Las barandillas de la democracia

Las barandillas de la democracia

Amparado por el patriciado republicano y millones de incondicionales, Donald Trump sigue negándose a aceptar los resultados que su equipo no ha logrado impugnar. El encono continúa y cuanto más tiempo siga sin admitir la derrota, más se resiente el funcionamiento del Estado de derecho, las barandillas de la democracia.

Una de las primeras preguntas que Joe Biden tendrá que afrontar es: ¿qué hacer con el desesperado intento de deslegitimar el mandato de quien ha ganado, para forzar a la nación a aceptar la pretensión de quien ha perdido?PUBLICIDAD

Aquí anida el dilema sobre qué hacer: ¿Defender que la ley se respete, tanto si uno está de acuerdo como si no, o llegar a un pacto de condescendencia mientras se mira para otro lado?

Según los detractores de Trump, la disyuntiva tiene que ver con su creencia de que el Estado de derecho no le es aplicable y pone el poder ejecutivo al servicio de intereses personales, beneficiándose de la permisividad del sistema.

Hace tiempo que este derroche de audacia en el ejercicio del poder había intensificado las alarmas sobre lo que le podría esperar si perdía las elecciones. La negativa no es nueva. En 2016, Hillary Clinton y Jimmy Carter negaron validez a la victoria de Trump, para después rectificar.

Un libro de reciente aparición, After Trump, hoja de ruta para reformar la Presidencia, contiene 50 propuestas sobre conflictos de intereses presidenciales, influencia extranjera en elecciones, abuso del perdón, ataques a la prensa e independencia de las fuerzas del orden. Sus autores, Bob Bauer y Jack Goldsmith, que trabajaron con dos presidentes, no se pusieron de acuerdo sobre qué hacer con Trump y optaron por repartirse ese capítulo. Bauer (que trabajó con Obama) se mostró a favor de una investigación completa y Goldsmith (en la esfera de George W. Bush) se inclinó por la cautela.

Biden tiene mucha carne encima de la plancha para mitigar el daño incesante de la pandemia, reparar las instituciones, restaurar la confianza en el gobierno y lidiar con la subversión del Estado de derecho.

Aunque prometió que no habría perdón ni obstrucción al enjuiciamiento de Trump, no hay que descartar que su antagonista pueda estar buscando permutar su aceptación de los resultados con una promesa de indulgencia. O que trate de perdonarse a sí mismo, si bien resulta inédito y no parece que sea sostenible en los tribunales. Un escenario aún más inverosímil sería que renunciase a la Presidencia el 19 de enero, facilitando que lo perdone el vicepresidente Pence como presidente por un día.

Las maniobras legales, sin aportación de pruebas sólidas, referidas a «irregularidades en la tabulación de votos», siguen en marcha, con Rudy Giuliani sudando tinta al timón. Pero podrían tener menos que ver con tratar de anular los resultados que con ganar influencia para limitar su responsabilidad cuando deje el cargo.

La cosa no acaba ahí, ya que cuando abandone la Casa Blanca, el apoyo al ya expresidente (que llegó a decir que «no tenía la menor idea de lo importante que eran los jueces del Tribunal Supremo para los votantes»), 72 millones de seguidores, no deja de ser un respaldo que le avala para seguir influyendo en la vida política del país. En caso de procesamiento (sin ponderar una forma de actuar fruto de su carácter único y el enjambre de normas que le pusieron en bandeja una libertad, casi total, para no tener que rendir cuentas), los que optaron por su reelección, el 40% del país, podrían percibir el enjuiciamiento por crímenes federales como una ‘criminalización de diferencias políticas’.

Presidente en la sombra

Lo que sería susceptible de convertirle en un mártir o, lo que es aún peor, en un presidente en la sombra que lidera, desde un campo de golf, un ejército de hiperventilados, con anclaje en un imperio mediático propio. Al final del mandato, Trump se volcó en su reelección, convirtiendo la Casa Blanca en escenario de la Convención Nacional Republicana y organizando, días después de salir del hospital tras el coronavirus exprés, un mitin de campaña en uno de los jardines. Lo nunca visto.

