Vivo sin vivir en mí

Vivo sin vivir en mí

Vivo sin vivir en mí
-decía Santa Teresa de Jesús-,
y tan alta vida espero
que muero porque no muero.


Le pregunte un día a mi conciencia
si el motivo de vivir era la alegría
de estar enamorada.
Y ella me contestó
que si tenía motivo para vivir,
razones tendría.


La alegría es mi himno,
mi sonrisa nace sola
y yo, amorosa, miro al cielo.


La tristeza es no estar contigo, 
mi desencanto es no vivir contigo,
y así moriría sin vivir.
Regalo de vida

Regalo de vida

Brilla la potente luz
que nace de su interior,
lleno de vitalidad;
la huella a su alrededor
se extiende más, mucho más,
y deja con emoción
este regalo de vida,
repetido por amor
cada vez que nace un niño;
día, año o estación,
hora, minuto o segundo,
todos sin distinción,
recuerdan ese Ser
que empeñó su corazón 
al querer darnos vida.
Y por eso ahora yo
agradecerlo quisiera
a mi Dios, con gran fervor.
El aire

El aire

El aire dulce en su viajar cansado
refresca los ambientes celestiales,
y vida da a las plantas fraternales,
y da a los animales buen estado.


Y, ¡todo es vida!, con sentir sagrado,
llenando las esferas principales
de alegre bienestar, sin que los males
arraiguen en un mundo acongojado.


Y, ¡paz da tanta!, que los hombres viven
en aureola de placer inmerso,
gozando las dulzuras de bondad.


Y hermosa tierra, con amor perciben,
al ver tan armonioso el universo,
que artífice es el aire en su amistad.

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