El mito de la caverna es una de las alegorías más conocidas de Platón. Lo explica en La República, una de sus obras más famosas, y consiste en encadenar a unos hombres, desde su nacimiento, tras un muro dentro de una caverna; desde allí solo perciben las sombras que proyecta el fuego encendido por otros hombres tras el muro; cuando uno de ellos consigue escapar, al salir al exterior queda cegado, temporalmente, por la luz el exterior; es, según Platón, el efecto del conocimiento adquirido. Cuando logra asimilar la luz decide regresar a rescatar a sus compañeros, que al ver su titubeo, al tratar de adaptarse de nuevo a la penumbra de la caverna, piensan que el exterior es nocivo y no quieren oír hablar de escaparse, prefieren seguir tras el muro, encadenados, y viendo el movimiento de las sombras.

En España me parece que en estos últimos tiempos vivimos encadenados también tras el muro de la caverna. Como ciudadanos tenemos un acceso limitado a la información, a la realidad del mundo que nos rodea. Son las sombras que nos procuran los medios de comunicación social; quizás por ello podamos pensar que estamos recluidos en varias cavernas, dependiendo de los hombres, medios, que atizan el fuego que hay tras los muros, pero, en definitiva, solo alcanzamos a ver sombras distorsionadas de la realidad que nos rodea. Ni siquiera cuando, cada cuatro años, somos llamados a expresarnos, los hombres del muro nos dejan salir al exterior, al conocimiento. Todo lo hacemos encadenados tras la pantalla en el interior de la caverna.

Estos últimos tiempos nos ofrecen una gran oportunidad de ver hasta qué punto estamos prisioneros. La gran tragedia del coronavirus, cuyas auténticas cifras, conocimiento, parecen llegar con nitidez a otros países, se nos ofrecen a nosotros en forma de datos contradictorios, o a destiempo, o parciales, o interesadamente sesgados, todo contribuye a que este gran demonio biológico sea utilizado por los hombres del exterior, el poder, según su interés y con el imprescindible apoyo de los controladores del fuego, responsables de las sombras que se proyectan en las paredes de la caverna.

Asistimos a una enconada lucha política entre gobierno central y autonómicos, dependiendo de los partidos políticos que nutren a unos y otros. La ciudadanía observa estupefacta, los que se asoman a la boca de la caverna, cómo lo único que parece importar es el relato de lo acontecido, no la realidad, no el sufrimiento actual, ni siquiera el futuro que nos espera cuando llegue la pandemia económica. Ya se encenderán otros fuegos que produzcan nuevas sombras. Y allí seguiremos, encadenados tras el muro, en lo más hondo de la caverna.

*Versión en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com

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