La semana pasada escribí sobre fray Junípero y sigo dándole vueltas al tema, porque este santo español, no sólo dejó honda huella por su comportamiento ejemplar en todas las misiones que fundó en la Nueva España, en el siglo XVIII; es que el tema da mucho de sí. He llegado a pensar: “pues el que tenga oídos, que oiga lo que he dicho y que saque consecuencias…”, pero no tengo, por menos, que comentar algo de esto, porque me he hecho varias preguntas, por ejemplo:

Después de haber sido elegido para figurar en el podio de estatuas representativas de Estados Unidos, por los californianos, en el Capitolio, ¿serán capaces de derribarla y destruirla?

Pienso que sería una aberración. No se puede –mejor dicho, no se debería- borrar la historia de un plumazo.

Me pregunto ¿por qué, en 2018, se inició en California una persecución contra cualquier símbolo o imagen de fray Junípero? Y en San Francisco se derribó otra, por “decir” que el fraile tenía una actitud y mirada paternalista hacia el amerindio, lo cual era símbolo de racismo.

¿Cómo es posible que, en el mes de junio pasado, en Palma de Mallorca derribaran una escultura de este santo mallorquín, dedicada a su figura, con una pintada que decía “racista”? Precisamente, se caracterizó por todo lo contrario. Y es que una concejala de Podemos incitó a la población a hacerlo. A este partido político le fastidia que haya cristianos católicos.

Pues el denominador común de este odio, que compruebo, es, precisamente, político y antirreligioso. 

Estoy harta de ver que se aprueban nombres de calles y cuando entra otra formación política, de izquierdas, las quitan y se los cambian. Si han sido aprobadas en un pleno, se debería respetar la decisión tomada en años pasados, si no es así, se puede convertir en un “cuento de nunca acabar”. Precisamente, cuando, luego, entran las derechas, demuestran tener más tolerancia y no las cambian de nuevo.

¡Qué pena me da que hoy en día aún existan personas que no tienen valores, que no saben respetar y tolerar otras formas de pensar y de actuar!

¡Qué pena me da cuando veo que algunos políticos no aman a España, solo viven de ella, cuando no respetan la Constitución, ni a la Monarquía parlamentaria!

¡Qué pena me da cuando veo que algunas personas no son capaces de tolerar a los cristianos católicos, y en cambio se achantan ante otras religiones que no respetan los derechos humanos, con la excusa del respeto a su cultura!

Sin embargo, a ver si aprenden pronto, porque el cristianismo lleva 2020 años de vida y la monarquía aún más, y nadie la ha podido erradicar. Necesitamos urgentemente una conciencia ciudadana democrática, concretada en valores comunes que constituyen el sustrato en un contexto global.

¡Viva España plural! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Reina!    

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