Conocido es el caso del profesor que mostró a unos niños un folio en blanco, con una mancha en el centro y veamos cómo actuaron sus mentes.

– A ver, niños, ¿qué veis aquí?  -les preguntó, con la hoja de papel en alto, a fin de que la divisaran todos-.

Y al unísono respondieron:

– ¡Una mancha negra en el centro!

Nadie dio importancia al color blanco del folio, que era mucho más extenso, la respuesta era cierta en las dos cuestiones.

Las dos verdaderas, pero debían de haber respondido, dando más importancia a la cantidad de color blanco que portaba el folio.

Vamos a entretenernos un poco, y ver cómo nos desenvolveríamos si se nos mostrara un folio todo blanco con una palabra, sólo una, escrita en el centro, es que hoy vamos a oxigenar un poco las neuronas y lo que se dice pensar, pensar, con este artículo…, no van hoy por ahí los tiros.

Hoy vamos de relax, vamos a dejar bailar el tiempo.

Imaginemos que ya está escrita esa palabra y ante este hecho, se puede sugerir, pensar, estimular, tendiendo, sin advertirlo, dar importancia a nuestra, por ahora desconocida protagonista. 

Y nos preguntaríamos o preguntamos.

¿Por qué esa palabra y no otra?

Nos interrogamos ¿Qué nos dice? ¿Qué nos sugiere? ¿Qué nos recuerda? ¿Qué sabemos y escribiríamos acerca de ella? Intuimos que todo esto nos va a servir para desconectar de móviles, preocupaciones, y estar un poco en babia para cargar pilas. 

Pues sí, se trata de eso, de dejar dormir toda tecnología y conseguir que este rato de lectura sea distendido y relajante.

Alumbramos ya la palabra, la verdad que he elegido ésta, porque me parecía muy alegre, y es CASCABEL.

Nuestra masa gris comienza su actividad, recordando, sugiriendo tal como reseñábamos anteriormente.

Seguro que muchos, con una edad ya dorada, estaríamos tatareando:

Doce cascabeles tienen mi … y viene a mi mente de súbito la fábula del “Congreso de Ratones” para escoger quién le pondría el cascabel al gato y evoco o evocamos aquel tiempo tranquilo donde éste no deseaba carreras veloces y cada uno nos adaptábamos a este ritmo y podríamos leer, pensar o escribir acerca de cualquier experiencia, en este caso sobre el problema de los ratones.

Otros, metafóricamente, pueden revivir esa garganta cascabelera de aquella artista, que su canto era una melodía u otros empezarán a buscar palabras que empiecen por cas, como, castillo, caspa y casta o tal vez por casca, como cascada y cascarrabias o quien le da por formar palabras trisílabas o que acabasen en bel, como Isabel, Luzbel y Babel.

Nada, que quien se aburre es porque quiere, porque no se plantea pequeños y simples retos, porque ya hemos visto que esta palabra intranscendente, aparentemente una nada, nos ha dado mucho juego, y nos ha hecho entrar en acción cuando lo que hacíamos es ver pasar el tiempo sin estar en él.

En esta situación abrumadora, donde la inercia de la pandemia, a veces nos hace algo pasivos, si recurrimos al “cajón de sastre” que encierra esta intranscendente, palabra, casi una nada, llenaríamos lagunas de laxitud con estos sencillos pasatiempos.

Bien, y ahora, tras evocar y jugar, porque nuestra mente se habrá distraído un poco ¿no?

Ahora nos resta la parte más bonita y creativa,  que es inventar una historia o un poema,  un cuento o una canción, titulada con la palabra cascabel.

Pero antes vamos a ver lo que puede o pudiera sugerirnos nuestra protagonista, prima hermana de campana, campanilla y hasta un primo más fuerte el cencerro.

Y claro siguiendo el tema del artículo, puede habernos venido a la mente 

“Peter Pan” con “Campanilla” o “La Niña de la Puebla” con sus “Campanilleros” o cercanas Navidades al son de “Campana sobre campana” y el tilín, tilín para acompañar al Viático por las calles antes de llegar a su destino, costumbres de antaño y ¿cómo no? Recordar cuando leímos por primera vez  “Las Campanas” de Edgar Allan Poe. 

Para nada es mi intención regodearme en el pasado, pero sí rescatar de él momentos felices de nuestra vida, que nos portan aromas de intensos momentos disfrutados, lejanos, sí, pero inolvidables.

No quiero dejar fuera a la campanera, que Dios hizo su pregonera.

Y tal vez cuando escuchemos o pensemos algo cascabelero recordemos   este coloquio, que siempre se establece entre autor y lectores.

Y como colofón termino con un pequeño cuento.

El cascabel

Érase, que se era, un pueblo muy pequeño, donde sus casas estaban asentadas alrededor de una plaza redonda, de ahí su apodo, pues le llamaban “el pueblo redondo”

Allí se encontraba Damián, nuestro protagonista, en casa de sus abuelitos, ya que sus padres tuvieron que marchar a un país vecino a recolectar fruta, la pandemia del Covid seguía haciendo de las suyas.

Damián estaba más alegre que unas pascuas, pues, con sus abuelos, todo era divertido, cercano y jocoso.

Mira por donde, no sabemos cómo, pero los abuelitos contaron a Damián la fábula del “Congreso de Ratones”, el niño era muy pequeño, pero muy listo y empezó a pensar en reunirse con sus amiguitos a ver qué pensaban entre todos para solucionar el que “los covids” anduviesen a sus anchas haciendo sufrir tanto.

Pensado y hecho, divagaron un poco y acordaron pegar una palabra mágica escrita con letras invisibles en una tira larga que pendiera del techo y ya pueden imaginarse la palabra elegida, por supuesto, era cascabel.

Así, cuando este ejército de virus malos chocase con la cinta caerían al suelo fulminados.

Esto, Damián y sus amigos lo tenían bien atado, pues sabían que los cuentos son mágicos y todo puede suceder.

Esta palabra invisible se enteró de que había muchos yayos y yayas que estaban malitos y pidieron, a Damián y a sus amigos, permiso para ir a otros hospitales, naturalmente asintieron y allá marcharon. Los sanitarios no salían de su asombro, pues todos mejoraban en un “abrir y cerrar de ojos” y esa palabra eficaz e invisible consiguió acabar con la pandemia.

De pronto vieron caer muchos cascabeles de verdad, que alegraban el ambiente por doquier.

Se respiraba una algarabía contagiosa, de modo que el hospital parecía una academia de baile.

El médico responsable, el director, consiguió la dirección de los abuelitos de Damián y fue a verle.

– Damián, has sido un niño bueno, has pensado en los demás, te queremos agradecer todo lo que has hecho, pide el regalo que más te guste, que lo tendrás.

Eligió ¡cómo no!, la vuelta de sus papás a casa y quedó con los amigos para hacer otros congresos y luchar también contra otras enfermedades.

Y allí acordaron que estudiarían Medicina.

Y cascabel cascabelito
quiero estar más veces
con mi abuela y mi abuelito.
Y cascabel cascabelote,
que se curen todos, todos,
con la palabra invisible
que está escondida en un bote.

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