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4 de octubre de 2022

El Monárquico

La Revista Digital de la HNME

Una lady en el oeste

7 minutos de lectura

Recorrió a caballo más de 1.200 km por las Montañas Rocosas del Colorado, se topó con tormentas de nieve, durmió a la intemperie bajo las estrellas, se hizo amiga de los buscadores de oro y de los Indios de la zona. Aprendió también a defenderse de los osos grizzly y de las serpientes de cascabel, trabajó como vaquera en un rancho y vivió una historia de amor con un forajido que la ayudó a escalar el Longs Peak, el pico más alto de las Montañas Rocosas. A primera vista parece más bien el argumento de una película de Western muy típica de los años 60-70 con el majestuoso John Wayne, pero no, fue real. Isabella Bird con 42 años decidió cumplir su sueño de la infancia, viajar al Salvaje Oeste y valerse por si misma, a su vuelta publicó varios libros de sus viajes, lo cual hizo que acabara siendo la primera mujer en ser admitida por la Royal Geographical Society.

Nuestra protagonista nació el 15 de octubre de 1831 en el Condado de Yorkshire, siendo hija de un pastor anglicano que le enseñó desde niña a amar la naturaleza, a montar a caballo y a leer la Biblia. Isabella padecía además constantes crisis nerviosas y estar al aire libre le ayudaba a mejorar. Siendo una lectora empedernida muy pronto se enamoró de un lugar que vio en uno de los libros de su padre, las Montañas Rocosas en el estado del Colorado, USA.

Lamentablemente y y siendo aún muy joven enfermó con terribles dolores de espalda, sin un diagnóstico claro. Aunque los médicos le recomendaron reposo absoluto confirmaron que en el peor de los casos le esperaba pasar el resto de su vida en una silla de ruedas, pero Isabella no aceptó ese destino y cada día que podía caminar y valerse por ella misma era una bendición. Pasaría 10 largos años, los peores de su vida, luchando por vencer a aquella enfermedad y milagrosamente y corriendo el año 1872, para sorpresa de todos, los dolores cesaron, recobró la salud y volvió a caminar como si nada hubiera ocurrido. Aquel feliz momento se vio sin embargo empañado al morir sus padres con poco tiempo de diferencia.

Diez años de enfermedad dan para mucho que pensar e Isabella sabía perfectamente que ahora no quería encerrarse en vida con su hermana Henrietta, que había decidido irse a vivir a Escocia, así que cobrando su parte de la herencia paterna Isabella se embarcó rumbo a las islas de Hawai el 1 de enero de 1873, donde desembarcó el 27 de ese mismo mes. Instalada en Honolulú la viajera se enamoró de los colores y el clima, los nativos la trataron bien e incluso fue recibida por la Reina Viuda Emma Kaleleonālani y subió hasta el volcán Mauna Loa, pero Isabella decidió que tras aquellas vacaciones paradisíacas era el momento de poner rumbo al Salvaje Oeste.

Llegó en septiembre de 1873 a la ciudad de Trucky, en Sierra Nevada, donde compró una magnífica yegua a la que llamó Birdy y que sería su compañera inseparable. Gracias a sus constantes caminatas la musculatura y la columna de Isabella se fortalecieron y su mente también. Pronto dejó atrás Sierra Nevada y siguió su viaje al Colorado, afrontando los peligros, que no eran pocos, los pumas y los osos podían atacarla al igual que los bandidos y el clima podía ser traicionero, pero nunca se echó atrás y jamás se separó ni de su cuchillo ni su revólver.

Se instaló con la familia Evans, quienes vivían en un rancho cerca del parque de Estes Park, al lado de las Montañas Rocosas. Para pagar su alquiler Isabella aprendió a llevar el ganado, a ordeñar a las vacas y a espantar a las alimañas que podían atacar a los animales, todas estas experiencias las anotaba en su diario y las cartas que más tarde le mandaba a su hermana para tenerla al tanto de su situación.

Fue entonces cuando se cruzó en su vida Jim Nugent, apodado Mountains Jim, el hombre que le robaría el corazón. Se conocieron un día que Isabella, yendo a caballo, se paró frente a su cabaña, de la que colgaban pieles de castores y él salió para atenderla y fue un choque de emociones, según relataría ella misma. Jim era alto, esbelto y fuerte, con una melena rubia que le caía por los hombros y un poblado bigote, pero se fijó en que le faltaba un ojo y el lado izquierdo de su cara estaba marcado de cicatrices, al parecer Jim fue atacado por un oso grizzly que le sacó el ojo de un zarpazo, pero lejos de aterrarle a Isabella le atrajo más.

