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KAREN BLIXEN ÍNTIMA

Yo tenía una granja en África, en las colinas del Ngonj

Todos conocemos esa frase del film de 1985 y que es el mismo que empieza en sus Memorias de África, donde dejó su corazón e incluso su alma, en las llanuras de aquella Kenia colonial Karen Blixen viviría la vida con auténtica intensidad.

Vivió 77 años, escribió 7 libros y concedió 7 entrevistas. Toda su vida la Baronesa Blixen consideró el 7 como un número suyo propio, el de la buena suerte y con magia. En este pequeño libro se recogen las 7 entrevistas que concedió entre 1934-1962 poco antes de su muerte, llevándonos desde su casa natal en Dinamarca la Hacienda del lago Runsgted hasta París, Roma y New York mientras se codeó con lo más selecto como Stravinsky, María Callas, Marilyn Monroe o Arthur Miller.

Karen Blixen nació en la finca familiar el 17 de abril de 1885, su familia pertenecía a la alta burguesía danesa. Cuando tenía 10 años su padre, aquejado de sífilis, se quitó la vida, algo que la marcó para siempre y cuyo miedo a contagiarse la acompañó el resto de su vida. Se educó, al igual que sus hermanas, en prestigiosas escuelas suizas donde aprendió piano, pintura y francés.

En 1913 se casó con su primo segundo el Barón Blixen y se mudaron a la plantación de café que este adquirió en Kenia. Plagas, sequías y monzones no faltaron en aquel lugar, pero también la belleza de los leones, las noches con los kikuyus y Masais y Denys Finch Hatton, porque él fue el gran amor de su vida. Karen no hubiera querido volver a Dinamarca, pero todo se perdió. Primero la Guerra en 1914, después el contagio de sífilis por su marido de quien se divorció en 1921, la muerte de Denys en 1931 al estrellarse su avión y la pérdida de la granja, aquello fue el golpe definitivo.

Durante 3 años no supo donde estaba ni quien era, encerrada en su casa familiar decidió empezar a escribir, trajo consigo sus relatos de África y poco a poco recuperó la ilusión por vivir. En esas entrevistas vemos a una Karen Blixen o Isaac Dinessen como firmaba sus libros, llena de vitalidad, animando a la gente a ser valiente pese a los riesgos que conlleva tomar una decisión y a reír siempre pese a que todo vaya mal en la vida.

Son de por sí como unas segundas memorias de la autora, aparte de las vividas en África, mostrando temas personales e intelectuales y a su vez la personalidad arrolladora y extravagante de la Baronesa. Karen Blixen siempre llevó en su madurez y vejez turbantes y sombreros exóticos, vestía de negro y se maquillaba los ojos con khol y la tez muy blanca, dando un aire fantasmal, siempre le gustó escandalizar. A su vez era alguien frágil, fumadora compulsiva hubieron de operarla de estómago y de la espalda aquel año de 1956, sufría de mal nutrición a raíz del lento envenenamiento por arsénico y mercurio que tomó para tratar la sífilis, sumándose disentería. Al final de esos años estaba tan delgada que apenas podía tomar alimentos sólidos.Una docena de ostras, champán y fresas y café eran su comida constante.

Toda su vida arrastró aquella cruz propia, refugiándose en sus recuerdos de Kenia, de los cuales habla constantemente en las entrevistas que le realizaron para olvidar el dolor y evadirse. Nunca regresó, porque si lo hubiera hecho ya nada sería como antes. Fue fiel a la historia como le dijo su abuela siendo niña, que la única forma de conservar los recuerdos que de verdad hemos amado y han sido verdaderos es ser fiel a como fueron y no cambiarlos por otros.

Karen Blixen murió el 7 de septiembre de 1962 en su casa de Dinamarca. En el momento de fallecer pesaba solo 36 kg, apenas podía moverse y usaba bastón. Todas las noches, antes de acostarse, escuchaba en el gramófono de Denys las melodías que ambos habían escuchado en sus safaris por la sabana. La enterraron en la colina del jardín que le recordaba a las colinas del Ngonj y donde en 1931 ella había sepultado a Denys.

Creo que pese a todo lo que se haya dicho después sobre ella esta es la auténtica Karen, la auténtica Sabu (leona) como la llamaron los nativos en Kenia. Lo fue, porque son las leonas las que pelean para sobrevivir, sin duda alguna aquel fue el espíritu que la acompañó por siempre al ser bautizada por el rugido de la sabana.

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