Mientras resistió en el cargo, pudo sobrevivir como empresario a litigios sin límite (a lo largo de su vida, habría sido parte en no menos de 4.000 pleitos, lo que le llevó a bromear en un mitin de campaña: «tengo un doctorado en litigios»; como candidato, a discutibles prácticas de financiación de campañas; y como presidente, a interferencias en investigaciones sobre su propia conducta y a un aparente abuso del poder inmanente a su cargo, para seguir en el machito.

En los estertores de la disputada Presidencia, William Barr, fiscal general de EEUU, sigue siendo uno de sus puntales. Junto a otros pensadores conservadores, defendió la teoría del ‘ejecutivo unitario’, en virtud de la cual el presidente posee la facultad de controlar todo el poder ejecutivo. Para ello, se apoyaron en el artículo 2 de la Constitución, que no sólo da al presidente un control ilimitado sobre la política exterior y las operaciones encubiertas, sino que también lo protege contra incursiones en esa autoridad, por parte de fiscales independientes.

En un país donde el Ministerio Público opera con independencia del Gobierno federal, la fiscal general de Nueva York y el fiscal de distrito de Manhattan prometieron utilizar ‘toda la fuerza de la ley’ para investigar al presidente, a pesar de que en los últimos 50 años los fiscales federales han respetado un memorándum del Departamento de Justicia que dictamina que un presidente en ejercicio no debía ser acusado, otorgándole total inmunidad de enjuiciamiento penal.

Los partidarios de rendir cuentas, «nadie está por encima de la ley», abogan porque Biden no mire hacia otro lado. Infieren que cuando se desobedece, al grito de «puedo salirme con la mía, ya que nadie me detendrá», quizá la derrota electoral no sea suficiente castigo. Para concluir que, en un Estado de derecho, la mejor disuasión para conductas inaceptables es la perspectiva e inminencia de juicio y condena.

La política de ‘perdonar y olvidar’; en línea con lo que decía Benjamín Franklin, uno de los Padres Fundadores: «el tiempo es una hierba que cura todas las enfermedades’, no parece que sea la mejor forma de contribuir al mantenimiento de una democracia fuerte y justa.

El presidente no debería comprometerse en el análisis y las acciones legales, si las hay, que se pudieran tomar. Es tarea del Congreso y los fiscales estatales, con sólida jurisdicción sobre estos asuntos.

Dirimir responsabilidades, piedra angular de las libertades, debería asentarse en un esfuerzo silencioso, sin revanchismos, de manera ordenada y consistente, en el marco del Estado de derecho que la democracia exige. El narcisismo sociópata y las grietas del poder ejecutivo han puesto a prueba las barandillas de la democracia. La rendición de cuentas se siente como si estuviera más lejos que nunca, pero el Estado de derecho terminará imponiéndose.

Luís Sánchez Merlo
¿Qué será de Cuba sin Trump?

¿Qué será de Cuba sin Trump?

Dicen que hoy el gobierno chino ha felicitado a Biden por su victoria electoral, solo falta Putin a la cita de cortesía y, no faltaba más, el propio Trump, que aún se resiste a reconocer lo que parece un hecho incontestable y que, con su actitud obstruccionista puede que consiga hacer perder a los republicanos los dos y definitivos escaños senatoriales que se dirimirán el próximo enero.

Estos meses que quedan hasta la llegada del nuevo equipo a la Casa Blanca serán tiempos de especulaciones sobre las nuevas políticas de los EEUU, tanto en el ámbito interno como en el externo; y es en este último aspecto, el de los asuntos exteriores, donde las expectativas son mayores después del cuatrienio trumpista. En Miami dicen que, mientras la negación de la evidencia electoral intenta resistir, los analistas, que allí se llaman cubanólogos, hacen cábalas infinitas sobre el próximo futuro de la perla del Caribe.

En Cuba las cosas están difíciles, cada día cuesta más “resolvel”, ese accionar diario que consiste en acabar el día con un mínimo aporte proteínico en el cuerpo. En los últimos tiempos el son cubano lo marca la economía venezolana que, como es sabido, no está para muchas fiestas, y Cuba necesita divisas para importar y pagar los alimentos que no es capaz de producir. En esa necesidad se justifica la reciente reapertura al turismo tras la oleada inicial del covid y que con el primer vuelo trajo diez rusos positivos. La necesidad apremia.

