El deseo de agradar a los demás es el resultado de tapar nuestros defectos. Una demostración de falta de personalidad no conduce a aceptar las proposiciones de los demás. No nos comportemos como loros que repiten lo que oyen, sino que seamos nosotros mismos: creadores de nuestro yo y formadores de nuestra personalidad. Vamos por la vida adquiriendo valores de todo tipo: morales, éticos y religiosos sin apenas darnos cuenta. Nos enseñan que lo de los demás es lo perfecto, y, lo nuestro carece de valor, nos menosprecian. El césped del vecino siempre está más verde que el nuestro. No te importe lo que digan de ti o de tus actos porque nadie sabe, en realidad, cómo eres. Permite que la persona que tú eres salga fuera de ti, sé tú mismo y no te preocupes si los demás no te aceptan como eres, eso es un problema que ha de resolver el otro. El carácter se acentúa cuando aceptas ideas nuevas, cuando eres flexible y te metes en proyectos nuevos. Hemos de ser sinceros con nosotros mismos, todo depende de la verdad con la que vemos o proyectamos. No puedes ser tú mismo si estás lleno de resentimientos, de odios o  lleno de envidias.

Todos somos seres imperfectos, reconocida esta observación, debemos ser tolerantes y maduros respecto a los demás y aceptar los cambios como vienen. No trates de ser lo que no eres porque te estas engañando a ti mismo. Acepta tus defectos y adáptate a ellos como lo más normal de los ciclos de la vida. Querer buscar siempre el aplauso de todos es una práctica inútil, cada cual pensará de una forma diferente sobre ti. ¿A quién le importa lo que los demás digan de uno? No puedes contentar a todos, porque cuando adoras a un dios le das la espalda al otro. De esta forma,  serás independiente de los demás cuando te hagas cargo de ti.

Durante mis años juveniles sentí la necesidad de agradar a mis amigos para que contaran conmigo a la hora de salir con ellos. Y qué mal se siente uno cuando vas a una cita y la otra persona no llega porque se ha olvidado de la cita contigo. Qué bajo quedas en tu moral, y piensas «claro como no soy importante». Cuando escribes a alguien y no contesta, te humilla. Es mejor decir: «He recibido tu proyecto, lo estudiaré y ya te contestaré» que no responder porque puedes perder a un cliente para siempre.

Existe una diferencia sustancial entre lo que tú crees y lo que recibes de los demás o ellos piensan respecto de nosotros, porque es importante mantener un estatus social y profesional. Esto sucede porque has olvidado lo que tú vales por ti mismo, que es más de lo uno puede creer, esto sucede por la falta de seguridad en uno mismo.  Sé tú mismo y no dependas de los demás y verás qué cambios sentirás y la seguridad que ganarás.  La gente no responde en el mismo grado en que uno me entrega. Pasa con las parejas, se dicen: «Es que yo te quiero más que tú a mí». Tanto esfuerzo para no ser correspondido en el mismo grado de entrega, a veces choca contra la pared de nuestro propio egoísmo. Este tema es sumamente subjetivo, pues depende de  la sensibilidad y emotividad de cada persona. Las mujeres son grandes receptoras de amor y tienen muy en cuenta los llamados «detalles corteses», las «flores de la disculpa», el regalo, o el ir a cenar o bailar. Pero, ellas están tan ocupadas en su yo, que olvidan la reciprocidad de los «detalles». Y uno no lo puede tener en cuenta porque hemos de ser caballerosamente tolerantes con los olvidos femeninos.

El pensamiento  sentimental de la mujer es diferente al del hombre. Por lo tanto evita ser desconsiderado y descortés con ellas, porque nos acarreará más que contratiempos. Hombres y mujeres como iguales en derechos y obligaciones; pero somos diferentes en sentimientos y la forma de mostrar contrariedades.

Respecto a los padres, queremos que nuestros hijos sean más que nosotros, y si no se pudo hacer una determinada carrera en la Universidad, queremos o pretendemos que ellos sean lo que no fuimos nosotros. Es una forma de inducción a unos estudios que a lo mejor a los hijos no les agrada seguir nuestra carrera y por lo tanto debemos respetarlos. Por ello, a veces, los hijos se plantan y dicen: «Hasta aquí hemos llegado», y deciden ser ellos mismos.

Ante las cotidianas presiones sociales y laborales yo me convertí en un camaleón verde, era lo que los demás me decían que hiciera: ser camaleón, que no es lo mismo que ser educado, yo era el brazo ejecutor, y había perdido mi esencia, y mi personalidad, obedecía sin más. Por esta razón, ahora trato de olvidar a los jefes de la disciplina militar, y llevo una vida de jubilado, tranquila y sin importarme nada, excepto mi familia, porque son proyecciones del yo, de la proyección genética de nuestros antepasados.

No es malo ser uno mismo, la gente se adapta y se acepta. Tú no puedes hacer lo que no deseas, y por regla general somos siempre lo que quieran o esperan los demás de nosotros, ser lo que ellos quieren que tú seas. Al cambiar de piel no sentirás dolor, será un cambio de camisa indolora. La vida es una fuerza inmortal, eterna, que se perpetúa a sí misma y en tu yo. El símbolo de la serpiente que se come su propia cola es el «uróboros» representa la renovación, el renacimiento, los ciclos. Eso somos nosotros, ciclos de la naturaleza, por ellos cambiamos sin dejar de ser nosotros mismos. Siempre estamos cambiando física, psíquica y espiritualmente, lo que sucede es que no lo percibimos, es como el  barco en la lejanía del mar, parece no moverse, pero se mueve.

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