Hace algunos años, los medios de comunicación nos machacaban sobre la brecha salarial entre hombres y mujeres, ahora, sobre la manifestación del 8 de marzo, y desde la experiencia adquirida durante 35 años intentando conciliar mi vida familiar y laboral (cinco hijos y en estos momentos dos nietos), me están sorprendiendo casi todas las declaraciones que escucho, sin argumentos sólidos y en la línea de lo políticamente correcto.

Sin embargo, invadida por una triste sensación de no escuchar nada sensato y realista, ha caído en mis manos la entrevista que Cayetana Álvarez de Toledo le  hizo a Jordán B. Peterson, y publicó en el Mundo .

https://www.elmundo.es/opinion/2018/02/12/5a80aa4746163f61168b4622.html

Con argumentos sólidos está poniendo el dedo en la llaga. Os invito a leer la entrevista.

Peterson lo llaman “el intelectual más odiado por la izquierda”. Su libro “Doce reglas para la vida”, es un tratado de la responsabilidad frente a la cultura de la sobreprotección.

“Mi mensaje a los jóvenes es sencillo. Espabilad. Dejad de pudriros en casa. Dejad de quejaros y de culpar a los demás. Sed honrados, rectos y disciplinados. Haced algo útil. Asumid vuestra responsabilidad. Buscad sentido a la vida. Haced como las langostas: caminad erguidos con los hombros hacia atrás.”

Esta entrevista es una visión desde el punto de vista de un hombre. Ahora vamos a ver la visión desde los ojos de una mujer.

Mariolina Ceriotti Migliarese, neurosiquiatra infantil y psicoterapeuta, afronta la crisis de masculinidad en su libro “ Masculino. Fuerza, eros, ternura. En él sostiene que los hombres de hoy están expuestos a un narcisismo que debilita su potencia creativa. Casada y madre de seis hijos, cinco de ellos varones, Migliarese pide a hombres y mujeres una mirada mutua de respeto.

La autora ha estudiado el universo masculino desde una perspectiva femenina, analizando sus deficiencias y sus abundantes recursos: su reflexión es una invitación apasionada a que los hombres continúen siendo portadores de esa ‘potencia buena, fecunda y fecundante de la que el mundo y también la mujer tienen una necesidad extrema’.

El texto de Mariolina Ceriotti Migliarese, traducido por Elena Álvarez, es reproducido en ACEPRENSA por gentileza de Ediciones Rialp.

Este es un extracto de algunos pasajes significativos.

En el mundo actual, las mujeres se han hecho por fin un sitio, pero ya resulta innegable que, con frecuencia y desafortunadamente, la afirmación de la feminidad se produce en detrimento de la masculinidad. Esto conduce a una enemistad y a una contraposición crecientes entre los sexos. Mientras que las mujeres se han vuelto progresivamente más seguras, en los varones ha sucedido justo lo contrario. (…)

Los padres deben poner freno al deseo inevitable de encontrar en los hijos una satisfacción narcisista: tienen que estimularles, acompañarles, ayudarles a graduar los desafíos, conscientes de que la verdadera seguridad en uno mismo nace de hacer la propia experiencia, bajo la mirada confiada y estimulante de alguien que, como un entrenador deportivo, cree en sus posibilidades y les estimula para que las expresen al máximo.

La nuestra es una época de personalidades narcisistas, y la personalidad narcisista tiene un centro de gravedad frágil, porque no toma su fuerza del mundo interior, sino del reconocimiento que recibe del exterior. Necesita continuamente verse alimentada por el otro y su mirada no alcanza a ver más allá de los límites del yo. La personalidad narcisista es estéril, porque no le interesan los aspectos realmente generativos de la vida.

La buena noticia es que se puede cambiar. Se trata de un cambio que es necesario hacer de modo personal, sin esperar cambios culturales tan prodigiosos como improbables: cada varón singular, de cualquier edad y condición, que se reconozca en todo o en parte en las fragilidades que he descrito, puede cuestionarse a sí mismo y decidir cambiar. (…)

El hermoso libro de Anselm Grün “Luchar y amar” dirigido específicamente a lectores masculinos, presenta numerosas figuras arquetípicas masculinas tomadas de los textos bíblicos. (…) Según Grün, el hombre que ha hecho suyo el arquetipo del rey es capaz de “dar al grupo sentido de seguridad y protección”. Es un hombre que se reconoce responsable de la protección de las personas y de las cosas que la vida le ha confiado: custodio y no propietario, porque admite que nada nos pertenece del todo, sino que todo nos ha sido confiado por la vida y, como dice el Génesis, hay que “custodiarlo”.

Custodiar algo o a alguien significa, en primer lugar, reconocer que ese algo tiene valor y merece ser custodiado, también a costa del sacrificio personal. Tiene valor tu matrimonio, tiene valor tu mujer, tienen valor tus hijos, tiene valor tu trabajo, tiene valor un proyecto, tiene valor una idea. Si el otro sabe que tiene ese valor para ti, esta percepción es fuente de seguridad en la relación: sabe que tú estás ahí, a pesar de las variaciones de las emociones, y que no vas a abandonar el campo.

Las mujeres desean y valoran a los hombres generosos: el corazón grande, la magnanimidad, son dotes muy hermosas en el hombre, que marcan la diferencia y que se manifiestan en las cosas pequeñas.

Para germinar, para echar raíces en la realidad, para poder hacerse plenamente funcional a la persona, lo que el hombre siembra reclama el encuentro con un terreno idóneo que lo recoja, bajo pena de convertirse en fin en sí mismo y transformarse en puro derroche. Para que esto suceda es indispensable un aliado femenino: una mujer, una sociedad, una cultura, capaces de entender, acoger y hacer crecer lo que dona la masculinidad.

Grandes luces aportan estos dos puntos de vista, por lo menos a mí. Y es algo me produce una gran alegría.

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