Es difícil y complejo proclamar la independencia del individuo. No obstante, sí podremos acercarnos en lo posible, si pudiéramos desligarnos de muchos compromisos adquiridos o congénitos. Son muchos los lazos que nos atan a una dependencia: padre, hermanos, mujer, hijos, más todas aquellas afinidades como suegros, tíos, sobrinos o primos. Pienso que la independencia consiste en estar libres para decidir o actuar. Para ello hemos de tener, primero, un empleo remunerado o una pensión, a partir de aquí hablaríamos de otros conceptos.

Me voy a referir a los compromisos adquiridos relacionados con amigos, conocidos o asociaciones, clubs y otros grupos de trabajo. Estos grupos a los que hemos definido como «compromisos adquiridos» nos quieren dirigir para que hagamos lo que ellos pretenden o necesitan, y que, indirectamente revierten en nuestros intereses. Luego están las leyes, códigos o reglamentos que nos exigen cumplimiento, como actualmente con los confinamientos y mascarillas.

Cuando no haces lo que ellos desean, te mandarán mensajes represores como «No viniste a mi inauguración, ¿qué te pasó?» o «no viniste a mi conferencia, te lo tendré en cuenta», u otras parecidas según tus actividades lúdico profesionales. Uno se preocupa por lo que puedan pensar de nosotros. Es la típica frase en los pueblos: «¿Qué dirán los vecinos, los amigos ante esta actitud tuya o de la ropa que te pones, que pareces un fulano o una fulana?». No cumplir con todas la normas sociales o religiosas (no ir a misa), son cargas anímicas de profundidad, para que te sientas culpable e incómodo/a, para inmovilizarte y no hagas lo que ellos no quieren o les gusta. Es cuando tú entras en fase de confusión, de aturdimiento y de esclavitud pendiente de otros. Te preguntas «¿Cuándo voy a ser mayor de edad?», «¿Cuándo voy a proclamar mi independencia individual?». Únicamente lo conseguirás cuando aprendas a decir «no quiero», «dejadme en paz» y no te afecten las culpas. Es decir, que la culpa de un hecho pasado no te afecte en el futuro, o en esa zona tuya de «buena persona» que eres ante tu familia o amigos. Al principio estarás un poco incómodo, pero les estás enseñando a que te traten como tú quieres que te traten. Recuerdo un antiguo dicho que reza: «Te tratarán como tú te dejes tratar». Y este consejo va incluso para los alumnos que son atropellados por sus compañeros.

    El Dr. Wayne W. Dyer escribe en su libro Tus zonas erróneas:

 La culpa es uno de los métodos más eficaces que tienen los padres para manipular a sus hijos […] La culpabilidad asociada a los padres o a familiares (extendido a amigos) es una de las estrategias más comunes para mantener a raya a la gente. (pág. 133 Grijalbo 1984).

Existen personas que tienen muy elevada su zona de culpas, en cambio, otros son inmunes a ellas, debido a su educación o fortaleza psicológica e incluso psicosomática. Es lo que se llama alexitimia: vivir sin sentir emociones o por un trastorno en el aprendizaje emocional o por una lesión cerebral. Independizarse emocionalmente como adulto supone dejar de sentirse culpable por lo que no eres o dejaste de hacer, asume el poder de decir, y los riesgos de ser lo que eres.

Yo he aprendido que si quieres dedicar tu tiempo a tus actividades artísticas, literarias o deportivas (inherentes a tu salud), has de reducirlas a lo mínimo, porque si estás siempre en tertulias, conferencias o reuniones de amigos, no tienes tiempo para dedicarle a tus actividades creativas. Porque, a veces, entrar en estado de concentración requiere su tiempo, requiere desarrollar un planteamiento y un tema en profundidad, que puede costar horas e incluso días, y si, por el contrario, interrumpes la actividad creadora, luego cuesta tiempo volver a tomar el ritmo creativo, porque la inspiración es volátil.

En vista de lo comentado, hay que aprender a decir «no», «no puedo ir a tu exposición, a tu reunión, a tu convocatoria». Porque es sabido que, de una inauguración viene otra, y otra, y esto es asunto que nunca cesa. Si, por el contrario, buscaras contactos, nada tan eficaz como salir a saludar a los amigos y compañeros de asociaciones. Por no hablar de cuando asistes a comidas de empresas o de navidades.

Pocas personas que yo conozca son independientes y autosuficientes, respecto a los demás. Pero la vida es así, una dependencia, que nunca debe ser traumática. Habrá que hacer algunos ejercicios psicosomáticos entre la mente y el cuerpo.

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