Es un tema de rabiosa actualidad el del adoctrinamiento, por eso vale la pena dedicarle unos minutos al mismo. Así comienza una nota técnica del sociólogo Pablo Carreño: ”Tanto los nuevos conocimientos que se acumulan a nuestro bagaje cultural, como las ampliaciones y desarrollo de los anteriormente adquiridos, precisan de un marco vital que los haga comprensibles y útiles para la gran síntesis personal que constituye toda auténtica formación”.

Formación y cultura, formación y motivación, formación y libertad, formación y manipulación, son los cuatro ejes sobre los que afronta el sociólogo Pablo esta cuestión.

En la misma línea, Oliveros F. Otero en su libro “La libertad en la familia”, recurre a su etimología, compara la cultura a la acción de cultivar la tierra. No alude a un almacenamiento pasivo de conocimientos, sino, al contrario, a una idea de asimilación activa de todo aquello que desarrolla estas cualidades del espíritu que son el sentido critico, el ansia de verdad, el deseo de bien. Luego implica la participación vital del sujeto

El agricultor, en la cultura, se llama educador -padre, profesor, amigo, escritor, etc., y la tierra es la naturaleza humana. Pablo dirá: “Significa unidad, síntesis, coherencia y “No se adquiere lo que se “come” sino lo que se asimila, lo que se transforma, lo que se hace uno mismo”.

Necesitamos todos más y mejor formación y evitar que, a través de ella, se nos manipule. Sin formación no hay libertad y sin ésta, la manipulación puede enseñorearse fácilmente del hombre. El tema es grave. Además nos importa, y mucho.

 “Motivar es dar razones serias para la acción y esperar que al otro le parezcan también razones suficientes. Los seres humanos no quieren “sin razones”.

Pero ni siquiera esa actitud motivadora es, por sí sola, garantía de éxito. El hombre (y la mujer, por supuesto, hay que tener cuidado en estos tiempos revueltos y dejarlo muy claro) es racional, es libre y esa libertad la emplea frecuentemente en lo irracional, en lo incoherente, y es su derecho.” (D. Pablo).

D. Pablo hace una recapitulación de algunos puntos clave, antes de proseguir en la cuestión del adoctrinamiento. “La formación implica trabajo. Todo lo que implica trabajo, acarrea esfuerzo y éste supone motivos. Dar motivos antes, en y después de la noticia es esencial a la formación. Al final está el otro que quiere o no quiere. Pero eso ya no es asunto del que forma. Ir más allá sería manipulación.”

Manipular es operar con las manos o con un instrumento, manosear algo, intervenir con medios hábiles para distorsionar la realidad al servicio de intereses particulares.

No menos importante es que hagamos referencia a lo que se conoce como manipulación informativa. Se trata de un término que se usa básicamente dentro de lo que es el sector de los medios de comunicación, y viene a definir a aquellas acciones que se realizan por parte de periodistas y montadores de imágenes y sonido con el claro objetivo de servir a unos intereses determinados.

En ese sentido, lo que hacen es ofrecer información sesgada de un acontecimiento concreto con una clara intencionalidad, la de poder favorecer a sus afines. Así, por ejemplo, a lo largo de la Historia han tenido lugar un sinfín de manipulaciones informativas en telediarios para, de esta manera, beneficiar a un determinado partido político y perjudicar al rival de este.

En concreto, los pilares de dicha acción son la tergiversación de los acontecimientos sobre los que actúa, la selección de la información, el retoque fotográfico en el caso de los medios de comunicación escritos.

En el ámbito de la educación que es de lo estamos tratando aquí, constituye una plaga hoy de la que resulta difícil defenderse y que obliga a “despertar” el espíritu crítico de una parte y a buscar un aumento de la propia formación, de otra.

Dirá Oliveros F. Otero en su libro “Libertad en la familia”: “… nuestra libertad finita es también condicionada… y son dos las limitaciones para poder crecer en libertad: la ignorancia y el egoísmo. “Y para superar estas dos limitaciones -dos objetivos educativos: aprender a pensar y aprender a querer”.

Mucho se ha escrito acerca de la libertad. El Dr. Aurelio Fernández, recoge, en una de sus publicaciones, más de ocho mil trabajos, solo hasta abril de 1974, y no pretende ser exhaustivo.

Cuestiones básicas a las hay que hay que saber responder son: ¿cómo es la libertad del hombre? ¿para qué esa libertad? y ¿cómo crecer en libertad? La tercera tiene especial interés para el educador y Oliveros F Otero responde: “El ´para qué` de la libertad es el amor…, crecer en libertad es incrementar la capacidad de querer. Amor y libertad constituyen un binomio. “Y el ámbito natural del amor es la familia, en el que es posible nacer, morir y crecer como persona. La nuestra es una libertad finita y caída. Pero puede crecer. Educación de la libertad es crecer en libertad.

“El hombre esta orientado a la formación porque sin formación no hay libertad y sin esta, la manipulación es fácil. Necesitamos todos más y mejor formación y evitar que, a través de ella, se nos manipule. El tema es grave y de la más rabiosa actualidad” afirma D. Pablo.

Todos somos, en parte, cultura. También es cultura el profesor, como lo es el periodista. ¿Qué supone este hecho? Pues que todos poseemos verdad y poseemos errores. Cuando nos comunicamos, transmitimos sin poderlo evitar, ambas cosas. En la formación se puede ser honesto. No se puede ser neutral. La escuela neutra no existe.

“Sólo existe un medio para trabajar en educación, cualquiera que sea su nivel y su aplicación, sin caer en la manipulación formal: poner en contacto al participante con las cosas, con las realidades desnudas y poderle decir: “toma y mira”. Lo contrario sería “voy a decirte lo que debes mirar”. Eso es manipulación.

El educador, a diferencia del manipulador, sabe que inevitablemente puede llegar a manipular y trata de evitarlo. Pablo Carreño lo concreta así:

Poniendo al participante en contacto directo con las realidades (procesos vivos), para que él descubra los hechos (datos) y saque sus conclusiones (sentido de la vida). Poniendo “entre paréntesis” todo lo que sean sus propias conclusiones o su propia filosofía sobre los asuntos, para que el alumno sepa a qué atenerse y actúe libremente en todo momento, aceptando o rechazando lo que son opiniones.

Manifestándose claramente en todo lo referente a su propio sentido de la vida. Eso permite en todo momento que el educando pueda hacer los ajustes necesarios. No podemos olvidar que el educador es parte de esta realidad que el participante tiene que descubrir.

Y quiero terminar con esto también de Pablo: “La formación es posible y necesaria pero sin estas precauciones se prostituye fácilmente y se convierte en adoctrinamiento. No podemos olvidar que el fin no justifica los medios y que, por tanto, el adoctrinamiento es malo, aunque la doctrina sea buena. Más aún: “Sin libertad no hay ninguna verdad que merezca ser transmitida y, consecuentemente, no hay formación que se justifique, Aunque pudiera llegar a ser útil, no pasaría de ser domesticación.”

Así finalizó hace muchos años, el sociólogo D. Pablo Carreño su exposición sobre la  cuestión: “La formación es posible y necesaria pero sin las debidas precauciones se prostituye fácilmente y se convierte en adoctrinamiento. No podemos olvidar que el fin no justifica los medios y que, por tanto, el adoctrinamiento es malo, aunque la doctrina sea buena. La verdad es perfectamente compatible con la libertad. Más aún: sin libertad no hay ninguna verdad que merezca ser transmitida, consecuentemente, no hay formación que se justifique. Aunque pudiera llegar a ser útil, no pasaría de ser domesticación.”

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