Le explicó entonces que deseaba escalar el Longs Peak y afortunadamente Jim conocía la zona como la palma de su mano, pese a las advertencias de los Evans de que era violento (había sido cazador de indios en el pasado) y que bebía demasiado, Isabella lo contrató como su guía y se marchó a las Montañas Rocosas con él.

Al amanecer del siguiente día empezó el lento ascenso que no estaría exento de peligros. A medida que subían iba faltando el oxígeno e Isabella muy pronto empezó a padecer del mal de montaña, pronto la sed les invadió y ni siquiera podían beber de los picos de hielo que había, debido a las bajas temperaturas. Presa del miedo a morir estuvo a punto de abandonar hasta que Jim, tomando el control de la situación, ató a Isabella con una cuerda por la cintura y él hizo lo mismo con el otro extremo, así cuando ella se cansaba, Jim tiraba para que siguiera adelante, en cierto modo acabó salvándole la vida.

Ella misma relató que al llegar a la cima y ver el valle desde esa altura fue un antes y un después:

´´Exhaustos al final conseguimos alcanzar la cima. El corazón me explotaba en el pecho, lo que vi desde allá arriba me recompensó del cansancio, de la sed y de todos mis miedos. Entendí que la grandeza de Dios se manifestaba ante mi como nunca antes la había visto´´

Y añadió:

´´ En aquel horizonte infinito me sentí por primera vez parte de un inmenso milagro. Había realizado mi sueño. Mountains Jim me sonreía, abrazándome fuertemente con sus brazos para sostenerme, sin él nunca lo habría conseguido. Dentro de una grieta metimos una cajita con nuestros nombres y la fecha´´

Montañas rocosas

Ambos ya sentía algo muy fuerte el uno por el otro, ella se sintió tentada de quedarse a vivir con él, él se lo propuso además, pero la libertad que Isabella había descubierto y el deseo de aventuras fueron más poderosos. No obstante, al bajar de la montaña pasaron la noche junto a un fuego, juntos y viendo las estrellas, conociéndose mejor, mientras Jim cantaba canciones y tocaba la armónica. Aquel fue un momento delicioso que Isabella nunca olvidó.

Pero ambos pertenecían a mundos distintos y ella prosiguió su viaje hasta Denver y de allí a Colorado Springs, donde descubrió que tras casi 12 meses de viaje el dinero de la herencia se le estaba acabando. Supo entonces que era el momento de volver y de ver a Jim una última vez.

Ambos se alojaron en una cómoda posada en San Luis la última noche, y para entonces ya eran una celebridad, la dama inglesa y el forajido que habían escalado juntos el Longs Peak, por lo que hubo una fiesta en su honor con música, baile y bebida. Al día siguiente la pareja se separó, nunca volverían a verse.

El Longs Peak el cual Isabella escaló con Jim en 1873

Al volver a Inglaterra Isabella se reencontró con su hermana y escribió un libro con las cartas que ella le había estado mandando, un editor lo leyó, le gustó y lo compró, convirtiéndose en un súper ventas. Tras aquello, el dinero nunca le faltó ni tampoco la admiración de sus lectores y como ya he contado, fue la primera mujer en ser admitida en la Royal Geographical Society. Pero ella no podía dar las conferencias sobre sus libros, sino que lo hacía un representante en su nombre mientras ella permanecía sentada.

Nueve meses después de haber vuelto Isabella recibió un telegrama en el que se le comunicaba que Jim había muerto en un tiroteo, y fue Evans quien apretó el gatillo. En 1880 Isabella se casaría, aunque cuatro años después se quedaría viuda y al poco tiempo moriría también su hermana. Sus últimos años los pasó viajando por Corea, China, Japón, Australia, la India, Persia, Turquía, Kurdistán y Marruecos, que sería su último viaje en 1901. De cada viaje salió un nuevo libro que al igual que el anterior fue un éxito.

Isabella Bird murió el 7 de octubre de 1904, solo una semana antes de cumplir los 73 años. Casi 150 años después de su hazaña en las Montañas Rocosas tanto a ella como a Mountains Jim aún los recuerdan en la zona.

Imágenes obtenidas de wikipedia según autor

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