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Acorralado, libra su última batalla

Hemos de prepararnos a sufrir la agonía de un sanchismo dispuesto a resistir a vida o muerte. En los últimos años, ha ido minando el terreno a un relevo democrático en la Moncloa y lo cierto es que ha avanzado bastante. En su proyecto ha contado con el TC, instancia de interpretación del texto constitucional estrictamente política, convirtiéndolo en una tercera cámaraque casa las sentencias del TS, crea jurisprudencia y que, marginando al Parlamento, está reformando de hecho la Constitución.

El sanchismo no ha respetado la autonomía de los jueces, cuando en sus sentencias han diferido de los intereses del Gobierno; los ministros los han señalado, incluso insultado, y cuando alguno osó imputar a la mujer del presidente, se querellaron contra él.

Ha construido un cordón sanitario y levantado un muro para apartar a la fachoesfera del juego democrático, convirtiendo a la oposición en un enemigo que ni siquiera tiene derecho a existir. Una ley de la “verdad” dirigida por un exjuez prevaricador ayudará a profundizar el frentismo.

Con 84 escaños alcanzó la Moncloa comprando los votos que le faltaban a los golpistas catalanes, a quienes pagó con una amnistía y la cesión de un régimen económico que perjudica al resto de España. A hecho lo mismo con los herederos de una banda terrorista que les paga poniendo en la calle a asesinos con graves condenas, para humillación de las víctimas y transfiriendo decenas de competencias. Y seguirá pagando el alquiler sometiéndose a las exigencias insaciables de sus socios preferentes: un fugado de la Justicia y un exterrorista.

La TVE ha llegado a tal extremo de partidismo, en competencia con el CIS de Tezanos, que ha reducido su audiencia a los más cafeteros. Ha convertido la mentira en el arma política más usual y ha metido sus sucias manos en las empresas privadas del IBEX inmiscuyéndose en la libertad de mercado. En política exterior estamos en el punto de mira de los EEUU e Israel y somos un cero a la izquierda en relevancia.

Sánchez se cuece en un pozo de corrupción instalado en el Gobierno, en el partido y en su entorno familiar; acorralado, ha iniciado su última batalla con el No a la Guerra. De perderla, puede verse sentado en el banquillo de los acusados.

Julián Delgado (escritor)

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