Trump ha tomado medidas aparentes durante su mandato, para atraer al votante cubanoamericano afincado en Florida, como el control de las remesas, el control de los viajes a la isla, o el atraque de los cruceros en ella. Todas áreas en las que la familia Trump no tiene intereses económicos, la Western Union, la industria de cruceros y las líneas aéreas charter. En general hay más de cosmética que otra cosa y el resultado es un refuerzo de la idea del bloqueo que ayuda al régimen cubano a mantener la falsa idea de que están en guerra con el imperio y, por lo tanto, todos deben someterse por el bien de la patria.

La realidad es que pocas cosas cambiarán con Biden, quizás las cosméticas, que cuentan con el apoyo de algunas industrias USA pero, el nuevo presidente formaba parte del equipo Obama, el mismo que en sus últimos días de mandato eliminó la Ley de ajuste que permitía a los cubanos establecerse en los USA sin necesidad de visado y que, teóricamente, alentaba el fenómeno de los balseros, que hoy siguen escapando de la isla pero sin el amparo de antaño. Allí estaba Biden.

Los cambios en la isla llegarán con la desaparición de Raúl Castro, apartado de la escena pública últimamente y generando con ello todo tipo de rumores sobre su salud; pues hasta que no desaparezca es difícil que nadie mueva ficha allí y tampoco es plausible que sus viejos conmilitones sean capaces de aguantar la presión que se producirá tras el deceso. A Díaz Canel, el actual presidente nominal, le quedará la disyuntiva de liderar una transición al modo Suarez o intentar perpetuarse a la manera de Maduro, algo, esto último, difícil de imaginar.   

Versión en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com

45 años de restauración

45 años de restauración

Hace 45 años en este 22 de noviembre se restauraba el Reino de España y se cerraba un capítulo que había marcado la historia del país en los últimos 44 años. La II República, la Guerra Civil y la Dictadura de Franco, aquello no podía volverse a repetir, de lo contrario ¿Quién nos gobernaría o cómo estaríamos viviendo hoy si apenas 48 horas después de morir el dictador, Juan Carlos no hubiera sido nombrado Rey? No mentemos las probabilidades del que hubiera sido. Punto y final.

Y solo tres años más tarde se aprobó una Constitución por y para todos los españoles, un momento histórico que ha marcado el estilo de vida en España en estos 42 años. Podemos decir que 1978 fue el año culmen de la Transición y por fin nos podíamos ver al espejo con honra y democracia auténtica. Y ha sido un camino largo y tortuoso, porque hemos vivido de todo, bueno y malo como los intentos golpistas de la Operación Galaxia, el 23-F, la entrada en la ONU en 1985, Barcelona 92, el 11-M, el fin de ETA y el 1-O. Pero siempre hemos sabido salir adelante, y ahora nos enfrentamos a un doble enemigo dentro y fuera de este país, el COVID19 y el sectarismo político de quienes pretenden arrasar con todo el legado del 78.

Miro la Constitución y pienso que demonios hemos hecho para que nos gobiernen quienes nos gobiernan. Han violado todos los pilares de la Constitución aquellos mismos que le juraron lealtad. Los extremismos se nutren cual sanguijuela agarrada al cuello que oprime, chupando cuanto puede sin dejar nada en su mordedura. Sánchez pacta con el diablo BILDU, hasta el punto de que he visto hastags PSOETA, y no les falta razón, la supuesta austeridad podemita cobra en sus ministerios 1.5 millones de euros, la gente se muere por el COVID, los negocios cierran, los inmigrantes son dejados a la suerte cual perro abandonado sin que se pueda evitar que sufran, sin darle ayuda como seres humanos que son y una ley sin sentido alguno que pretende dejar a 2.000.000 de alumnos sin centros escolares de aquí a 5-10 años acabando con la educación concertada se aprobó esta semana.

Resumiendo, que el Congreso se ha convertido casi casi en la Asamblea Nacional Venezolana. A la cara de todos estos les arrojaría la Constitución y les recordaría la frase del gobernador de Virginia y luego defensor de la Revolución Americana,Patrick Henry.

