En el año 2000 nombraron a Xi Jinping secretario general del Partido comunista chino de la provincia de Zejhiang, que se encuentra en la costa del Mar de la China y limita al norte con la de Shanghai, de la que sería secretario siete años más tarde, para desde allí ser catapultado al poder de toda China, donde se encuentra ahora y, aparentemente, con la idea de permanencia puesto que ha cambiado la constitución para poder perpetuarse al mando del país.

El año 2000 es importante porque nos lleva al bochornoso recuento de votos en Florida durante la contienda entre Bush y Gore. Ganada en votos por el segundo, el particular sistema de elección de la presidencia USA llevó al poder al primero tras la intervención en el recuento del Tribunal Supremo. Algo que nos lleva a la importancia del nombramiento llevado a cabo hace una semana en el mismo por la administración Trump. En aquellas elecciones empezó la victoria de hoy de Xi Jinping.

Los USA, que llevan un siglo dirigiendo al mundo de forma directa o indirecta, tienen algunas características particulares que a menudo nos sorprenden a los europeos; ello se deriva de su propio nacimiento como nación de distancias inimaginables entonces, y con su vocación por un gobierno democrático y representativo. La imposibilidad de un sufragio directo aconsejó la elección por delegación de los estados a un colegio electoral que, además, se encargaría en caso necesario de descartar a candidatos peligrosos, léase populistas.

Los años han ido pasando y en muchos estados se siguen manteniendo modos, normas y tradiciones electorales que, visto desde afuera, no parecen mejorar la calidad del sistema electoral sino al contrario, le dan oscuridad y ponen en duda su fiabilidad. En especial en lo que atañe a la desaparición del colegio en su función de eliminar a los candidatos peligrosos, como el caso Trump parece atestiguar.

La chapuza de Florida se superó gracias a la aceptación de Al Gore, pero con un gran coste de imagen para el Imperio que después se vería embarcado en años de desgaste bajo la presidencia de Bush. La elección de Trump, con las mismas operaciones de ingeniería electoral que luego se emplearon en la británica campaña del Brexit, se aceptó también sin problemas por los demócratas; lo primero era el país. Ahora salimos de cuatro años de presidencia Trump.

En estos veinte años China ha cambiado para convertirse en un titán que habla de tú a los USA. En la actualidad hay una clara línea de confrontación entre ambos que, a diferencia de la que hubo con la URSS, no tiene carácter ideológico sino puramente económico. La política ininteligible de Trump solo parece conducir a la desconfianza de socios políticos y comerciales, y el abandono, con la consecuente anarquía, de zonas de influencia que ahora son de nuevo tablero del juego geopolítico.

El Mediterráneo hierve con las injerencias turcas, Oriente Medio está igual o peor, la disputa iranosaudí se agudiza, el yihadismo no sólo se mantiene en el Sahel sino que llega a Mozambique, en el Cáucaso de nuevo guerra, Afganistán sigue en el mismo sitio, en Iberoamérica nada se ha clarificado en el cuatrienio, Europa desnortada. Parece claro, viendo el espectáculo en USA, que Xin Jinping ha ganado las elecciones y, además, es el único que sale más fuerte del covid. 

Versión en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com

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