Mi hogar fue monárquico

Mi hogar fue monárquico

Me atrevo a dar cuerpo a este artículo sobre la Monarquía, más partiendo de mi alma que de lo que pudiera saber o investigar sobre la misma.

Hay hechos que se posan sobre nosotros de un modo denso, formando un sedimento similar a los cimientos de un edificio, así llegué a ver que, sin apenas darme cuenta, me vi envuelta en esta forma de gobierno.

Una transmisión sencilla de mis padres, que fui aprendiendo en el entorno familiar, hecho lógico en cualquier hogar. Se nos queda más que lo que dicen, cómo lo viven.

Ya saben, mis padres eran monárquicos y tuve la suerte de vivir en casa, en tiempos de la post-guerra, esas tertulias de familiares y vecinos, donde muchas veces salía a colación la Monarquía.

Luego, en mis años como bachiller, tras aprender los acontecimientos históricos de los reyes, me dio por recopilar el parentesco de los monarcas del viejo continente, que consiguió involucrarme más.

Me llevaban mucho al teatro y en algunas zarzuelas el libreto aludía a anécdotas, más bien sugerencias, de tipo cómico picaresco, como una que luego se comentaba y que yo, debido a mi corta edad, no comprendía, los veía reír “qué honra para la familia, nuestra hija se ha ido con el rey”. Así, sutilmente, fue creciendo en mí esa semilla, como una segunda piel, sin pensar para nada si era mejor o peor que otra forma de gobierno.

Asimilé, estudiando Literatura, aquellos versos de Calderón: “Al Rey la hacienda y la vida se han de dar, pero el honor es patrimonio del alma y el alma solo es de Dios”. Sí, pensé: “Por encima de todo está el Creador”… Y así, con mis lecturas sobre el rey David, el rey Salomón, etc., se forjó mi simpatía por la monarquía.

Vivimos tiempos donde se ataca bastante a esta, yo creo que es una opción que libremente puede uno elegir, pues, gracias a Dios, estamos en democracia y no hay que esconderse, por eso hace falta el diálogo, la empatía, algo de debate, pues discrepar no es sinónimo de enemistad.

El respeto tiene que ganar terreno, y donde reina existen grandes amistades con ideologías opuestas, y gracias a Dios que las hay.

Hoy, la Monarquía Parlamentaria opino que es beneficiosa para España, pues tiende puentes de concordia, posee una cabeza visible en la Jefatura del Estado, donde el rey vela y lucha por todos los ciudadanos, con la libertad que conlleva el no estar afiliado a algún partido político, son embajadores de nuestra idiosincrasia, ante cualquier litigio arbitran para cohesionar la ciudadanía, en la que se aglutinan esfuerzos, pensemos lo que pensemos. Cambiarán los presidentes, pero ellos, los reyes, son mi punto de referencia para que nuestro estado, para que España, se consolide y salga adelante, sobre todo ahora, con la inoportuna pandemia que tanto daño nos ha hecho y sigue plantando cara.

Y como Jefe de la Fuerzas Armadas, nos llena de tranquilidad el tener este Rey con una sólida formación, del todo variada, empapado teórica y prácticamente de lo que tiene que ser un Rey de rodos, monarca que nunca moverá una ficha en favor de la violencia. Sé que no he comentado nada nuevo, que son hechos verificables.

Sabemos que hay otros modos de gobierno, es normal, que hemos de respetar, pues se da en otras naciones. Pero existe una palabra-herramienta: respeto, que es la que hace que tanto las personas como los pueblos podamos entendernos.

Y nada más, sí decir que en este tiempo tan aciago del Covid-19, tan problemático, han conseguido emerger en la sociedad valores que estaban aletargados.

Tenemos a nuestros reyes, D. Felipe y Doña Leticia, Doña Leonor, Princesa de Asturias, y Doña Sofía, la Infanta, sufriendo y ayudando a nuestro lado. España está recibiendo su aliento con su cercanía y permítanme, aunque me salga del tema, mi gratitud, nuestra gratitud a nuestro personal sanitario, fuerzas del orden bomberos, etc., y tanta gente buena que formamos esta nación, pensemos lo que pensemos.

¡Viva España!