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La columna de Madame de Stael 110426


Toda esta parafernalia y teatro barato cuyo escenario es Islamabad no traerá absolutamente, a largo plazo, nada beneficioso. Quizás un tiempo de aguante alargado para el régimen, pero no la solución que es la paz. Este alto al fuego baila sobre la hoguera de las cenizas aún vibrantes del conflicto, un mero movimiento las encendería de nuevo.

La paz únicamente llegará cuando no ondee más la bandera jomeinista en Teherán ni en ninguna ciudad de Irán. Insto desde aquí a todos los hombres y mujeres persas dentro y fuera de Irán a seguir luchando hasta el final. Aplaudo, con confianza en el porvenir, de que el Parlamento Sueco haya invitado a S.A. Imperial el Príncipe de Irán a Estocolmo este lunes a exponer la situación del país.

«La libertad es la única cosa que puede satisfacer plenamente al espíritu humano.»

«La libertad es una necesidad del espíritu humano.»

«¿Qué es la felicidad sino el desarrollo de nuestras facultades?»

Madame de Staël, mi ilustre predecesora, siempre tuvo una frase adecuada a los tiempos que le tocó vivir, sin duda. He aquí que estas tres frases suyas son las que necesita ahora más que nunca hacer realidad el pueblo iraní. El espíritu de Irán, el de Ciro el Grande y sus hijos, plenamente satisfechos porque lograron derrocar al régimen de Jomeini. Sus necesidades alcanzadas, volver a soñar a reír y bailar. Una nueva era desarrollada con sus brillantes facultades, pues el Imperio Persa vive en ellos, en su música, escritura, cine y arte mundano y clásico.

El destino de Irán no lo decidirán unos sátrapas islamistas ni tampoco un presidente americano totalmente alienado, el destino, la llave de ese sagrado elemento otorgado por Dios a los hombres libres lo decidirán los iraníes. Dependerá en el futuro de Europa y del mismo Oriente si de verdad aún los gobiernos europeos, en su constante ir y venir sin rumbo fijo, podrán seguir llamándose portadores e hijos de la Libertad o si ese concepto ahora mismo es más bien merecedor de los persas iraníes, quienes valiéndose de su legado milenario están dispuestos a perder la vida con tal de que sus manos alcancen el horizonte soñado de la libertad auténtica.

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