Antiguamente, a nuestra zona de confort se le llamaba zona de comodidad, que es el espacio, lugar y tiempo dedicado a tus placeres cotidianos.  Fuera de nuestros sueños existe otra realidad. Fuera de nuestra zona de confort existen otros mundos. Esta pandemia no nos deja ver los árboles, porque vivimos en un bosque de temores y mascarillas. Cuando eres joven crees que salir de tu zona de confort es irte de «barra libre por los bares con los amigos, por Labradores», cometerás muchas impudencias porque el alcohol suelta la lengua y no puedes controlar lo que hablas porque no puedes pensar meditando. Algunos se atreven a conducir sobrepasando los niveles autorizados de alcoholemia, con peligro de accidentes, sobrepasar los niveles de velocidad o entran en un control de la Guardia Civil de Tráfico o Policías Locales, que si das positivo te sacudirán el bolsillo por haber salido de tu zona de confort, alocadamente.  

Las zonas de confort a las que me refiero es la de quedarnos en casa, en el sofá o en la cama, lamentándonos de lo mal que va el mundo y lo mal que estamos. Todos conocemos casos de espíritus de superación cercanos a los milagros, como María Teresa Perales Fernández,una maña que,tras una neuropatía, y tras unos meses muy duros, asimiló y aceptó que había perdido la capacidad de andar y se adaptó a su nueva situación y aprendió a nadar, y en cuestión de un año comenzó a competir y consiguió 22 medallas en el Campeonato Mundial de Natación Adaptada, entre los años 1998 y 2019.  El francés que escala rascacielos, Alain Robert, más conocido como Spiderman francés, tiene 52 años. Algunos discapacitados suben cumbres, o acuden a los Juegos Olímpicos y ganan medallas en su categoría, y otros viajan por el mundo en su silla der ruedas. Son personas como hechas de otra pasta, de otro barro divino, el más listo de todos los espermatozoides que alcanzó a fecundar un único óvulo, que como una diana espera su dardo, su saeta fecundadora. Porque también vemos gente que hace saltos libres con paracaídas, parapente y abuelas que se dejan llevar por un ala delta con motor y los que vuelan con trajes llamados wingfly, es una modalidad entre el salto base y el paracaidismo, que consiste en saltar al vacío vestido con un traje aéreo, que imita el cuerpo de una ardilla voladora, y recorrer largos recorridos planeando, para, finalmente, aterrizar haciendo uso del paracaídas.  O el caso del vizcaíno Ramón Arroyo, que esun padre de familia al que le diagnostican esclerosis múltiple y que, a pesar de sus circunstancias,decide plantarle cara a la vida y participar en la prueba más exigente del triatlón, el Ironman de Barcelona de 2013. Cuando terminó dijo: «Yo no soy ninguna persona especial; soy una persona absolutamente normal…, pero desde luego no me voy a quedar en casa. En muchas cosas de mi vida no he sido el más rápido o el mejor, pero rendirse no ha sido una opción». En una entrevista al diario El Mundo, dijo: «Todos tenemos una esclerosis múltiple particular. Todos vamos a morir, así que hay que disfrutar de la vida, no de manera frívola, no mediante un carpe diem vacío («aprovecha el día» o «cosecha el día», pero sí aprovechando cada instante» dijo el poeta latino Horacio).  

Estas personas son dignas de admiración y merecen ser imitadas y tenidas como ejemplos de comportamiento y de no amilanarse, tanto más una persona en buen estado físico. Fueron capaces de salir de su zona de confort.

Todas estas personas citadas salieron de su zona de confort y de sus lamentaciones como una forma de no complacerse a sí mismos. El secreto de toda discapacidad está en la ACEPTACIÓN de tu situación y luego en la ADAPTACIÓN progresiva a lo que puedas hacer. Hace un mes que fui a hacerme un análisis de sangre, conté en la sala de espera a más de treinta personas, cada cual con su problema, otros venían a hacerse curas o a quitarse puntos o en sillas de ruedas, entonces me dije «yo no estoy tan mal» porque he sido capaz de venir solo. Cuando uno se reúne con gente que está más o menos como tú u otros peores, da gracias a Dios por la suerte que tienes de estar bien con los achaques de la edad. 

El que alguien esté enfermo no significa que no tenga sentido del humor o intente hacer hercúleas demostraciones de valía. Pienso que todo dolor pasa, como escribí en mi libro titulado Pensamientos líkidos con «k» de kilo, porque son pensamientos con peso específico y gravitatorio, saldo de empirismo de los años.

No digo yo que haya de estar haciendo heroicidades cada día. Antes de la pandemia iba a la piscina municipal de Babel, durante todo el año, y en verano a una piscina olímpica descubierta, una hora me vienen muy bien. Yo no soy el mejor de los ejemplos de superación personal, pero he comprendido que he de salir siempre que pueda de mi zona de confort, que es mi casa y mi cama y mi despacho. Hacer otras cosas como pintar, leer, escribir y salir de tertulia con la gente (me gusta mucho hablar). Uno está muy a gusto en su casa, lo reconozco, pero hemos de salir de ella, porque de lo contrario nos van a salir algas como las barbas de los mejillones, que son almejas sedentarias. Fuera de nuestros sueños hay vida posible. Y encima tengo la suerte de vivir en un clima templado subtropical como es Alicante con magníficas playas «la patinadora del sol».

Muchas veces no sabemos lo dichosos y afortunados que somos, dentro de nuestras limitaciones, quizás porque añoramos la eterna e imposible juventud, o el modelo apolíneo de todos perfectos. Y la vida, sabemos que no es perfecta.

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