Era comidilla de los madriles de la época que Carmen Polo de Franco visitaba joyerías, elegía las piezas que se le antojaban, no hacía el menor gesto de pagar y los joyeros se veían en la obligación de despedirla con una sonrisa no fuera a ser que se enfadara el dictador. Conocida por el gremio costumbre tan onerosa para sus intereses, cuando se sabía del merodeo por la zona de tan alta dama, se apresuraban a cerrar el comercio o a esconder las joyas más valiosas. El rumor añadía que así se había ganado el mote de “La Collares”.
Hay cierto paralelismo entre ese rumor y la colección de joyas encontrada en la caja fuerte de Zapatero, cuyo valor alcanza 1,3 millones. Dice que las heredó o regalaron, lo mismo que a la Doña, pero parece que las contrabandeó.
Las joyas pertenecen al afán de amasar una fortuna de quien hoy se nos desvela como alguien muy diferente de aquel que intentó engañarnos presentándose como un hombre dedicado a liberar presos de las mazmorras venezolanas, como el gurú ético que iluminaba a la izquierda, como un espíritu altruista que seguía el camino de Teresa de Calcuta. Con la anuencia de Sánchez, simulaba hacer el papel de mediador internacional, cuando en realidad actuaba a favor del pucherazo de Maduro y del sostenimiento de sus sucesores, con el objetivo de que se le facilitaran sus negocios. Pero el que nos hacía creer que contaba nubes lo que de verdad estaba contando eran los millones que presuntamente se embolsaba con sus negocios ilegales.
Una gran estafa moral, el socialismo tiene poco y da mucho y la derecha está al servicio de los privilegiados. Zapatero no es más que uno de tantos que vio la posibilidad de enriquecerse alistándose a la dacha de la izquierda cubriéndose con el manto de la superioridad moral que le brindó la coartada para dedicarse al contrabando.
Lo de las joyas, por muy chusco y morboso que resulte y por elevada que pudiera ser la condena, no debe desviarnos del foco de la cuestión: el entramado de negocios con el petróleo, el blanqueo de capitales y el tráfico de divisas, que alzaría a ZP a la condición actualizada de pirata.
Hoy ZP con la ceja partida bajo un cielo sin nubes avergüenza a su misma parroquia por su bajeza moral.