Brilla la potente luz
que nace de su interior,
lleno de vitalidad;
la huella a su alrededor
se extiende más, mucho más,
y deja con emoción
este regalo de vida,
repetido por amor
cada vez que nace un niño;
día, año o estación,
hora, minuto o segundo,
todos sin distinción,
recuerdan ese Ser
que empeñó su corazón 
al querer darnos vida.
Y por eso ahora yo
agradecerlo quisiera
a mi Dios, con gran fervor.

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