En mi armario de verano,
sabed lo que yo pondría:
unas sandalias de marcha,
para ir ligera en la vida.


Un pañuelo que destaque
la verdad ante la mentira;
y un sombre que me tape
lo peor de cada día.


También yo colocaría,
un bolso de lluvia fina
que mi pelo acariciase;
mezclada con fresca brisa.


En el principal cajón,
un cofre reservaría
donde proteger la risa
como vital medicina;


Ya en el fondo del armario,
un espejo colgaría
que reflejase buen ánimo,
con bondadosa armonía.

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