Creo, que una de las causas de la actual cifra de mujeres que recurren al aborto, como medio de quitarse problemas, es la falta de formación (no sólo información) y respuesta a cuestiones como:

¿Qué es para ti la sexualidad? ¿Para qué sirve?

Los jóvenes reciben un bombardeo de mensajes que venden: “Para disfrutar, para el placer, pero ¡ten cuidado! ¡Protégete! Y los jóvenes no son tontos, y por mucha información que reciban hacen caso al ¡Disfruta! Es difícil disfrutar con tanto miedo, pensando en la protección. Más que nada porque una relación sexual es un momento de encuentro, de intimidad, roce, cercanía y ¡claro!, vivirlo con tanta barrera es un rollo. 

El placer no es una finalidad de la sexualidad. ¿Qué es, entonces, el placer de la sexualidad si no es su fin?  El placer es bueno, lo ha inventado Dios, y decidió ponerlo en la sexualidad. Es algo maravilloso, porque es la manera en la que el cuerpo nos narra que algo bueno esta pasando. El placer no lo buscas. Lo que buscas es expresar un afecto verdadero. Cuando lo consigues, sientes gozo en el alma y en el corazón. 

¿Qué les esta pasando hoy a millones de jóvenes que se relacionan desde lo que ellos llaman “enrollarse”?  Pues que vienen de la cultura del “rollo”, y están incapacitados para vivir algo más profundo y maduro. Ninguna persona pierde la dignidad cuando es tratada como objeto de deseo, pero sí puede perder la conciencia de ser amable, y digna de ser amada. Y cuando esto sucede es muy doloroso.  ¿Por qué? Porque cuando violamos la naturaleza del amor, y desgajamos amor y sexualidad, esta última se convierte en una sustancia con poder adictivo, como ocurre con el alcohol o el juego. 

Lo que significa adicción es que la persona se convierte en marioneta de su necesidad. Se despersonaliza, se ve privada de libertad y la fuerza de la adicción se torna más exigente, demanda más dosis para proporcionar un placer cada vez menor. 

Y aparece ahora una cuestión importante ¿Reprimir los impulsos es “ser reprimido”? Si es bueno y normal sentir el deseo sexual ¿Por qué no dejarse llevar por el impulso? ¿No va contra la naturaleza misma el reprimir ese deseo tan normal? Reconocer impulsos no significa dejarse llevar por ellos. 

Monseñor Munilla y Begoña Ruiz lo explican muy bien en su libro titulado: “Sexo con alma y cuerpo”. Cuántas veces entramos en una tienda y pensamos  ¡Me lo compraría todo! Algo distinto es hacerlo.  Sería una compra compulsiva, siendo un grave problema si lo hiciera.  Si elige aquello que necesita, vuelve a casa contenta y feliz . Podríamos recriminarla: “reprimida”: ¿por no comprarte todo lo que te gusta?,   ¿porque has refrenado tu deseo? ¿por inhibir tu impulso? ESTO NO ES VERDAD.

Uno se siente reprimido cuando le dice que “no” al impulso sin un motivo. Sin que haya inteligencia. Reprimido es el que mueve su voluntad y dice: ¡stop! ¡no puedes! pero sin saber por qué.  El reprimido siente, desea, ansia, pero continuamente inhibe todo ello por miedo, por culpa, sin ningún buen motivo para mover su voluntad y hacer ese esfuerzo gigante que supone paralizar sus deseos, no dejarlos expresarse. 

La gente que se dice ¡no! a sí misma por voluntarismo, detrás lo que hay es miedo y culpa. Suele ser poco libre y poco feliz. Y, finalmente, también es importante abordar tres cuestiones:

 ¿Es posible esperar hasta el matrimonio para tener una relación sexual? ¿Hoy se puede defender algo así? ¿Qué sentido tiene? La respuesta a estas preguntas las  abordaré en otro artículo, pues, para hacerlo, es necesario ahondar en el concepto del amor conyugal, un tema inabarcable. 

Enrique Rojas, en uno de sus libros titulado: “El amor: la gran oportunidad”, dedica un capítulo a explicar siete consejos para los que van a casarse, con siete casos clínicos para cada uno.

1.- No divinizar el amor.

2.- No hacer de la otra persona un absoluto.

3.- Es un error grave pensar que con estar enamorado es suficiente para que el amor funcione y dure.

4.- La vida conyugal necesita aprendizajes sucesivos.

5.- Hay que ser consciente de que se pueden dar algunas crisis de la pareja.

6.- Saber que el amor maduro es un logro que tarda en llegar y significa la unión de dos personas, manteniendo cada uno su propia individualidad.

7.-El amor verdadero consiste más en dar que en recibir. 

El lenguaje del amor es solemne. Y hace falta la paciencia de un arqueólogo para descifrar el frondoso vocabulario sentimental. El amor debe ser el hábitat natural del ser humano, su ecología básica. Pero sorprende mucho que una cuestión tan principal como esta, en la que tanta gente fracasa y que se inicia con enorme ilusión y despierta unas expectativas inusitadas, acabe tan mal una y otra vez. Da pena ver tantas parejas rotas a nuestro alrededor.

 ¿Cuáles son las raíces de estos desencuentros?, a partir de los hechos es muy importante. Enrique Rojas, examina los motivos de esos fracasos, a partir del significado del amor . “Porque el amor conyugal es un arte, que tiene tres vertientes: teoría, práctica y aprendizajes continuados.” 

Aprender el arte de amar debe arrancar de tener una idea sobre lo que es el hombre y lo que significa el amor. Gustave Thibon dice: «No me caso porque te quiero, lo hago para quererte».

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