Mensaje recibido (de Marruecos)

Llevamos tres días en un sinvivir; algunos ya ven nuestras ciudades africanas ocupadas por el moro Muza y, como es lógico por otra parte, los medios de comunicación encuentran un agosto inesperado en la nueva crisis migratoria, aunque tampoco creo que el adjetivo migratorio sea el más adecuado teniendo en cuenta que todo se ha gestado desde el palacio de gobierno rabatí. Quizás sería más simple y ajustado hablar de crisis política, pura y simplemente política.

Las relaciones internacionales se rigen, especialmente entre vecinos, por el principio realista que señala que las debilidades del otro hay que aprovecharlas y eso es lo que siempre ha hecho Marruecos con nosotros. Lo hizo en el conflicto de Ifni, lo hizo también en el Sahara y lo viene haciendo desde entonces en todas las oportunidades que se le presentan. La mejor de las ocasiones viene, por supuesto, de la mano de un gobierno débil, lo era el de un Franco moribundo que entregó de mala manera la soberanía del Sahara; no lo era el de Aznar cuando el conflicto de Perejil –un error de cálculo de un joven rey Mohamed- ; y lo es, débil, nuestro actual gobierno, que además olvida el principio de realismo en sus relaciones con los alauitas.

Las tensiones internas en el gobierno, entre PSOE y UP, complican terriblemente el asunto Polisario; la llegada del líder de éstos últimos al hospital de Logroño es probable que nunca sea explicada, aunque ahí tengamos una de las claves de esta última crisis que, creo, ya está empezando a desinflarse. España, y también Europa, han recibido el mensaje, y es posible que el doctor Sánchez, visto su viaje y declaraciones en Ceuta y Melilla, haya recibido una ducha de realidad que le sirva para lo que queda de legislatura.

El Rif, el norte de Marruecos, nunca ha querido a la monarquía marroquí, y ésta mantiene a la región en un estado de permanente postración con el que juega la carta de la represión cuando se produce un estallido, como en 2018, o con la espita de la emigración repentina como la de estos días, que recuerda el juego de los Castro en Cuba con los suyos. Marruecos avanza sin pausa en la mejora de su población, salvo en el norte, y así seguirá siendo porque le conviene a Mohamed, que es, si cabe, más taimado que su padre Hassan.

Pasado el susto volverán a Marruecos la mayoría de los recién llegados, como también ocurrirá con los que aún permanecen en Canarias tras el aviso de hace unos meses, y que ni nuestros políticos en Madrid ni nuestro CNI en el territorio supieron leer y calibrar, pero la vulnerabilidad seguirá estando ahí, para nosotros y para la Unión Europea también; y más pronto que tarde lo que vendrá será una avalancha pues al sur del Sahara la presión es enorme y creciente; y ya no será el problema marroquí, ni tampoco el de España.   

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