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El órdago de Joe Biden

En el juego del mus, de amplio desarrollo en el país aunque con preferencia en el norte de España, una de los lances o jugada más famoso es el conocido órdago, nombre que viene de una expresión en vascuence que quiere decir algo así como “ahí está”, o también “vamos a verlo”. Un “hasta aquí hemos llegado” pues implica el todo o nada en ese punto de la partida.

En el caso de Biden podríamos pensar que aún estamos al principio de la partida, quizás un poco pronto para un órdago, pues una presidencia supone cuatro años y él apenas lleva unos meses, desde el pasado enero, pero, quizás por ello, era el momento adecuado para lanzar el órdago sobre Afganistán, una larguísima partida, veinte años, que a los EEUU le suponía una sangría económica descomunal, incluso para ellos; una constante pérdida de prestigio en el orden internacional y, más importante, de vidas norteamericanas y votos en el plano nacional. 

Sobre Afganistán se ha dicho ya casi todo. En breve, una entrada no planificada e innecesaria de Bush Jr, una promesa de salida de Obama que se tradujo en más tropas, un acuerdo de salida mal negociado de Trump y, finalmente, un escape a cualquier precio de Biden. Pero las imágenes del aeropuerto de Kabul, que darán para novelas y películas, ya lo verán, no impiden ver al observador atento que los EEUU acaban de desembarazarse de una pesadísima mochila y con ella un enorme dispendio presupuestario. Biden puede ahora dedicarse al programa que le llevó a la presidencia.

La política internacional es realista y es fácil darse cuenta que ahora los EEUU tienen más libertad de acción. Por otra parte conviene recordar que el New Deal de Roosevelt, tras la crisis del 29, consistió en un formidable programa de infraestructuras que puso la maquina industrial yanqui a toda máquina; algo parecido a lo que llevo a cabo Eisenhower, tras el bajón posterior a la Guerra Mundial, con su construcción de la red interestatal de autopistas. Biden tiene un problema similar, recuperar la maquinaría yanqui, ponerla a funcionar a todo gas para hacer frente a la amenaza real, el desafío chino; eso es lo que se esconde tras su programa electoral en el que la puesta al día de las infraestructuras del país era lo principal. Y para eso necesita dinero, parte del cual vendrá del ahorro afgano.

Con la recuperación económica de los EEUU vendrá también su capacidad para contestar a China, que ahora parece llevar ventaja. Y conviene no olvidar que Kennedy empezó su presidencia chapoteando en la Bahía de cochinos, en Cuba, y después ya ven.

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