La espera ha terminado

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Tras 13 años de Guerra Civil, gobiernos fallidos, golpes militares y violencia a un extremo y otro del país norteafricano, más sumándose desastres naturales y la incapacidad de poner un gobierno democrático por elecciones, se ha decidido volver al sistema que Gadaffi derrocó en 1969. Esta semana el Primer Ministro de Libia Abdul Hamid Dbeibah decidió llamar al Príncipe Mohamed Idris Al-Senussi , sobrino nieto de Idris I, el que fuera el primer y último Rey del país para que ocupe el trono y se restaure la monarquía constitucional.

Desde la revolución de 2011 que acabó con la Yamahiriya o República Popular Socialista de Libia, y Gadaffi fuera asesinado, el vacío de poder que este dejó ha sido incapaz de ser llenado. El Gobierno de Transición fracasó en sus intentos de dotar al país de una nueva constitución y de un líder que fuera capaz de unir a las diferentes tribus bereberes y grupos étnicos del país. Fueron años muy oscuros, sumándose además la aparición de cédulas yihadistas del ISIS en el este del país que casi llegan a las ruinas de Leptis Magna, cuna del emperador Septimio Severo y que asesinaron a cristianos libios por el camino.

Las mafias y sus pateras se han llenado los bolsillos en estos años crudos de estado fallido en Libia, pero esperemos que a partir del próximo 9 de febrero, cuando el Príncipe aterrice en Trípoli, la esperanza renazca en el corazón y mente de los libios.

Libia ha pasado por muchas manos en su historia. Fenicios, griegos, cartagineses, persas, egipcios, romanos, bizantinos, otomanos e italianos. Solo a partir de 1951 cuando se independizó de Italia y se constituyó en un reino apoyado por la ONU y con el Emir Idris Al-Senussi, oriundo de la Cirenaica, que cambió su título por el de Rey, el país pudo elegir su camino. El petróleo permitió la modernización del país y dotarlo de una buena infraestructura y gracias a la esposa de Idris, la Reina Fátima, las mujeres empezaron a dejar el velo atrás y a ser iguales en la sociedad.

La no intervención en la Guerra de los 6 días de 1967 de Israel manchó la popularidad del Rey y dos años después era depuesto por Gadaffi. Idris y su esposa murieron en el exilio en Egipto, mientras Libia quedaba bajo la bota militar de Gadaffi y se violaban los derechos humanos.

Tras 55 años de espera y desde ese fatídico 1 de septiembre de 1969, fecha del golpe de Gadaffi, los libios podrían volver a donde lo dejaron. ¿Quién dice que el Príncipe de 62 años y que tenía 7 en el momento del derrocamiento de su familia no está capacitado para llevar a Libia a una democracia liberal y tradicional a la vez? La espera ha terminado y la oportunidad está sobre la mesa. El resto ya es cosa del pueblo libio y del que está a punto de ser su nuevo Rey. Si la restauración permite volver al orden y al progreso sea pues bienvenida y que Libia pronto baile y cante feliz, pues sus días negros puede que estén por terminar definitivamente.

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