«La Constitución no es un instrumento del gobierno para controlar al pueblo, es una herramienta el pueblo para controlar al gobierno´´

No tienen moral ni conciencia alguna, sinceramente. ¿Acaso han olvidado que la ETA llegó a matar a casi 1.000 personas, entre ellos a gente del PSOE? ¿Acaso han olvidado como lloraban las víctimas mientras estos seres execrables brindadan con sidra cada vez que pegaban un tiro en la nuca a un inocente? ¿Ha olvidado Sánchez lo que es ser político para cargarse la esencia del propio PSOE y erigirse en su caudillo? Me da asco sinceramente, usted me da asco Señor Sánchez, usted y sus socios. Es usted un títere.

En este 22 de noviembre pido a mis lectores que lancen mensajes de apoyo a las víctimas de ETA, elogien el año 1975 y 1978 y el 6 de diciembre, elogien a S.M Felipe VI por su labor intachable, pues es el único que cumple y seguirá cumpliendo. Incluso, a pesar de sus errores en estos últimos meses, no olviden la labor de Juan Carlos I que junto con Suárez rompieron las cadenas del autoritarismo para que todos fuéramos iguales. Defiendan todo esto cuanto he escrito en sus opiniones, en las mesas de sus casas, trabajos y en sus cuentas de internet Facebook o Twitter. Porque 45 años no serán borrados de un plumazo por mucha tinta que crean tener nuestros enemigos para tachar y reescribir la historia a su gusto. Nosotros, lectores, nosotros somos los que guardamos la verdad y la historia. Somos los auténticos guardianes de la democracia, la unidad, la Constitución, la monarquía parlamentaria, los derechos civiles y la libertad de expresión que a la sombra obramos y ejecutamos. Sin miedo, sin dar un paso atrás nunca. Dentro de 5 años en 2025 serán los 50 de la Restauración y el 325 aniversario de la llegada de Felipe V, ambos aniversarios deben celebrarse para demostrar que este país, este reino y sus gentes renacen siempre como el Fénix de sus cenizas. PLUS ULTRA.

Donald

Donald

Apenas elegido hace cuatro años Donald Trump presidente de los Estados Unidos de América, recuerdo haber leído una encuesta en la que se preguntaba a varios pequeños escolares qué sabían del nuevo presidente norteamericano, y la definición más cáustica y certera de cuantas manifestaron los niños sobre Donald Trump fue la de uno que dijo: “Creo que es familia del Pato Donald”. Aunque si fuera posible ese parentesco, Trump lo sería en realidad del tío Gilito. Porque el multimillonario presidente ha hecho gala continuamente de una vanidad y un orgullo extremos. Ya recién tomada posesión de su cargo, en una primera reunión de dignatarios internacionales celebrada en Europa, dio a conocer lo que significaba ser el primer mandatario mundial y, retransmitido por televisión, cuando los estadistas iban a posar ante las cámaras, como él había quedado imperdonablemente en una segunda fila, con violentos empujones apartó a los que le interceptaban la delantera para situarse en el lugar que, desde luego, le debía corresponder.

A partir de entonces, siempre ha hecho valer su suprema posición, a la que ahora le está siendo muy difícil renunciar. Aunque sea a costa de poner en duda la legitimidad y el carácter democrático de las recién celebradas elecciones presidenciales en los Estados Unidos, y de dividir en facciones enfrentadas, incluso con violencia, a sus compatriotas, como estamos viendo en los reportajes televisivos, pues se ha producido una peligrosa división entre los partidarios de Donald Trump y los que no lo son.

Muchos rasgos caracterizan este agonizante periodo presidencial: el exhibicionismo mostrado cada vez que firmaba alguno de sus polémicos decretos en el Despacho Oval de la Casa Blanca. El desprecio y hasta el maltrato infringido a los periodistas que no le agradaban. La justificación de las agresiones a quienes no le simpatizan. El negacionismo a la gravedad de la actual pandemia de la covid-19 y la burla a los que utilizaban las mascarillas, lo que le ha costado al matrimonio Trump y a muchos de sus colaboradores estar en cuarentena. Mentir a sabiendas en sus irresponsables y cotidianos mensajes en “twitter” para defender propuestas racistas o xenófobas. Y ha sido inquietante su falta de autocontrol y su intolerancia a cualquier crítica…

