La gente guapa

La gente guapa

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      Las personas de éxito, los famosos, actores de cine, cantantes o presentadores/as de TV, te parecen gente guapa porque los ves frecuentemente, y en tu mente se forma una especie de velo transparente que obvia sus defectos, puesto que te influye ese deseo de parecerte a ellos, simplemente porque son famosos y les rinde pleitesía o una honda empatía. Por eso cuando ves al ganador/a de un premio, de lo que sea, por primera vez, le sacas todos sus defectos y no te agrada a la vista, luego, conforme pasa el tiempo, inconscientemente, te dices: «si es famoso y ha llegado tan alto tendrá sus méritos» y los ves mejor. A esto se llama: asociación por simpatía.

    En esta sociedad, hedonista y ególatra, los jóvenes se juntan con los jóvenes, los viejos o edad de oro, con los viejos, las mujeres guapas y elegantes con las mujeres guapas, y el resto en el rincón de los ignorados, como plebe de este mundo que está lleno de perdedores. Porque el mundo está lleno de tontos. Pero en el fondo deseamos pertenecer a esos grupos distinguidos, a ese club Náutico, o de la Casa Campo, o del Club elitista del Golf, sin reconocer que la sociedad solamente quiere con sus iguales.

    Nosotros, los otros, los indiferentes, nos hemos de conformar con imitarlos torpemente, quizás en nuestro deseo innato de ser importantes y admirados. En el mes de octubre de 2016 dieron el Premio Planeta de novela —el segundo premio literario mejor dotado del mundo, después del prestigioso galardón de la Academia Sueca—, a Dolores Redondo y el finalista, a Marcos Chicot, en Barcelona adonde, por circunstancias políticas, acudieron los Reyes de España y medio Madrid, para de alguna manera quitarle protagonismo al presidente independentista de la Generalitat de Cataluña, que pensaba llevarse todos los flashes. Por no hablar de los Goya del cine español que tanto glamour despierta con la alfombra roja, sus extravagantes vestidos, trajes de noche y muchas cámaras de alta definición.

     Bien, pero yo quiero encauzar este apartado sobre la envidia que me dan estos novelistas premiados, tan alta y monárquicamente arropados con ruidos blancos y fondos azules de coronas, forzadas sonrisas y muchos flash de fotógrafos y aficionados. Me aparecen dos ganadores (Dolores y Marcos) de lo más normales, conforme los vas mirando te aparecen bellísimos, de lo más apolíneos y sílfides ninfas olímpicas, hijas de Zeus. Porque lo que nos ha pasado es que hemos asociado su imagen a sus éxitos, no ya por la cuestión económica, que lo es, sino por “el glamour” en que se desarrolla la escena del Rey Felipe VI, y de la Reina Letizia entregando un premio, de Planeta, de novela. ¡Qué poder tiene el presidente del Grupo Planeta!,José Creuheras Margenat –barita mágica de escritores—,  posee el que tienen las circunstancias políticas del momento catalán independentista y su deriva hacia un Brexit catalán a todas luces desastroso, inconstitucional y delictivo.

     ¿Y qué nos queda a nosotros, los novelistas de Amazon? Nos queda imitarles, retomar con ganas ese original que lleva en la memoria del ordenador no se sabe ya los años, y llevado por un deseo de parecer e imitar a la gente guapa de las fotos, a ser como ellos, novelistas famosos recibiendo el Planeta de manos de los reyes, nos ponemos a trabajar, en otros casos pesimistas, los borramos.

      ¿Qué ha pasado para que yo me sienta estimulado a romperme los sesos para continuar con mi novela negra La mujer del Amadorio? Pues ha pasado, que he recibido un chute de estímulo ajeno y simpático. Y así son las reacciones humanas, bolas cristalinas, fantasía, actuamos por influencias, estímulos o llanamente, porque somos seres sociales influenciables e imitadores como los simios y algo tontos por no decir ingenuos. Y el camino es el de montarnos al vaivén y a la alegría de ellos, de «la gente guapa», como si formáramos parte de ese sueño que no es el nuestro y los sueños, sueños son, como dijera Calderón de la Barca. Porque los modelos son nuestros referentes en todo los órdenes de la vida, ya puede ser tratando de parecernos a un médico cardiólogo, a un ingeniero, a un arquitecto de Dubái, o a un Premio Nobel de Literatura.

     «La gente guapa» son los modelos  que nos incitan, los famosos que nos estimulan y nos empujan irremediablemente a trabajar en esfuerzos ímprobos. Aunque por dentro tengan grandísimos problemas de pareja o familiares. Es lo que he comentado en otros apartados sobre el poder de nuestra mente, y de nuestro pensamiento positivo, que se resume en el esfuerzo que hay que hacer para salir del anonimato o caos del olvido, en que vivimos el 99 % de la población mundial.Un libro para conocer la conducta animal del hombre es el de Desmond Morris (zoólogo y etólogo británico) titulado “El mono desnudo”, The Naked Ape, publicado en 1967, es una realista y objetiva mirada a la especie humana. Donde se desvela que nuestros sentimientos siguen inalterables a través de los siglos, son semejantes al comportamiento de los grandes primates: jerarquía, celos, envidia, maldad, rencor. Todo es relativo en el mundo natural, para un mono su ideal de belleza es una mona, no una mujer, que a mí me puede parecer ideal.

     Pero he recordar un refrán que dice: “El diablo es más sabio por ser viejo que por ser diablo». Esto me lleva a pensar que no nos deslumbremos por los focos, porque detrás de la tramoya hay mucho engaño, mucho fraude y mucho timo del tocomocho. La gente guapa tiene una fachada y un glamour, pero por dentro son de carne y hueso como los demás mortales. Por ello, nosotros debemos ser nosotros mismos sin renunciar a nada.