Seré breve en este artículo con una simple frase: Están al límite. Tres palabras para definir la situación de una ciudad, de un país, de una sociedad y de un gobierno que ya hace aguas por las cuatro esquinas y la paciencia de un pueblo que ha llegado al final de esta misma.
Jamás en los 50 años de nuestra democracia que nos costó una guerra civil de 3 años, una dictadura de 40 años y una Transición ejemplar con una constitución de la que todos podemos formar parte, se ha visto a un presidente del gobierno que prefiriera estar a la bartola en vez de arreglar un desastre a escala nacional. Es un ejemplo de bajeza política, moral y hasta humana. Pero no solo esa dejadez es lo que está agravando aún más la ya insostenible situación de Ceuta, lo es también que sectores radicales busquen un culpable donde no lo hay para echarle sus responsabilidades y es lo que han hecho por ejemplo con Su Majestad el Rey, impidiendo que fuera a Ceuta a estar con la gente cuando como jefe de estado debía de estar allí. No les faltó tiempo a los socios de gobierno para atacar a la corona, acusándola de faltar a sus deberes manipulando la situación.
No necesito una bola de cristal para saber que este es quizás el final de todo lo que hemos tenido que presenciar. Ceuta no se venderá al sátrapa de Rabat, Ceuta no se rendirá, sino que vencerá, he dicho pues.