Plegaria

Plegaria

Señor, ante ti, te pido
que me reconfortes
en mi penar de cada día.

Creo en ti, Jesús, hijo de Dios,
cada año resucitas
de entre los muertos al tercer día.

Tú fuiste crucificado, y cargaste
con todos nuestros pecados.

Señor, Dios mío,
líbrame del peligro de pecar,
porque tengo fe en ti.

Que se aleje el demonio
hecho carne, que habita
entre todos nosotros,
para que pueda mirarte
con ojos serenos y puros.

Es mi fe la que me permite
seguir contemplando tu imagen.

¡Cuánto dolor hay en ti!
Pero ahora estás a la derecha
del Padre en el glorioso día
de la Resurrección.
Amén.
Letras de amor

Letras de amor

Mis versos son letras de amor
Bellas y tolerantes,
Que no ambulantes,
Y dan caricias.


Mis versos son y hablan de amor:
aires...,
brisas...,
quereres.


Mi alma está encerrada
en una cárcel de amor,
se está muriendo de tanto amar.


Escribo latente, suspiro y deliro.
La pluma sigue a mi mano
porque no muere de amor.
Mi desolación es no poder olvidar,
por ello, estoy en una cárcel
que no se desvanece.
Vivo sin vivir en mí

Vivo sin vivir en mí

Vivo sin vivir en mí
-decía Santa Teresa de Jesús-,
y tan alta vida espero
que muero porque no muero.


Le pregunte un día a mi conciencia
si el motivo de vivir era la alegría
de estar enamorada.
Y ella me contestó
que si tenía motivo para vivir,
razones tendría.


La alegría es mi himno,
mi sonrisa nace sola
y yo, amorosa, miro al cielo.


La tristeza es no estar contigo, 
mi desencanto es no vivir contigo,
y así moriría sin vivir.

Todos los nombres me llevan a ti

Todos los nombres
me llevan a tu nombre,
¡mi diosa!
Canto tu nombre,
mi acento está en tu nombre,
mi poema cantado lleva tu nombre.


   Eres para mí el Universo,
mi alegría y mi camino,
nada existe
que no mencione tu nombre.


   Eres mi sueño
y mi luz que amanece,
eres el cantar de los cantares.


   Tu abrazo
estrecha el cuerpo deseado.


   Lágrimas perdidas
de un mirar sin aliento.


   Recuerdos vividos...,
en total desencuentro.
El árbol

El árbol

El árbol donde se cobijan las almas,
donde se da la sombra
durante el disfrute del verano.


El árbol frondoso invita a sentarse
y le hablas como si de un confesor se tratase,
como si fuera parte de ti,
sintiendo un descanso cuando lo haces.


¡Árbol de mis alegrías y de mis penas!
Pongo en ti una señal, una flecha,
un recuerdo solo para mí.


Lo importante es que mi alma
 deseosa, descansa de recuerdos vividos
y de tristeza que dejaron en mis ojos...


Lágrimas perdidas de aquel mirar
sin aliento, recuerdos y tristezas
en un total desencuentro.

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