En un grupo de WhatsApp, un amigo nos reseñó una obra de John Keats, poeta seguidor de Shakespeare, amante como todo romántico de la libertad, de la rebeldía, de la naturaleza, amén de otras cualidades personales que este poeta tuvo.

Al leer su epitafio me quedé fascinada por lo que vislumbré entre líneas, decía:

“Aquí descansa, aquel cuyo nombre fue escrito en el agua”.

Como bien dice escogió este elemento, metafóricamente para despedirse del mundo, y enseguida pensé “¡Qué hombre tan humilde! ”Su nombre fluye, corre, sigue el curso del agua y forma parte de ella y deduzco que, analizándolo, dio lo mejor de sí, poniendo sus aptitudes en lo que más le agradaba, llegué a la conclusión, que lo que le importó es ser fiel a uno mismo, sin querer desbancar a nadie y disfrutar los dones recibidos por Dios o por las musas.

Yo creo que los poetas tenemos una sensibilidad especial, que bien encauzada nos hace disfrutar, observando, escuchando alentando con más tacto y tesón.

Y por supuesto yendo tras ese poema soñado, que tal vez se tarde mucho en componer o nunca se llegue a realizar, lo que si es cierto es que se está viviendo un sueño.

Y en esa ruta y muchos lo saben, admiramos las obras de los demás pensando ¡”Ay si yo escribiera así”!

Este poema que comparto con ustedes, no me acuerdo si ya ha salido en nuestro periódico ”El Monárquico” pero si así fuese, rememórenlo, lo compuse hace muchísimos años y vio la luz en 2011 en mi poemario “Puerta Entreabierta”.

Trata de la búsqueda de las palabras oportunas, del buen ritmo, de despojar lo superfluo, de la simbiosis perfecta entre fondo y forma o sea del deseo de que así fuere.

Sigo en el intento, si he avanzado un poco, es bueno para mi ánimo, pues luchar para conseguir un objetivo, es verdaderamente constructivo.

Espero les agrade.

Deseo para un poema

 Quiero que de mi nazcas muy puro,
 quiero no pulirte nada,
 quiero que seas un sueño,
 un saludo, un  porqué.
 No te entretengas jugando
 con malabares conceptos,
 quiero sentirte intacto,
 transparente, tierno y fugaz.
 Parece que nada dices,
 parece que estás desnudo,
 pero tus silencios gritando
 y tus vestidos te envuelven
 con ropajes de saber.
 Tú que sales de mi mente
 sin  apenas advertirlo,
 tu que llegas a instalarte
 en  algún que otro amigo…
 Déjame verte partir
 a lejanos horizontes,
 donde nada te mancille,
 donde nada te incomode,
 donde seas tú la esencia
  de la pura sencillez.
 Creo que así de pujante,
 así has optado por nacer:
 yo, no tengo más remedio
 que rogarte, que me arropes
 para que siempre me ayudes,
 a despojarme de lastres
 para más alto volar.
 Te meceré con silencios,  
 sin gritos te acunaré
 en mis brazos de papel.
 Y empápame, poema,
 de tu vida cantarina,   
 de tu pureza tranquila
 y tu simple sencillez. 

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