Nuestra felicidad no puede depender del aplauso de los demás, sino de la razón y la lógica de haber hecho las cosas de acuerdo a nuestra conciencia, que podían haber salido bien o mal; pero esto es cuestión de matices y de puntos de vista, en la lectura de El Quijote de Cervantes, hallamos numerosos ejemplos del comportamiento hispano y de las reacciones humanas. 

El otro día vi en la televisión un programa sobre tatuajes, alguien tatuaba sobre la piel de unos voluntarios, insectos, como escorpiones o arañas, no me entraba en la cabeza que alguien quisiera llevar perpetuamente sobre su piel un insecto que muchas otras personas les tienen fobias. Yo no tengo fobia a ningún animal, pero jamás me tatuaría uno, como una forma de ir a la moda de los jóvenes actuales, imitando a las estrellas del fútbol o de las de la canción, simplemente para agradar a los demás o buscar necesidad de aprobación. ¿Acaso necesitamos la aprobación de los demás para ser apreciados? Esta actitud de dependencia demuestra una falta de personalidad propia. También son modas de adolescentes que no están formados.

La piel no es una superficie para pintar nada. La piel es el órgano más extenso de nuestro cuerpo. Yo llevo en el brazo una «J» que me hice en mi juventud a lo bestia con una aguja y tinta china, pero es lo único que tengo, y era joven. Antiguamente en mis años de juventud los tatuajes eran propios de legionarios y marineros, tipos rudos, y nunca lo llevaban las mujeres, pues se decía, entonces, que eran prostitutas marcadas.

Sea como sea, cada cual es libre de hacer con su piel lo que crea conveniente, siempre que no tenga que ir al hospital y nos cueste dinero de la mermada hucha de la Seguridad Social. Los rituales de la polinesia han pasado ya a la cultura occidental. Pero es su cultura ancestral con los tatuajes, incluso en la cara, donde indican su jerarquía dentro de la tribu, el origen de su familia.  Desde mi punto de vista un tatuaje occidental, no polinesio, no hace más bello a nadie. Depende del grupo de amigos donde te muevas que te repelan o no. 

Comentado lo de los tatuajes, por no hablar también del pirsin, la necesidad de aprobación en las personas se refleja en todos los ámbitos sociales y edades, pues estamos educados en el premio y en el castigo, por ello cuando hacemos algo bien queremos que nos lo recompensen y nos lo reconozcan, y, nos den la palmadita en la espalda, acompañada de una sonrisa.  Dicen los rusos que sonreír es poner cara de tontos, tampoco está bien reír en algunas culturas orientales, es difícil ver a un chino reírse, al menos en España. Por ello no nos parecen simpáticos, sino inexpresivos. Para ellos está prohibido reír y demostrar sus emociones. Pues ellos se lo pierden. No debemos de hacer las cosas por necesidad de aprobación sino por el convencimiento de nuestro deber como producto de nuestra madurez o profesionalidad. En algunos trabajos de cara al público, como el de azafatas o azafatos de algunas aerolíneas, buscan a gente sin tatuajes, y tienen derecho a ello dentro de la libertad de elección de personal. Por similitud, tampoco los quieren con pirsin en nariz, cejas y orejas.

Cuando eres joven se debería evitar los tatuajes, porque pueden perder opciones de un contrato laboral, por ejemplo, en los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, azafatas y otras empresas de relaciones públicas. También existe otro grupo de personas que incluso se someten a operaciones estéticas para parecerse a algún famoso, lo que evidencia es un trastorno psicológico de autoestima.

Bien, comentado lo que antecede, nosotros los latinos por carácter, necesitamos la aprobación de los demás para confirmar nuestro ego, porque así nos han educado desde niños y el aplauso en las actuaciones. Aunque con los años, cuando ya has recibido tu dosis de decepción y desencanto de la vida perfecta (que no lo es), necesitamos menos aportes de elogios y premios, porque  no es necesario ya, no para formar nuestro carácter o personalidad, ya está formada. Esta costumbre del elogio también tiene sus contratiempos, porque cuando no recibes la palmadita en la espalda, tendemos a frustrarnos, que es síntoma de inmadurez, o cuando no nos ponían en el cuadro de honor o en la lista de los aprobados o seleccionados, nos cabrean, por no contar con nosotros, depender de ello es una forma de “dependencia”; únicamente te liberarás cuando la aprobación de los demás no te importe.

Has de pensar que todo enfado se olvida, y has de saber que toda ofensa depende de quién la diga y dónde la diga, el escenario también es importante, si es público o privado, familiar amigo o vecino. La belleza es solo un espejo, que impide ver por dentro de las personas, porque su belleza es interior e inmaterial.

En algunas religiones consideran que nuestro cuerpo es el templo de Dios, por ello, como tal divino templo has de tratarlo con respeto.

Autor de Tus zonas de éxito, en Amazon

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