Enamorarse a la luz de la mañana,
enamorarse al flamante mediodía
o también al rojo de la tarde
o, incluso, con las hojas ya caídas.
   
Como niños que aguardan su regalo,
como locos que ignoran la mentira,
como presos que suplican libertad,
eso hacemos a lo largo de la vida.
   
Es el viaje más sincero,
sin retorno al puerto de partida
¡Ojalá sepamos apreciarlo!
¡Ay de aquel que no lo consiga!,
pues su felicidad, será como enfermiza,
lo amargo, se le dará en demasía
y cuando en el dolor tienda su mano,
se habrá esfumado la caricia.
   
Amor, amar y ser amado
son de las cosas más sencillas.

El hombre se afana en no aceptarlo
y así nos va en el mundo cada día.

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