Metanoia
Foto: © José Manuel Peréz Tornero

Metanoia

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Es cierto que en España se han multiplicado los casos de corrupción en el ámbito político (Eres, Gurtell, Púnica, beca Errejon, Bárcenas…), pero no nos engañemos queriendo hacer creer que esa es la tónica general porque no es así, son unos casos aislados que, por supuesto hay que apartar de la política y juzgar, pero no por unos (siempre demasiados) vamos a desprestigiar a toda la clase política.

María San Gil, el 28 de abril de 2015, en su conferencia titulada “Consecuencias y manifestaciones de la crisis en España, “dirá: “Seamos claros, la corrupción no se da solo en la vida política, se da en la empresa, en el fútbol, en la Iglesia, en los jueces, se da en todos los ámbitos en los que hay personas, incluso en nuestras propias casas cuando no pagamos el IVA en la factura del fontanero, por poner un ejemplo”

Y una vez más tenemos que hablar de nuestra enfermedad.  Son muchísimos los intelectuales que afirman la brutal expansión de la corriente relativista, que tiene como objetivo destruir todos los valores que encarnan la cultura cristiana, la familia, el derecho a la vida, el concepto de compromiso y obligación, la idea de nación, las instituciones políticas, es decir, todo aquello que nos ha hecho ser lo que somos a lo largo de los siglos. Tenemos que desmontar la mentira del relativismo. Es muy sencillo:  “ Todo es relativo”, y con un sofisma irracional, digo que todo, menos lo que yo digo, la afirmación es una verdad absoluta.

Vivimos en la cultura del mínimo esfuerzo, del individualismo, del “sálvese quien pueda”, de hacer lo que yo quiero y como quiero, solo queremos derechos sin obligaciones ni responsabilidades.  Nuestra actitud como sociedad y como personas es la perfecta para que el relativismo campe a sus anchas.

María San Gil dirá: “Pero deberemos ser conscientes de que semejante actitud no es gratuita, termina pasando factura y tiene consecuencias. No es lo mismo una sociedad que se esfuerza, que vive preocupada del prójimo, que se guía por determinados principios morales, que otra que se sumerge en el relativismo y que sólo sabe quejarse de la crisis, pero sin poner solución”.

La naturaleza no deja violar. Existe la ley de la gravedad y la respeto, pues si me tiro por la ventana de un séptimo piso lo más probable es que me muera.

 Y hoy, con la pandemia, nosotros somos una sociedad “selva” que ha disfrutado, ha bailado y la llegada de esta severa crisis que se avecina le ha pillado sin provisiones y sin capacidad para hacerle frente. Y estamos en el crudo invierno, sin brújula moral y desnortados.

¿Y cuáles son las consecuencias de la corriente relativista? María Sangil dice que vale la pena pensar un poco y responder a esta cuestión.

¿Qué está pasando en el ámbito económico? Responde María: “Durante mucho tiempo lo que le preocupaba al Gobierno, a los medios de comunicación y a los ciudadanos, era la prima de riesgo. La mayoría de españoles tienen dos coches, una segunda residencia y viajan a países exóticos. Nos hemos olvidado del ahorro y de la austeridad.  Muchos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, creyendo que la prosperidad es infinita en tiempo y cantidad y nos hemos puesto a derrochar a manos llenas ¿Es cierto?”.

Decía también: “estoy segura de que saldremos de la crisis económica, pero de lo que no estoy segura es que dejemos de ser cigarras para convertirnos en hormigas”.

En esta cultura relativista el enemigo es la Familia. Por eso es atacada por todos los flancos, para empezar nos proponen otras versiones , otros tipos de familia.

El 21 de noviembre de 2014, Juan Meseguer publicaba en ACEPRENSA un artículo titulado “Hombre y mujer: tan distintos, tan complementarios” que comenzaba así: “La familia fundada en el matrimonio es el ambiente idóneo para descubrir lo masculino y lo femenino, dos modos de ser que expresan la riqueza de lo humano. Así lo defendieron representantes de 14 confesiones religiosas en un congreso celebrado en el Vaticano del 17 al 19 de noviembre.”

Hacía referencia a un congreso muy interesante, del que muy pocos tuvieron conocimiento, y que me gustaría comentar, pues creo es un tema que en estos momentos conviene hablar de él.

Refiriéndose al título del congreso, el Papa recalcó que la “complementariedad está en la base del matrimonio y de la familia, que es la primera escuela donde aprendemos a apreciar nuestros dones y aquellos de los demás, y donde comenzamos a aprender el arte del vivir juntos. (…) Cada hombre y cada mujer aportan su propia contribución personal al matrimonio y a la educación de los hijos”.

Pero hoy la idea de la complementariedad se ve amenazada por planteamientos ideológicos que cuestionan la naturaleza del ser humano como hombre y mujer. Frente a eso, el Papa pidió promover una “ecología humana” que respete el orden de la creación.

Rafael Navarro-Valls, catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense, advirtió hace años sobre el proceso de erosión que estaba sufriendo el modelo matrimonial de Occidente: “Después de vaciada la nota de estabilidad a través del llamado “divorcio exprés”, debilitada la finalidad procreativa del matrimonio por la denominada “medicalización de la sexualidad” vía píldora, o alterada la nota de “formalidad” a través de la desformalización formalizadora en que se han instalado las uniones de hecho, …

Seamos el eco de lo que pidió el Papa en dicho congreso: “promover una ecología humana” que respete el orden de la creación.

Respecto al matrimonio en evangelio (Mateo 19, 2-15), dice Cristo: “¿No habéis oído que al principio el creador los hizo hombre y mujer?; y que dijo: ¿Por eso dejará…?

Le dicen los discípulos: Si esa es la condición del hombre con respecto a su mujer, no trae cuenta casarse… San Juan Pablo II comentando la respuesta de los discípulos dirá: …hablamos de un hombre redimido…. Y a San Pablo cuando descubre la debilidad humana, le responde Jesús: …te basta mi gracia…

La vida moral encierra no pocas dificultades. El hombre y la mujer, con sus propias fuerzas, no pueden llevar a cabo las obras que agradan a Dios y que son propias de su dignidad humana y cristiana.

Sobre el tema del aborto ¿qué dice de nosotros como sociedad y como país el hecho de que podamos llegar a considerar que el aborto es un derecho?  Ya lo dijo Julián Marías: “La aceptación del aborto es lo más grave que ha ocurrido, sin excepción, en el siglo XX”. Y no vale el argumento de si tu lo consideras un asesinato no abortes, pero no impidas que yo lo haga. El mismo argumento que se utilizó en EEUU cuando el derecho a tener esclavos era legal. Hasta que se penalizó.

¿Y en el ámbito político? Pues lo estamos viendo. No somos capaces de plantarles cara con determinación a los nacionalismos.

Podríamos continuar, pero he comprobado que un articulo largo, en los tiempos actuales, pocos lo leen. Quizá tienen razón, pues ya dice el refrán que  “lo bueno y breve, cien veces bueno.”