Siempre acertamos cuando releemos un viejo libro, o conversamos con un amigo de toda la vida y es verdad, así nunca fallamos.

Leí unas páginas, de esas que casi nos han visto crecer y mis pensamientos lo agradecieron, pues me han motivado a intentar mejorar mis actos.

Me sirvió de inspiración, y compruebo que es muy importante cuidar los pequeños detalles, y vivirlos con gozo e ilusión. 

Esas aparentes insignificancias, no premeditadas, son un tesoro, que iremos desgranando, ya que, en cualquier momento dado, nos serán de gran utilidad.

Todo lo que he percibido en esta tranquila lectura ha conseguido, paradójicamente, que desemboque en una euforia por lo pequeño, en este tiempo pandémico y transmitirlo a los demás.

Por la experiencia histórica, deducimos que este malestar terminará y con esta esperanza enumeraremos una serie de cosas, casi triviales que podemos aprovechar, casi para sacar agua de donde no la hay.

Coincidiré muchas veces con ustedes, y seguro que tendrán a flor de piel aquello que a mí no se me ha ocurrido o he olvidado.

Una letanía o salmodia de pequeños y rutinarios actos, espero, nos hará comprobar cuántos modos en apariencia anodinos son muy importantes, deseando por ello que este artículo fuese interactivo, si así lo desean, piensen a mi lado:

Sonreír a una niña, y recibir su aprobación con otra sonrisa de ella, dar las gracias con amabilidad y cortesía, cantar una nana a un bebé y comprobar cómo paulatinamente va cerrando sus ojitos, sorprender a un ser querido con ese menú que tanto le gusta y no esperaba, rezar una plegaría, cerrar la puerta con suavidad…

  Todo esto no son reglas de urbanidad, todos estos pequeños y breves deseos, si los realizamos con amor, estaremos conectados con los idealistas que piensan que el motor que mueve al mundo con dignidad, es eso, el amor, o debiera serlo.

Esta es la grandeza de la vida, caminar junto a los que prefieren lo cotidiano, alejando ambiciones malsanas, que nunca sacian.

Así, a pequeña escala, si obramos por ese motivo, nuestro existir se convierte en dicha, pues este es un ideal noble, para nuestra vida, preferir lo que no tiene precio.

Seguimos ensartando, digamos, estas aparentes insignificancias.

Regalar, no un ramo de flores, sino simplemente una flor, comprar aquel libro, que sabemos tanto deseaba, reservar unas entradas en el teatro, en el género escénico de su preferencia, todo, claro, para donarlo a personas muy cercanas a nosotros.

Nada hay pequeño cuando se ofrece y se recibe, sin pedir nada a cambio, por eso son actos sublimes,  por ser todo a fondo perdido y sin esperar recompensa  alguna.

Mostrar un rostro sereno y que aflore a nuestros labios esa sonrisa interior, dispuesta siempre a ver la luz.

Deseamos que nuestras palabras y gestos alcancen su fruto, por ello es mejor acercarse a la línea roja de la adulación, antes que mostrar una faz discordante y avinagrada, pues más se logra con la miel que con la hiel.

A veces, nuestro ánimo no está para “tirar cohetes” y me viene a la mente un pensamiento, que no sé dónde leí o quién me lo comunicó y es: “Llevar una espina en el corazón y hablar de otra cosa, eso es de héroes.”

Nada menos que se nos cataloga de “Superman” cuando callamos nuestras quejas y pesares, para alentar al que sufre o está simplemente mortecino.

Categóricos, los pequeños detalles, no hay que desvalorizarlos, ellos tienen sentido, pero que muy alto, eficaz y alegre.

Volvamos atrás y sigamos juntos con esta eficaz y ardua tarea, no sin antes rememorar que debemos esforzarnos en  adivinar los deseos de personas importantes para nosotros, dejándonos llevar por nuestros nobles deseos complaceremos nuestro entorno ¿cómo? fácil, muy fácil,  igual que gota a gota, el vaso puede estar a rebosar y que “Poco a poco, hila la vieja el copo” nosotros con paciencia, a no hacernos los dueños de la tele, a compartir el mando, a ver ese programa que no nos agrada mucho pero a los demás sí. 

Con estos hechos delicados y pequeñines formamos en el hogar o en la pandilla verdaderas clases de tolerancia, basadas en lo que pasa desapercibido.

Vamos a reseñar algo muy íntimo y reconfortante, que es recostar la cabeza en el hombro amado, hecho que no hemos de dejar pasar, pues nos aporta seguridad y ternura y sólo hace falta estar cansados y tener ese don de apoyar nuestra cabeza.

Todo un requiebro de amor de estar por casa.

Y seguimos:

¡Pero qué bien te sienta ese vestido!

¡Qué corbata tan elegante!

Siendo espontáneos en estas galanterías, vemos que la sencillez y el cariño de vivir en positivo, nos abre puertas y derriba silencios.

Si este estilo de vida se afianza, se consigue un aumento de endorfinas que, al estar nuestro cerebro saturado de ellas, nos las derrama por todo el cuerpo convertidas en plácido sosiego.

¿Y qué ocurre cuando aparece  el infortunio? Pues lo que se hace en tiempos normales, lo mismo. 

