Soy un soldado francés que luchó en las colonias africanas. Me salvé de la malaria gracias a la ingesta de ajenjo. Como remedio, hubiera bastado tomar la hierba como té, pero el caso es que el alcohol es antiséptico.

En plena Belle Époque, soy adicto a la absenta, ritual que practico a menudo en el cabaret del Infierno, donde me encuentro sentado a una mesa frente a una copa alargada, una botella de agua y otra de mi elixir. Primero, lleno la parte baja de la copa con la absenta verde transparente, luego añado agua y el licor cambia de color, del verde transparente inicial a un blanco opaco verdoso. El efecto » Ouzo» no tarda en llegar, mientras le agrego un terrón de azúcar para quitarle el amargor.

Aparece entonces el «Hada verde», será por eso que el local es una gigantesca esmeralda transparente. Al piano, un joven toca Debussy a modo Reverie. El goteo del agua en la copa es lento y acompaña al piano. Mientras bebo la música nota a nota, estoy en la trinchera.

Un compañero me empuja a un foso para salvarme y caigo a un precipicio. Nunca toco suelo: es el vuelo de mi propia muerte. Soy de piedra y me tapa la tierra. En el fondo, toco mi rostro y un dolor se hunde como aguijón de mi pierna derecha: he perdido mi pie.

En los asedios negros de la lucha infame, me despierto en el hospital de campaña. Miro mi pierna totalmente vendada y no hallo mi pie. Sin embargo, lo muevo. Mi cerebro trabaja en la ilusión del vacío.

Abro mis ojos cuando amanece. París despierta bajo una llovizna gris y apacible. Alguien me indica que el local ya cierra y salgo caminando lentamente en busca del día que me espera. Estoy vivo y no me rindo en la tremenda batalla de vivir. Mi abrigo se ha humedecido y por mi visera caen algunas gotas, como recuerdos mudos.

La inapelable historia de mi pasado me persigue, pero no me vence, jamás.

NOTA: El » Efecto Ouzo» o «Louche», proviene de la absenta, bebida de alta graduación alcohólica y consiste en el cambio de color verdoso original del licor al gris, producido por el agregado de agua y de azúcar. El proceso es lento porque el agua cae gota a gota. Esta bebida y ritual caracterizó las noches de París y se hicieron acólitos los poetas malditos y muchos pintores como Modigliani y Van Gogh. También se le llama el «Hada Verde». Su ingesta se extendió por toda Europa y se prohibió por ser considerada una sustancia psicoactiva. En 1915, estaba prohibida en toda Europa, excepto en España e Inglaterra.

© La imagen corresponde a la película «1917».

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