Mi cerviz nunca se inclinó ante el miedo, ni nunca a la maldad y altanería, ni ante rey, ni a gobiernos que pro credo mantengan la mentira y la falsía. Siempre permaneció a sus ideales de fiel sinceridad y honra preclara, innatos en mi ser, de naturales ideas, como luz que irradia el ara. Siempre le cautivaron los valores de justicia y perdón, magnas virtudes, que procrea el Amor de los Amores donando sus excelsas gratitudes. Y solo ante Él, hay que mostrar rendida la testa nuestra y corazón penados, pues nos da hermoso mundo y bella vida en ascensión a etéreos reinados. Y a través de nuestra alma inmaculada anhelemos su esencia poderosa por gozar de existencia regalada, cual agua que belleza da a la rosa. Y poder consagrar la vida entera aspirando su incienso embriagador, por lucir como grata primavera al mundo, en alegría y en amor.
Publicado en Poevas, Madrid, 2010