El mundo del arte se divide en dos sectores: los creadores y los críticos.  Pero el don de la creación, este «super-don» se extiende a todos los ámbitos de nuestra vida, no es más que inventar cosas partiendo de la nada, aunque siempre se necesita un referente porque nada nace de la nada. Existen personas que  inventan su propio negocio, que lo cuidan y que lo miman para sacarle provecho a sus ideas de creación. Para ser creativos debemos usar palabras sinónimas como producir, inventar, manar, brotar… Lo de decir yo soy un creador, suena a engreído. Crear supone producir elementos bien de arte, o de la vida cotidiana, como inventar algo que supla nuestras necesidades o la de los demás partiendo de la nada. 

Copiar no es crear, pero no ha de molestarnos si la copia es una innovación lateral o una variante del original. Debemos de ser sinceros con nosotros mismo, y distinguir si es una copia o un original. Pero para crear, primero hay que copiar, y no importa en absoluto copiar para aprender, ya que como dice el refrán «nadie nace sabiendo».

Evidentemente, el empleado, el administrativo, el becario o el militar no quieren perder su empleo porque de ello depende su futuro. Porque el empresario cree que tú firmas con él un contrato de docilidad total, cuando en realidad no es así es un contrato de servicio y no de servidumbre. Y, además en la empresa te  está prohibido crear o dar ideas nuevas, toda ellas serán revocadas y todos los veteranos dirán que son irrealizables. Simplemente porque te estás convirtiendo en una amenaza para ellos, para su puesto. Tu trabajo no es pensar sino realizar las tareas que te han encomendado. No puede una señora de la limpieza decirle a un arquitecto que el edificio que ha dibujado está mal o que se va a caer. Nadie podrá adivinar que esa señora estudió arquitectura, pues de lo contrario, uno piensa, que de serlo, no trabajaría en la limpieza de las oficinas. Queremos en la opinión de los peritos más cualificados posibles. Los investigadores buscan citas o escritos de autoridad. 

Toda actividad creativa en una empresa ha de estar respaldada por un experto oficial, por un titulado, que para eso le pagan. Un equipo funciona porque cada cual hace su tarea o como el dicho: cada palao aguanta su vela y cada mochuelo en su olivo. Y en este caso de la limpiadora podemos crear un relato literario sobre de la señora de la limpieza en el despacho del arquitecto, que era limpiar y no opinar, pero un día se descubrió que la señora de la limpieza era licenciada en arquitectura pero como estaba en el paro tuvo que aceptar el empleo que le ofrecieron, eso sí, obviando el título. Entonces las cosas cambian porque quien manda es el crédito, y la titulitis, que  es en definitiva el título acreditativo, y detrás de los títulos los doctorados y los premios de reconocimiento a su labor.

Yo conocí a una mujer árabe (marroquí concretamente) que trabajaba en una empresa de limpieza del aeropuerto d Alicante, y con el tiempo supimos que hablaba cinco  idiomas, y había recibido estudios superiores de arte en Francia, pero en España no se los habían convalidado. La cuestión es que, a partir de saberlo, la mirábamos con respeto. Porque las personas somos así, miramos los estudios, los cargos y la posición de los demás. 

Los críticos son ese grupo de listillos fracasados en una labor artística que se dedican a hacer comentarios de tus fracasos y pocos éxitos, por ello algunos son ácidos como limones verdes, otros unos impostores y muy pocos son sinceros. Puesto que si un periódico le contrata es para crear polémicas que detrás vendrán los lectores. Un crítico de la obra de Gauguin dejo que su obra tahitiana de los desnudos era muy salvaje, y Gauguin se quedó con el apelativo de «El Salvaje», cuando es uno de los más destacados pintores del impresionismo, por su colorido, exotismo y atrevimiento en un París retrógrado academicista. En París de primeros del siglo XX, nuestro pintor vasco Ignacio Zuloaga, llegó a exponer junto a los virtuosos del impresionismo francés como Gauguin, Van Gogh, Touluse-Lautree y Emil Bernard.  Zuologa es el gran último pintor español de todos los tiempos junto a El Greco, Velázquez o Goya, pero qué ha sucedido con su obra y memoria, pues sencillamente como le pintó un retrato a Franco en 1940 vestido de falangista, otro a Ramón Serrano Suñer o a Millan Astray… los críticos esa pandilla de veletas lo califican como franquista, y se le acabó la publicidad institucional izquierdosa.

Algún día estos críticos comprados por algún político dirán que Miguel de Cervantes era franquista porque dijo aquello de: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.» (II, 58 El Quijote). Y además de quitarlo del callejero, le retirarán las moneda de 50 céntimo de Euro, porque estos son así de acérrimos y laterales.

©Autor de Tus zonas de éxito, en Amazon

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