Escuchamos a menudo, “Ésto está más claro que el agua”, ¡Pero si eso se ve a simple vista!”, “Ésto es más cierto que dos y dos son cuatro”, y así podríamos enumerar muchos de estos populares dichos.

Pues, digamos estas certezas populares que ratifican lo evidente, nos van a dar una idea de lo que vamos a tratar hoy, por cierto, que es una de esas definiciones que una vez leída y comprendida se nos queda para siempre en la mente.

Axioma es una verdad evidente que no necesita demostración.

Si una tarta la dividimos en seis, ocho o diez partes, decimos sin equivocarnos que un todo es mayor que una parte.

Y si tengo dos tartas iguales y les añado a ambas un trozo de igual peso, nos dan cantidades idénticas.

Ya en la abstracción, a los axiomas ontológicos se les denominan, principio del conocimiento, pues son como el motor, el principio de todo conocimiento.

Decíamos la semana pasada, que es imposible que algo sea y no sea a la vez en el mismo aspecto. Si se rompe un collar, las perlas se dispersan, en ese momento, el collar no es collar hasta que no se recomponga, o sea que un collar no puede ser al mismo tiempo collar y no ser collar.

Podemos decir que el collar es azul y que es nuevo, le añadimos dos accidentes categóricos al collar al mismo tiempo, pero azul y no azul no puede serlo, del mismo modo que no podemos aceptar que sea nuevo y viejo a la vez.

Por eso, no ese puede afirmar y negar una cosa al mismo tiempo.

Este argumento axiomático se llama “Principio de contradicción”.

Aristóteles decía al respecto, que este principio es la primera verdad y fundamento de todo lo que sabemos.

Otro axioma ontológico es el “Principio de identidad”.

El agua es el agua, el ser es el ser, el libro es el libro.

Cuando emitimos un juicio, en el cual sujeto y predicado son idénticos, tiene que ser verdadero.

Podemos equivocarnos al decir que el libro es nuevo, pero si afirmo que el libro es el libro, no existe ninguna equivocación posible, estamos en el segundo principio axiomático.

En estos dos ejemplos siguientes: el sol brilla y el sol no brilla, no hay entre ellos nada, no podemos hacer una suma con el sol brillante y con el sol no brillante, ni dividirlo en dos para conseguir un término medio.

Entonces, si los predicados de dos juicios son  contradictorios y los sujetos son  iguales, uno de ellos es verdadero.

Me ha gustado recordar cuando supe o diferencié qué es lo contrario y lo contradictorio.

Alto y bajo, grande y pequeño, negro y blanco son contrarios, pero alto y no alto, grande y no grande negro y no negro son contradictorios, vamos a recordar por qué.

Entre lo alto y lo bajo tenemos una estatura mediana, entre grande y pequeño un tamaño diferente y entre el negro y el blanco son muchos los colores que podemos enumerar: rojo, azul, gris etc.

Y en los contradictorios no poseen el término medio.

En alto y no alto o se es alto o no se es, aunque entre ellos sepamos que existen todas las posibles alturas.

 En grande y no grande ídem de ídem, aunque sepamos que existe lo pequeño lo mediano etc.

Y tenemos que con el negro y no negro todo lo que no sea negro puede ser verde, naranja, etc.

En el ser y no ser no existe término medio, pues tendría algo de ser y algo de no ser y eso es imposible según el principio axioma de contradicción.

Por ejemplo, pensemos en el gris, este color tiene algo de blanco y algo de negro, posee término medio.

Una mezcla de ser y no ser, es imposible, pues tenía que ser y no ser a la vez y esto es imposible, entonces ser y no ser son contradictorios no tienen término medio.

Se deduce:

Principio de identidad: el ser es el ser

Principio de tercero excluido que no hay término medio entre ser y no ser y este principio tiene su fundamento en el principio de contradicción, que es imposible que una cosa sea y no sea a la vez.

Todo lo que es, no es porque lo digan unos u otros, sino que es por una razón.

Se aplica la razón en las cosas naturales con el nombre de causa.

Hay una causa para que llueva.

En los entes ideales, una circunferencia no es una línea recta, por la razón de que sus puntos no están alineados.

Podemos aplicar el principio de razón suficiente a las cosas físicas, y decimos que ocurren por alguna causa, si lo usamos para las cosas lógicas, decimos que tienen su razón de ser y si esto transciende a lo moral, entonces no actuamos por causas ni por razones, tenemos motivaciones.

Estamos motivados para obrar con total libertad.

Nos motivan los hechos sociales, políticos, religiosos y si nos manipulan o nos obligan, no por eso dejamos de ser libres.

Podemos luchar contra algo no deseable y si no lo hacemos es debido a que pensamos que, obrando de otro modo, nos sentimos mejor.

Nosotros podemos elegir la motivación de nuestra conducta y lo hacemos porque creemos alberga un gran valor para nosotros, aunque elijamos mal.

Estos tratados de Ontología los he elegido por ser los temas que más me interpelaron en mi formación de maestra.

Estos conocimientos me valen para escuchar a personas con una formación superior, sobre todo los doctos en estudios lingüísticos, filológicos y filosóficos y también para orientar a otros que no han tenido medios para acercarse a la cultura.

Permítanme una batallita, una persona muy amiga, está dentro de los anteriores citados y conversar con ella es un verdadero placer.

Intento llegar a cualquier cita un poco antes y me deleito porque sabe mucho latín y como domina en profundidad la etimología de las palabras, hasta en las servilletas de las cafeterías me dice el significado de cualquier palabra que le pregunto.

Seamos conscientes que tenemos amigos/as que su saber es para compartirlo no para pavonearse, ni para humillar.

Y tengo la suerte que entre el círculo de mis íntimos se encuentran personas doctas y buenas que consiguen que sus conversaciones sean un verdadero placer.

No almacenemos nuestros conocimientos, que pudieren servir a otros, pues la cultura tendría que ser un bagaje de conocimientos en constante movimiento y trasiego.

Enseñar y aprender, he aquí dos modos de actuar que engrandecen al hombre, cuando los motive el bien común y el altruismo.

Si conservamos la curiosidad, la sorpresa y la ilusión, estaremos en la onda de aumentar nuestro acervo cultural hasta el final de nuestros días.

Con este artículo cierro este pequeño ciclo de recuerdos y parece ser que el poema con que acabo le viene “como anillo al dedo”.

No se puede comprender
No se puede comprender
un amor sin donación,
partitura sin sonidos
y una ofensa sin perdón.
No, en verdad,
no se puede comprender.
No se puede comprender
un poema sin belleza,
una madre sin ternura
y un niño sin candor.
No, en verdad,
no se puede comprender.
No se puede comprender
una lluvia que no cale,
enseñanza que no forme
y un anciano sin calor.
No, en verdad,
no se puede comprender.

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