Nos hemos instalado en un tiempo de luto subterráneo que ante cual síntoma de tos nos parece que tenemos en la garganta una gamba venenosa por no decir un alacrán arbolado de cuidado, con virus venenoso tan fiero que ya no escuchamos ni el sonido de las campanas. Mirar las nubes que, este final de marzo, nos invaden me dan vértigo. Nuestra mente es el mayor de los dones que tenemos, porque el poder de la mente es desmesuradamente poderoso; pero a veces, muchas veces, nos juega malas pasadas cuando pensamos en un temor, quizás una angustia: temor a un peligro que no es real pero posible. Por lo tanto, cuando tienes entre manos un proyecto extraordinario, tú ves el mundo de otra manera, y surge de tu cuerpo un poder que supera todas tus dolencias, son proyecto en el que trabajas con ilusión. Recuerdo que el año 2018 se me pasó volando, viajando por la Marina Alta (Alicante) y trabajando en el libro del prosista Gabriel Miró, Años y leguas, su obra maestra. Estaba yo tan ensimismado, más que metido, en el trabajo de relectura, comentarios e ilustraciones que ese año se pasó en un ¡tris-tras!; en cambio este año bisiesto de 2020 se me está haciendo cuesta arriaba, como un submarino nuclear que quiere emerger y no puede.  

      El hombre puede tener una fuerza de voluntad increíble. Se han dado casos de ira, en que un hombre ha levantado un coche, o que ha roto la luna de un coche a puñetazos sin inmutarse. Estos son unos ejemplos en que cuando la adrenalina sube en exceso te puedes convertir en un momento en un superhombre.

      La formación militar está encaminada a formar superhombres con disciplina y entrenar el poder de la mente que te hace desafiar los miedos que una persona normal no puede hacer. Porque el valor se tiene cuando te entrenas en superar los miedos. Cuando tienes que cumplir con un proyecto importante, todos tus sentidos se dirigen hacia el objetivo, y a tu cuerpo ya no le duele nada, o no piensas en ese dolor crónico, en esa rodilla que duele al menor esfuerzo.

      A mí se me han dado casos en que un día determinado tenía que hacer una exposición de pintura y estaba fastidiado por la mañana, pero conforme llegaba la tarde, momentos en que tenía que salir a la calle y coger el coche, ya no me dolía nada, estaba como auto-anestesiado. Otras veces te dan una mala noticia y te haces 500 kilómetros en coche en solitario para ver a ese familiar, como el héroe más valeroso del mundo, porque esa obligación hace de analgésico para que cumplas. Nos podemos convertir en un Capitán Trueno. ¿Recordáis las aventuras de este héroe de los Tebeos?  El cumplimiento del deber que sale de dentro sin saber de dónde procede, porque es la fuerza de un río interminable. Esto se produce porque has obligado a la mente, durante muchos años, a superar temores y ansiedades, es decir, que la tienes entrenada, en caso contrario te aparecerá el «pánico inmovilizante», dejando a otros que resuelvan tus problemas o desaguisados.

    Por lo general, años atrás casi todos los días me dolía la rodilla derecha por culpa de las dos prótesis de titanio que me habían puesto, y no estaban bien. Pero yo le digo a mi mente y a mi pensamiento que por culpa de una rodilla -cuando el resto del cuerpo lo tengo bien- no me puede amargar los días. Este mal es problema de la rodilla, no mío, ¿me comprende la idea? Esto es fácil decirlo, para auto engañarme, sin embargo me funcionó. Lo mismo sucede en estos tiempos del virus que se ha coronado él solo como un malvado invisible, que no hemos de tenerle miedo, sino precaución.  Cuando no te duele nada, ya no recuerdas que antes te dolía, a pesar de que el dolor deja recuerdos.

     A nadie le importan los males de otros, lo que yo padezca o no, así es la vida emocional de los seres vivos. No me  consuela ver que otros están peores que yo. Puede ser alivio de tonto, pero es la realidad. Tu fuerza de voluntad es superar las dificultades. Yo lo que he conseguido es adaptarme a mis circunstancias, no enfadarme conmigo mismo, la regla es aceptar y adaptarse. Cuando practicaba El Ho’oponoponoquees un arte hawaiano muy antiguo de resolución de problemas, uno de los sistemas es no enfadarte por los problemas, sino pedir perdón, es decir, no enfadar al espíritu del yo porque se puede revelar contra uno mismo. Entendiendo que el cuerpo se divide en dos: cuerpo y metafísica de la mente.

     Además de dominar la mente también están los analgésicos y antiinflamatorios, que, tomados bajo prescripción facultativa, calman ciertas dolencias sintomáticas. Los jugadores de fútbol se mentalizan a creer que el cansancio es mental más que físico y aguantan los dolores mejor que nadie. Entrenan duro con unos sobre esfuerzos más a allá de lo razonablemente soportable, para poder jugar 90 o más minutos sin parar de correr y dar patadas a un balón que pesa entre 410 a 450 gramos, pero si se cansan mentalmente se vienen abajo, sobre todo si van perdiendo, y cuantos más goles les meten, más débiles mentalmente se vuelven, y en lugar de perder por un gol perderán por 1 a 7 cómo el pasó al Brasil ante Alemania en el mundial de Brasil de 2014. 

     Por ello, procuro superar las dolencias. Y es que una de tus zonas de éxito consiste en saber superar molestias y dolores, con dominio de la mente y con mucha fuerza de voluntad y entrenamiento. Porque nada de lo que te pase es terrible, nada en la vida es terrible. Ni nosotros nos lo hemos de tomar a la tremenda por mucho que nos agobien las penas y las circunstancias de este confinamiento. Sientes lo que piensas, por ello el pensamiento debemos de cambiarlo a positivo, pues de lo contrario nos vencerá la sinrazón del tiempo.

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