Ahora, con este maldito Covid, pues sigamos dialogando más, saboreemos con tranquilidad ese vaso de café con leche, comentemos el argumento de una película, y seleccionemos con el “televisor a la carta” nuestras partituras musicales favoritas, que entre otras pudieran ser:

“La Rapsodia Húngara número 2” de Liszt, “La Traviata” de Verdi, “El Canto de la Alegría” de Beethoven, cualquier ópera de Mozart o Wagner; si nuestras preferencias van por otro lado, tal vez escuchar a Elvis Presley, a Freddie Mercury, José Luis Perales, Joaquín Sabina, Julio Iglesias, Mocedades, Paloma San Basilio, etc…

Vamos a Andalucía, y cualquier palo flamenco puede deleitaros por  soleares, alegrías, tarantas, saetas, las joticas de Navarra y Aragón, las muñeiras gallegas, nuestra “Asturias patria querida…”, los  fandangos manchegos, “Valencia es la tierra de las flores del amor y…”  “En la huerta del Segura cuando ríe una murciana…”, los boleros de Baleares, los cantos a la Virgen de la Candelaria en Canarias y “Ya se van los pastores en la Extremadura…”, naturalmente en tierra extremeñas, las elegantes sardanas catalanas, “La puntita y el tacón que se baila en Tarancón…” en tierras toledanas, “Desde Santurce a Bilbao, vengo por toda la …”  en tierras cántabras, los chotis de Madrid, los romances de Castilla León, “Caminaba el Conde Olinos mañanitas de San Juan…” en el País Vasco el aurresku

Dejo para lo último La Rioja, sacando a colación aquel disco de canto gregoriano que grabaron lo monjes del Monasterio de Silos con un éxito apoteósico, como bien saben ustedes y les ofrecieron un contrato muy substancioso.

Azares de la vida, por aquel entonces mi esposo y yo visitamos dicha comunidad y llegamos hasta Silos, era por la tarde, entramos al monasterio a orar un momento y se ve que era la hora de Vísperas, ya que súbitamente, nos pareció estar en la gloria, los monjes comenzaron a cantar y los escuchamos con recogimiento y regocijo, fue un momento que no he podido olvidar, lo considero un verdadero reglo de Dios.

Todo lo descrito no podemos decir que son pequeñas cosas, pero si nos fijamos y desmenuzamos, tendremos que decir: sí, es verdad, las óperas con sus partituras, todo eso no es nada trivial. Los monjes son gente humilde, que no buscan boato ni fama, entonces resurge de su anonimato, de su vocación, lo grandioso de lo pequeño, y los hermosos romances muchos eran transmitidos por trovadores, que eran gentes sencillas.

Lo descrito de la ópera y cantantes no tiene nada de pequeño  y he pensado ¿lo quito? ¿lo dejo?

¿Cómo puedo encajar todo esto en este artículo? Y como deseo dejarlo tal cual, me agarro a una solución que tal vez sea válida.

Todos los cantos de los grandes maestros clásicos, románticos etc…,  junto a los cantantes de óperas y canciones de todo tipo son grandiosas, sí, no tienen nada de pequeñas, pero es grandeza cantada y bailada por pueblo llano y en tiempos actuales se han llenado los conciertos de famosos grupos por gente de a pie, pues invierto y pongo primero lo grandioso para desembocar en gente normal, lo sencillo y corriente que se disfruta hasta en casa escuchando discos sin haber asistido a algún evento artístico.

Además, buceando en todos o en algunos artistas, fueron humildes ciudadanos, han ido de lo pequeño a lo importante.

Tal vez algo tramposilla he sido, pero he salido airosa ¿no?

Y es en la pequeñez de nuestro hogar, viviendo el día a día, es cuando nos sorprenden todo lo que deriva de los pequeños detalles.

Y tras todas estas apreciaciones, no puede faltar el plan divino de Jesús de no dejarnos solos.

Eligió lo más corriente en comida y bebida y aquel jueves, antes de su pasión, nos prometió quedarse con nosotros para siempre, puede ser que estas líneas que van en grado sumo de lo pequeño a lo grandioso, los de distintos pensamientos, como nuestras relaciones, están basadas en la tolerancia y el respeto, lo leerán así, seguro. 

Una Hostia consagrada es grandiosa, aunque su tamaño sea pequeño.

Este hecho de la transubstanciación abrumó sobremanera a Gilbert Keith Chesterton el día de su primera comunión.

Ya, finalizando, comparto con ustedes unos hechos, que he protagonizado y otros que he recibido.

Enseñé un baile algo gitano a una prima mía en la infancia, le llevó once años, ella cuando lo aprendió tenía seis añitos, fueron encantadores aquellos momentos.

Nos divertíamos contando cuentos, saltando a la comba, al juego popular del escondite, etc… y en casa cuando los huevos eclosionaban, a los polluelos les dábamos miguitas de pan esponjadas en vino, (mi abuela me decía que era para darles fuerzas), hecho que no entendía pues quien bebía mucho vino las perdía. Ya es el momento de finalizar este extraño artículo, que más bien parece una íntima y sencilla confesión a un amigo/a de mis impresiones y mi modo de pensar, que lo sencillo, lo humilde, lo intranscendente, y lo cotidiano, conlleva en sí una grandeza encomiable, ya que son pequeños motores que generan paz ternura, bienestar y sosiego.

¡Hay quien dé más señores!

Pues con el deseo de que los pequeños detalles sigan estando presentes en nuestra vida, y más en esta pandemia, que todavía no vislumbramos su fin, valga la redundancia, doy fin, a todo lo expuesto y resalto que los conceptos los expresamos con palabras.

La palabra es más chica, el concepto más….

Que la grandeza de lo pequeño nos siga cautivando.

*Imagen ©Wikipedia

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