También son innumerables los asuntos en los que Trump ha mostrado criterios atolondrados, rompiendo tratados internacionales y alianzas largo tiempo establecidas. A la economía española la ha maltratado imponiendo, sobre todo a los productos agrícolas, duros aranceles sin parangón con otros países europeos. Pero, como lo hacía supuestamente en beneficio de su país, se ha ganado la admiración de millones de compatriotas, entusiasmados por estos gestos del presidente. Sin embargo, la mayoría de las élites intelectuales y artísticas no lo apoyan, como no lo han apoyado tampoco ahora ese mayor número de votantes a los que él acusa de tramposos, porque si han ganado, algo que todavía no acepta, será con unas votaciones amañadas. A pesar de que, según ha asegurado un comité perteneciente al Departamento de Seguridad Nacional, las pasadas elecciones han sido, desde un punto de vista técnico,“las más seguras en la historia». Y en otro comunicado, el Comité Ejecutivo del Consejo de Coordinación Gubernamental de Infraestructura Electoral, encargado de la seguridad de los sistemas electorales en el país, ha manifestado que: “No hay pruebas de que ningún sistema de votación haya eliminado o perdido votos, haya cambiado votos o haya sido afectado de alguna manera». El organismo ha indicado, sin embargo, que los funcionarios electorales «están revisando y volviendo a comprobar todo el proceso electoral antes de finalizar el resultado». «Todos los estados con resultados ajustados en la elección presidencial de 2020 tienen registros en papel de cada voto, lo que permite la posibilidad de volver y contar cada papeleta si es necesario», ha señalado el comité, al detallar que ese proceso «permite la identificación y la corrección de cualquier error o equivocación».

Pero el presidente Donald Trump se sigue negando a reconocer su derrota y ha denunciado sin pruebas un fraude electoral, al tiempo que ha emprendido una estrategia legal basada en una serie de querellas que de momento no han tenido éxito. Es el triste epitafio para el multimillonario presidente, todavía, de los Estados Unidos de América, con ínfulas de emperador.

El pelotón de los torpes

El pelotón de los torpes

En mi familia siempre me hicieron creer que yo era un joven «torpe» y falto de inteligencia, nunca me halagaban en mis progresos, porque o todo lo hacía mal y encima era un niño travieso e hiperactivo. Me comparaban con mi padre, que era poseedor de una supermemoria, de una memoria aristotélica, un caso excepcional, más si cabe cuando yo era un adolescente despistado y él tenía ya unos cuarenta años, edad en la que una persona está formada y en plenas facultades físicas y mentales. 

Algunos padres (padres, madres y tutores) siguen creyendo que los niños son hombres pequeños, cuando es un craso error, puesto que los niños están aprendiendo y formándose en el proceso de convertirse en hombres útiles y provechosos. Y repito, un niño/a no es un hombre o mujer pequeños, es un niño/a (estos son los problemas del leguaje inclusivo que nada tiene que ver con la igualdad), y por lo tanto hay que enseñarles a madurar, y preocuparse de su formación tanto educativa, moral, como religiosa, si cabe, y no dejarlo todo a merced de los docentes y educandos desde el ejemplo. “Educar a un hijo es obligación de toda la tribu”, decían en la isla de Pascua.

Yo superé los estudios primarios aprobando de raspado, no prestaba mucha atención a lo que me enseñaban los maestros o profesores, y en clase lo normal era que todos los alumnos compitiéramos en las mismas condiciones de torpeza e inutilidad con los superdotados, que los había. Ahora, a mi edad jubilar, creo que esas etiquetas que me colocaban para definirme (con la intención de que me superara) no era la correcta, porque no se puede nunca comparar o equiparar a un niño, a adolescente, con un hombre, ya formado. Y ni tampoco se debe comparar con otros niños/as, porque cada cual es diferente. No existe una escuela de padres, como el doctor en Educación José Moratinos Iglesias, quien tiene un libro que lo propone, Escuela de padres en ECU.

Son juicios ligeros a partir de criterios erróneos, a partir de nuestra propia ignorancia, a partir de la comodidad de no esforzarse en comprender el proceso de formación del cerebro, de los axones y dendritas de las neuronas requiere su tiempo de aprendizaje, de adiestrar neuronas para que estén especializadas en una actividad, como puede ser en los músicos, ajedrecistas, artistas…

Yo permanecí en el seno familiar, durante muchos años en el «pelotón de los torpes», porque como he comentado son etiquetas que te colocan y no te las puedes quitar porque, además, en el seno familiar siempre te están examinando, corrigiendo, sin libre albedrío, estás en el constante bajo su microscopio. Además, yo me rodeé de muy joven de hombres, porque empecé trabajar de administrativo a los 14 años y es que no me enteraba de la mitad de las cosas que me ordenaba el oficial administrativo, aprendí por el sistema empírico de prueba y error. 

