santo y seña de su objetivo, nada menos que alcanzar la mayoría social que le permita formar gobierno. Lo que está por ver es si acierta, o no, en la estrategia de alianzas variables que pueden facilitar o agostar, esa pretensión. 

El candidato socialista ha acusado recibo al propósito derogador, agitando el miedo a que Bruselas cierre el grifo de los fondos europeos. Para ello, el primer ministro no duda en desacreditar a quien constituye una ‘amenaza’ para España, ya que su “empeño en derogar y deshacer todos los logros de la legislatura puede provocar que la UE imponga sanciones a nuestro país”.

Poco importa que el destinatario de la diatriba haya manifestado su preocupación por el déficit y expresado la necesidad de frenar el incremento de la deuda pública. Porque la respuesta es, sin matices, ‘a lo hecho pecho’, puesto que el lamento no sirve para nada, cuando algo ya ha ocurrido y no se puede evitar.

De ahí que resulte difícil creer en un modelo agotado, que convierte sus estertores en dazibao para incautos: “la mejor España» —la suya—frente a «la peor derecha». Algo así como lo que Ignacio Camacho llama “radicalismo de celofán”, que no son más que ideas envueltas en retórica empalagosa y camufladas bajo vestidos de seda.

Lo que sí queda es la influencia que el miedo puede irradiar a toda la sociedad, a la hora de enfrentarse a los poderes públicos, con ocasión de elecciones.

Fisiológico. Hasta el antojadizo 23 de julio altas temperaturas, descanso vacacional, ocasional voto por correo media un tiempo de emociones, miedo y pasión, en el que la campaña continuará siendo una sañuda escalada de frenesí. 

Como sentimiento de desconfianza a que pueda ocurrir algo malo, el miedo es tan cotidiano y está tan presente en nuestras vidas que, cuando se ponen las luces largas, se cuela en los meandros de la política, dando pie a múltiples emisiones: listas, perdedores, decepciones tempranas, desistimientos, arribismo endémico, redes clientelares, parasitismo…

En tiempos de cambio, para garantizar la cohesión y la disciplina, emerge el miedo impuesto hacia el interior del sistema, y desde medios de comunicación afines, volcado sobre la sociedad, a efectos de presentar toda alternativa de poder en términos apocalípticos.

Esta entropía induce el apremio operado sobre una persona que, al estar dominada por ese serio temor, no se halla en condiciones de manejar libremente su voluntad. El miedo insuperable no excluye la voluntariedad de la acción sino que la priva de la normalidad necesaria para que pueda imputarse penalmente al sujeto. Como ha sentado la jurisprudencia del Tribunal Supremo: “El miedo debe ser tal que la inmensa mayoría de las personas hubieran reaccionado de igual forma” (3-05-2018) 

Conductual. La bendición por el Consejo de Ministros de la candidatura propuesta para la fiscalía de la memoria democrática, en contra de la opinión de la mayoría de la Carrera Fiscal (que considera la designación nula de pleno derecho), destapa un miedo conductual, como evidencia el hecho de que los vocales discrepantes del Consejo Fiscal se limitaron a no votar, sin ausentarse de la reunión, como alternativa para expresar su desacuerdo. 

En este caso, la ansiedad condujo a conductas de evitación y escape, que no siempre se llevan a cabo, pues las personas voluntaria e intencionalmente logran inhibirlas; no sin dificultad.

En cualquier caso, basar la estrategia en la elaboración del relato por florido que sea y la falsificación de los hechos casi siempre bordeando la mendacidad no tiene mucho recorrido cuando, en un ecosistema indiferente, el daño reputacional al ministerio público no hace mella.

……

En su Teoría de las emociones —básicas, primarias, universales que hay en el ser humano, el psicólogo estadounidense, Paul Ekman, pionero en el estudio de las respuestas neuroquímicas y hormonales que nos predisponen a reaccionar de cierta manera, ante un estímulo externo o interno, incluye el miedo, cuyo origen es, claramente, nuestra protección ante los peligros.  

Junto a esa activación del organismo, que nos prepara para huir de una situación potencialmente peligrosa, están: la tristeza (decaimiento del estado anímico general); la alegría: (estado emocional placentero en el que la persona evalúa una situación como positiva); la ira (que surge ante situaciones aversivas o que generan frustración); el asco, (sentimiento de rechazo ante un alimento) y la sorpresa (reacción física y cognitiva que se tiene ante un evento inesperado o que no entraba en los esquemas mentales de la persona.

El miedo, como mecanismo de defensa psicológico y fisiológicopuede ser fuente de impulsos positivos o puede paralizar. Cuando tenemos miedo hay tres opciones: huir, paralizarse o confrontarlo, que permiten al ser vivo mantenerse alejado o a la defensiva y asegurar su supervivencia ante un eventual peligro.

Sentimos miedo para sobrevivir. Esa es su misión. Por eso nos avisa de cualquier riesgo, nos grita que tengamos cuidado, hace saltar las alarmas y nos mantiene en estado de alerta. Podría decirse que al miedo le debemos nuestra seguridad.

El problema del miedo es que a veces no se controla e impide tomar decisiones efectivas, porque se origina en una atmósfera tóxica.

……

Se pregunta Arcadi Espada: “¿Cómo es posible que España sea hoy el único país de Europa donde el nacionalismo tiene el prestigio que tiene? España está gobernada por un partido socialista con el apoyo de los independentistas, pero sobre todo, con el apoyo de personas que no han condenado la violencia”.

La respuesta de alguno de mis lectores podría ser: el miedo a meterle el diente al fanatismo tiene que ver con una situación amenazante que paraliza nuestro cuerpo y anima las péndolas de quienes han convertido la exacerbación de las pasiones identitarias en un suculento maná de resistencia al fascismo.

Si a ello se añade la subordinación de los poderes Legislativo y Judicial, el monopolio de los medios de comunicación, educativos y de la producción ideológica, dispondremos de un código de barras más nítido para un correcto discernimiento. 

Los efectos del miedo, como emoción natural, son demoledores. Se premia a los obedientes, caen fulminados los críticos, se colonizan las instituciones, se atiza el enfrentamiento y se debilita el diálogo. 

Estas secuelas conducen a que se encampane la mentira, hasta el punto de que esa parte de la ciudadanía tributaria del miedo carece de memoria para penalizar a quien cada día sostiene una opinión distinta.

Después de leer “A propósito de nada” , su libro de memorias, no puedo por menos que darle la razón a “Woody” Allen.

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