Bruscamente 
apareces con el viento
quebrado en la quietud
del patio antiguo.
Una brisa enardecida
engaña mis sentidos
casi rotos  y sumidos
en el cauce del olvido.
Me duele tu roce
de perdida melancolía
y retorna tu presencia
a mi propio infortunio.
Mas en la ráfaga
que hiriente muerde
los tallos fugaces de horas,
permaneces intocable
en mi memoria activa:
corola ardiente
herida de rocío
apenas besada
en la tarde de estío.

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