Pero cuando salí de mi casa, del seno familiar, para hacer el servicio militar a los veintiún años, tenía yo gran experiencia laboral, me di cuenta de que no era tan torpe como se me etiquetó y que los demás compañeros soldados eran más torpes que yo. Y tales fueron mis éxitos estudiantiles, que de mil hombres yo me quedé el número veinte, y me di cuenta que tenía un gran potencial por descubrir cómo el dibujo que muestro en cada uno de estos artículos que son dibujos míos a los que les doy mucha importancia para ilustrar cada artículo (con el dibujo se desarrolla la capacidad espacial y la perspectiva). Quizás, nosotros mismos no nos valoramos lo suficiente, nos enseñan a ser humildes y no hacer ostentaciones, no tenemos confianza en nosotros mismos, pero eso cambia en cuanto hagamos una extensa lista de todos nuestros éxitos en la vida, que seguro son muchos; sin embargo, por pereza, no la hacemos, y la deberíamos tener a mano y repasarla de vez en cuando. Reprimir las emociones va contra el principio de la autoestima que es uno de los pilares del carácter y de la personalidad.  

En esta vida que nos ha tocado vivir, todo es un juego de suma y resta, de éxitos y fracasos, y deberíamos hacer este balance y te puedo asegurar que serán más los éxitos que los fracasos, porque los éxitos los olvidamos fácilmente y lo fracasos se nos incrustan en el corazón como las esfinges de las monedas, y son para siempre, y nunca jamás, a partir de ahora, deberíamos ser tan severos con nosotros mismos y darnos algunos placeres en la conquista de proyectos como poesía, escritura, pintura o música.

Como escribe Loreto Barreta Cortes en su libro Claves del optimismo, «las personas optimistas tienen más éxitos; no se agobian con facilidad y controlan mejor su vida». Yo conocí a un hombre tranquilo, era un general de brigada,  que cuanto más conflictos había en el trabajo se fumaba un puro, y se relajaba todavía más. En el caso del secuestro del avión argelino se fumó uno de sus puros «anestesiantes» y nos dejó a todos atontados por el olor del habano en la torre de control, y dirigiendo las maniobras, todo salió bien. Pero ese optimismo no es natural, sino que se aprende por el entorno, que, como el filósofo y ensayista José Ortega y Gasset, en su obra Meditaciones del Quijote, escribió: «Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo». Porque efectivamente el entorno social y educativo es fundamental en el desarrollo.

En definitiva, no situar a nadie en el «pelotón de los torpes» para que se supere, sino darle libros y comprensión.

Lo que no se ve

Lo que no se ve

A la cuestión de cómo se gestó el apoyo de la izquierda independentista a las cuentas del Estado y qué han recibido a cambio, el vicepresidente del Gobierno, ufano muñidor de los acuerdos presupuestarios, recordó con solemne irreverencia: «La política es el arte de lo que no se ve «.

Lo dice quien, en la oposición, predicaba la transparencia en la gestión del Estado y se enojaba con los supuestos pactos a escondidas, en los reservados de restaurantes que ahora se ven abocados a cerrar por la debacle de la pandemia. «Se desmoronan las trastiendas del régimen del 78», ha apuntado -con cierto deleite- una diputada de su formación.

El traslado de presos, la tramitación de indultos y la modificación del Código Penal, la eliminación del español como lengua vehicular en la enseñanza… son paradigmas de ese hallazgo; «lo que no se ve», que viene a ser que se hurta al discernimiento de los ciudadanos a cambio de apoyos para permanecer en el poder. No obstante, un portavoz de la izquierda independentista, en el Parlamento vasco, ha advertido de que esos apeos se enmarcan en la estrategia de «tumbar el régimen en favor de las mayorías y los pueblos».

En tiempos de relativismo ético, en caso de conflicto sobre fines últimos no es posible decidir científicamente, y el Estado es la fuente absoluta de toda decisión legal y moral en la vida política. La teoría «decisionista» de Carl Schmitt defiende que, en circunstancias críticas, para salvaguardar los intereses del Estado los gobernantes puedan decidir fuera de las expectativas democráticas. De manera que la aplicación del derecho depende de una decisión política, vacía de contenido normativo.

