De todas las afrentas y detrimentos que Sánchez ha perpetrado sobre este sufrido país, como la ley de amnistía, que dejó en libertad a los rebeldes separatistas catalanes; la ley del Sí es Sí, que rebajó las penas de los violadores; la de ordinalidad, que rompió con el principio de igualdad de los españoles; el comportarse como un insensato en el concierto internacional, con falta de visión global, enfrentándose a Trump y a los líderes de la UE queriendo aparecer como el Tarzán del progresismo, pero resultando un marginado mundial; entre otros desatinos. De todas las afrentas, digo, la más dañina, la más inmoral ha sido el acuerdo con Bildu para el traspaso de la competencia penitenciaria, que ha puesto en la calle a los más sanguinarios terroristas de ETA pendientes de cumplir graves condenas.
Otegi, el que militó en la organización terrorista y fue condenado por terrorismo, se ha convertido en el más sincero socio de legislatura del Gobierno. Y digo sincero porque no tuvo empacho en reconocer que iba a facilitar los presupuestos del Estado a cambio de la libertad de sus presos. Y estampó su firma en un pacto secreto de socorros mutuos, que se va desvelando con el paso del tiempo y que va desde cederles el Ayuntamiento de Pamplona hasta el descaro de los paseos de Txeroki en libertad pavoneándose por el barrio viejo de San Sebastián. Y sin que ni él ni ninguno de sus compañeros que gozan del mismo beneficio hayan dado muestras de arrepentimiento, como exige la ley, antes bien, los agraciados son dejan homenajear por los suyos en calles y plazas.
Los 200 presos etarras en 2021, hoy 145, gozan de semilibertad bien por haber alcanzado el tercer grado o por el atajo del art. 100.2 del Reglamento Penitenciario. Los últimos 15 que salieron a la calle por esta última vía llevan sobre sus espaldas más de un centenar de muertos.
Hoy, quienes tendrían que defender a las víctimas son socios de los victimarios, que compraron el sillón de la Moncloa con la sangre de aquellas, mientras levantaban un muro frente a la mitad de los españoles. Una indignidad, una degradación moral, la mayor indecencia de nuestra reciente historia.
Julián Delgado (escritor)
