La tarde
clavó su puñal
en la herida roja del sol.
El cielo está pintado:
alguien pensó en él
antes que lo perciba.
El silencio se trepa
en madreselvas de estío
y en la rosa tardía
los pétalos tiemblan
fugaces paraísos
en la huidiza memoria
que a mi pesar perdura.
Una música lejana
se adueña de la casa
con notas que escaparon
de un alma, quizás atormentada
en tibios brazos de olvido.
Te miro, tarde
y te persigo:
ya no estás conmigo.

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