Alguien puede replicar, con razón, que son partidos democráticos cuyos representantes en el Parlamento han sido elegidos por ciudadanos españoles que pagan impuestos. De modo que, concluyen, nadie puede sentirse molesto porque participen del juego de la política. Lo que se deja de invocar es que este tipo de acuerdos no figuraban en el programa que llevó al partido que gobierna a ser el más votado y acaban cayendo en la tentación del caudillaje. Un contagioso modo de actuar.

El vicepresidente del Gobierno, que ha empeñado su ideología en el socorro a un partido necesitado de apoyos, tiene un ‘don añadido’, el de la bilocación profesional, ya que, en unidad de acto, es capaz de representar al Gobierno de la Nación y, a la vez, sindicar propuestas con una coalición que no encaja en la política exterior del Ejecutivo del que forma parte.

Su viaje a Bolivia lo ha hecho acompañando al Rey, sin desaprovechar la ocasión para desplegar su diplomacia y afianzar relaciones, como quedó patente pocas horas después de aterrizar en La Paz, cuando mantuvo un encuentro bilateral con el presidente de Argentina, Alberto Fernández.

Mientras tanto, y en sesión continua, socava la institución monárquica, sin reparar en que la lealtad y la cortesía no le restarían ni un ápice de su ardor republicano. Dos claras muestras de bilocación.

El ciudadano, empachado con los desdobles de personalidad, se pregunta: ¿puede el Gobierno desligarse de los actos del vicepresidente, o éste compromete al Ejecutivo del que forma parte, en coherencia con lo que, en su día, dijo una de las vicepresidentas para defender la unidad de acción del Ejecutivo y su cohesión y coordinación interna: «allí donde se encuentra un ministro, está el Gobierno»?

Ante la quiebra del axioma ‘dos partidos y un solo mensaje’, sigue preguntando: «¿El presidente le deja ir a su aire, como precio por gobernar, o hay que creer a quienes creen que, al jefe, esos desmarques le llevan los demonios? Y, de paso, las iniciativas desplegadas: ¿contaban con el respaldo del Gobierno o se trató de actuaciones exclusivas y personales?»

Aunque parece evidente el malestar gubernamental por la diplomacia paralela del paladín de Unidas Podemos, aunque en este caso no se considere implicado, el Gobierno no puede desligarse de los actos por varias razones: está allí como miembro del Ejecutivo, órgano colegiado, enviado por el presidente del Gobierno, como ministro acompañante del jefe del Estado.

‘Actividades particulares’

Al desvincular las ‘actividades particulares’ del invitado, personalmente, por el recién investido presidente de Bolivia, la titular de Defensa dejó claro que la iniciativa de promover La Declaración de La Paz no contaba con el respaldo del Gobierno y había que atribuírsela de manera exclusiva a Pablo Iglesias. Un ejemplo añadido de bilocación. En esa declaración, que lleva su huella indeleble, se señala al ‘golpismo de ultraderecha’ como la ‘principal amenaza a la democracia y la paz social’, que «se expande a nivel global; propaga la mentira y la difamación sistemática de los adversarios, apela a la persecución y la violencia política; promueve desestabilizaciones y formas antidemocráticas de acceso al poder».

Según Max Weber, el decisionismo resulta del ‘proceso de racionalización del mundo occidental, que culminó creando una civilización en la que la humanidad se halla hoy atrapada, como si se tratase de una jaula de hierro’. El apareamiento entre esa dualidad táctica, bilocación, y la capacidad de resolver con rapidez un problema, desemboca de forma inevitable en populismo.

En consonancia con la estrafalaria versión de la Marcha Granadera, interpretada por la banda de música que recibió en la capital andina a la delegación española, con el Rey inmutable, escuchando el himno entre dos maromos -con el puño en alto- que le llamaban hermano.

El aforismo ahora empleado viene a relevar aquella frase atribuida a Winston Churchill, que durante tanto tiempo hizo fortuna: «La política es el arte de lo posible», con su añadido, «pero para lograrlo hay que insistir en lo imposible».

Luís Sánchez-Merlo

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