Y cuando yo me encontraba
asomada en la colina
vi el otro día pasar
a toda la gente unida,
que caminaba feliz
con una gran alegría;
se ayudaban mutuamente
sin celos ni zancadillas,
se les veía seguros
porque, sin duda, sabían
que tenían a su lado
a cualquier persona amiga,
que estaba en disposición
de aportar sabiduría,
cada cual en su terreno
¡Qué ilusión sentí, qué pía,
pues todo fue un sueño al fin!

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