Mangos y miseria en el Caney

Entre los españoles que en tiempos recientes han hecho turismo en Cuba es probable que a algunos les suene el nombre del Caney como perteneciente a uno de los mejores rones cubanos, por precio y calidad, que aún hoy, pese a la raquítica y menguante producción de azúcar de la isla, se pueden degustar allí; pero el nombre también trae recuerdos de viejas gestas militares españolas.

En el Caney, un villorrio a las afueras de Santiago de Cuba, el 1 de julio de 1898, el general Vara de Rey, con los hombres a sus órdenes, dio una lección de pundonor y heroísmo ante la abrumadora superioridad de los norteamericanos, en hombres, 500 contra 7000, y medios, ametralladoras y artillería contra simples fusiles máuser. Las dos horas de resistencia que los yanquis habían calculado se convirtieron en doce cuando la munición de los españoles se agotó. Allí cayeron Vara de Rey y muchos de sus hombres y el Caney se convirtió en sinónimo de gesta militar durante varias generaciones.

Algo después, casi al mismo tiempo que el gallego padre de los Castro se afincaba por aquellas tierras, un español llegó al Caney procedente de la República Dominicana y trajo consigo unas semillas de una variedad de mango que plantó en el jardín de su casa con el resultado de que en breve tiempo los plantones dieron fruto. Era el que hoy se conoce como mango bizcochuelo, un prodigio de sabor y dulzura que en el oriente cubano, donde su plantación se extendió rápidamente, se puede encontrar por todas partes, tanto en jardines como en plantaciones, aunque la profunda ineficiencia del sistema de economía centralizada del partido comunista cubano es incapaz de colocarlo en los miserables mercados habaneros.

Estos días toda Cuba está de fiesta, es tiempo de mangos y, al menos por unos días podrán llevarse algo a la boca y engañar al hambre, porque en Cuba, en estos tiempos en que todo el mundo solo parece prestar atención a lo relacionado con el covid, la miseria reinante poco tiene que envidiar a los tiempos del “periodo especial”. Hoy también faltan medicinas y proteínas, hoy de nuevo la represión del régimen alcanza cotas máximas, hoy otra vez el bloqueo y el supuesto asedio yanqui sirve como excusa para mantener a la población en estado de sitio. Demasiado quizás.

De nuevo este verano y pese la pandemia algunos españoles viajarán de turismo a la isla y, encapsulados dentro de la burbuja de los complejos turísticos, regresarán a casa sin percatarse del estado de ruina física del país y postración moral y humana de sus habitantes. Tal vez el ron Caney se lo haga, a unos y otros, más llevadero.     

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