Al miedo a volar se llama aerofobia, que hoy día con las tecnologías aeronáuticas existentes es un temor infundado. Puede ser una fobia por sí misma, o puede ser una manifestación de una o más fobias. El pánico o ansiedad de no tener control de sí mismo. Puede tener otras causas. Es un síntoma en lugar de una enfermedad, y distintas causas pueden dar lugar a la aerofobia. Uno de cada tres pasajeros tiene miedo a volar. Con esas cifras algunas aerolíneas han lanzado cursos para controlar el miedo a volar, con el que ayudan a sus futuros viajeros. No todos los cursos son gratuitos. 

Yo estuve trabajando en el aeropuerto de Alicante más de diez años, y jamás vi un accidente de aterrizaje y pasaron cientos de miles de aviones. Al observar, día tras día, cómo miles de aviones aterrizan y despegan sin ningún problema me hace pensar que es un medio irreal porque es un transporte segurísimo, es como ir en un bus, lo que pasa es que las paradas las tienes en los aeropuertos, y no te puedes bajar en la siguiente parada. Lo importante es tener una lectura a mano y no ir pendientes de los baches del avión ni de los demás pasajeros o azafatas.

Si la aviación no fuera segura, los aviones hubieran sido prohibidos, por atentar contra la vida de las personas. Es tan seguro como el ferrocarril, también en ellos pueden existir accidentes, y los podemos ver y leer en los medios de comunicación. Mueren al año más personas en accidentes de tráfico que en aviones. Si la aviación no fuera un sistema de transporte seguro, el negocio no hubiera prosperado, y no se invertirían miles de millones en nuevos aeropuertos.  Aquellas personas que padecen aerofobia deberían tratarse la claustrofobia (miedo a espacios cerrados), o la acrofobia (miedo a espacios abiertos), o simplemente tomar algunos tranquilizantes antes de volar para rebajar la tensión.

El primer vuelo que hice de Alicante a Ibiza fue en un avión de hélices de dos motores, me sentaron en el centro, cerca de los motores, yo llegué a pensar que si se soltaba una hélice atravesaba el avión como el papel de fumar. Todos estos miedos me los había creado yo mismo, mi mente traidora, que podía pensar en todo tipo de catástrofes. Jamás al motor de hélices de un avión se le ha salido una hélice, y yo dale que dale a mi mente con lo de la hélice, lo que se piensa no tiene por qué suceder. Es como si quieres pensar que te puede tocar el Gordo de Navidad, por mucho que lo pienses o lo desees, no va a suceder.

No tener miedo a volar en avión es un gran pasaporte en un trabajo, es una de tus zonas de éxito que has de cuidar, porque una empresa te puede mandar en avión a cualquier ciudad del mundo. Y recuerda la aerofobia solo está en tu mente. Algunos accidentes aéreos suceden en líneas de países subdesarrollados, con aviones muy antiguos y sin apenas mantenimiento.

Existen cursos para perder el miedo a volar, ofrecido por algunas compañías aéreas. Entre las aerolíneas que ofrecen estos cursos se pueden mencionar British Airways y Virgin Atlantic. British Airways, por ejemplo, asegura haber ayudado a más de 45.000 pasajeros a superar su miedo a volar.

El sistema recomendado por los psicoterapeutas para superar cualquier tipo de fobias, es la de exponerte a ellas paulatinamente, hacen que tu mente comprenda que el temor ha desaparecido o que lo controlas. Si el  corazón se acelera solo, no le pasará nada, la taquicardia es como si hicieras una carrera.  Es recomendable empezar de joven a volar en avión, cuanto antes mejor. Será un vuelo placentero y querrás repetir. Diariamente millones de aviones surcan los aires en todo el mundo. 

Sin duda alguna el miedo a volar es una ansiedad  que se trata con ansiolíticos (recetados por un médico) es básicamente un mecanismo defensivo del organismo a lo desconocido o un sistema de alerta ante situaciones consideradas amenazantes para nuestra integridad. El peligro viene dado por la obstaculización de cualquier proyecto o deseo importante para nosotros, o bien por la degradación de estatus o logros ya conseguidos. El ser humano desea lo que no tiene, y quiere conservar lo que tiene. Es un mecanismo universal, se da en todas las personas, es normal, adaptativo, mejora el rendimiento y la capacidad de anticipación y respuesta de preparación, por ello entran ganas de orinar o síntomas de diarrea, para apartar el cuerpo a una eventualidad imprevista.

La función de la ansiedad es movilizar al organismo, mantenerlo alerta y dispuesto para intervenir frente a los riesgos y amenazas ciertas o mentales. También puede producir una sensación de dolor de pecho. La ansiedad, pues, nos empuja a huir, escapar, atacar, neutralizar, afrontar, según el caso y la naturaleza del riesgo o del peligro. Estas fobias, si no se tratan, pueden desembocar en una depresión. Y las fobias se superan exponiéndose a ellas como una forma de terapia conductual, que se  basa en la acción progresiva. Así, los terapeutas conductuales se centran en el uso de las mismas estrategias de aprendizaje que llevaron a la formación de conductas no deseadas, orientando la terapia hacia la adquisición de nuevos comportamientos.

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