España, Corona y Constitución

El hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo fue el pasado día 6 de diciembre un clamor de sonoros aplausos a Sus Majestades los Reyes Eméritos, don Juan Carlos y doña Sofía, y a los monarcas reinantes don Felipe VI y doña Letizia. La España de hace cuarenta años y la España de hoy, en secuencia perfecta de transmisión de valores constitucionales, alababa el papel de la Corona en la Transición y como factor decisivo en la estabilidad nacional.

Sonrisas, guiños complacidos, saludos, miradas de agradecimiento. Todo un homenaje del Pueblo soberano a la Corona y de la Corona al Pueblo. Cuarenta años de democracia y libertades bien merecían un momento para la historia como éste.

Además de las previstas ausencias físicas de quienes odian la Constitución, la Corona y la Patria; destacaba la ausencia espiritual del grupo morado. Caras de funeral en medio de la fiesta. Rostros airados que buscaban enfangar la memoria de una brillantísima época por haber asumido, como inmutables, sus propias y machaconas soflamas. Con su nuevo emblema de salón de belleza en las solapas, cargados de premeditada arrogancia, se mantuvieron en pie, eso sí, cuando tocaba; pero insensibles a tanta emoción como la sede de la soberanía popular contenía. Parece que para ellos, la conquista de la libertad política y una transición modélica de la dictadura a la democracia, no merecían ni un solo aplauso. Encapsulados en su mundo alternativo, las masivas y prolongadas ovaciones del resto de sus señorías se les han tenido que hacer eternas.

El discurso de la Presidenta del Congreso, amplio y lleno de citas. La ocasión lo requería, pues desde el PCE hasta AP, los hombres y mujeres del 78 supieron anteponer sus ideas máximas al interés general y al progreso de España. Actuaron con enorme dignidad y patriotismo, sabedores de la oportunidad única que la Historia ponía al alcance de España tras 150 años de conflictos civiles y regímenes contrapuestos.

Y todo ello bajo el amparo de la Corona y la buena voluntad de aquel pueblo, de aquellas dos Españas, que aspiraban a ser una sola para construir un futuro en paz, progreso y libertad. Consenso y concordia. Esperanza para el mañana.

Su Majestad el Rey, don Felipe VI, glosó también los logros de aquel periodo, dirigiéndose, afectuoso, a sus augustos padres, a los ponentes de la Constitución aún vivos y a los ex presidentes: González, Aznar, Rodríguez Zapatero y Rajoy. Flotaba en el ambiente el recuerdo imborrable de Adolfo Suárez.

Una imagen de continuidad y unidad que, desgraciadamente, dista mucho del panorama político al que nos enfrentamos en estos compases finales del año 2018. Qué difícil sería ahora buscar el necesario consenso, el patriotismo y la renuncia en nuestra clase política presente. ¿Dónde quedaron los líderes inteligentes y generosos de hace cuarenta años?.

El tiempo histórico es inexorable y cada momento trae sus afanes. Lo bueno y lo malo del ayer puede ser evocado como un ejercicio de nostalgia, pero debería tener también una utilidad práctica, convirtiéndose en un ejemplo para el hoy.

Son muchas las incógnitas que planean sobre nuestro inmediato futuro, muchos los retos que deberemos asumir. Los resultados de las últimas elecciones andaluzas han puesto de manifiesto la gran fragmentación ideológica en la que estamos sumidos. Estos comicios han servido también para retratar a quienes provocan algaradas callejeras como respuesta antidemocrática y liberticida frente a unos resultados electorales que proceden de una consulta limpia, legítima y democrática.

“La Corona de España está indisolublemente unida a la democracia y a la libertad”, ha dicho don Felipe VI. Nuestra tarea como monárquicos es seguir defendiendo estos tres altos ideales: España, Corona y Constitución. Con el recuerdo de quienes hicieron posible la concordia, continuamos caminando.

Cita en Sevilla

Cita en Sevilla

Con gran acierto y oportunidad, se ha desarrollado este fin de semana, en la eternamente bella ciudad de Sevilla, la convivencia entre delegaciones de la Hermandad Nacional Monárquica de España. Una cita preparada con esmero por nuestro secretario de Expansión y presidente regional de Andalucía, don Juan José Martín López, que ha supuesto el inicio de una serie de encuentros culturales y de confraternización entre los monárquicos españoles.

En unos tiempos turbios, cuajados de problemas y retos, resulta altamente positivo el reforzamiento de nuestros lazos, el conocimiento directo de las distintas delegaciones y las personas que las integran. España, una nación con siglos de historia, es múltiple y diversa. Esa diversidad y esa multiplicidad son nuestra riqueza, como también lo es el magnífico patrimonio humano que conforman nuestros hermanos repartidos por toda la geografía patria y aún fuera de ella.

Su Majestad el Rey nos ha pedido en Valencia que perseveremos en la defensa de los valores constitucionales, pues en la Carta Magna se alberga el tesoro de nuestras libertades. Esa Constitución de 1978, por algunos combatida, es la garantía de la paz y del entendimiento entre los españoles.

Una manera espléndida de profundizar en ese entendimiento son estas reuniones interregionales, oportunidad preciosa para estrechar lazos en un ambiente de agradable convivencia.

El excelente programa, que ha contado con una estupenda visita cultural, en la que no ha faltado la cita del IV Centenario de Murillo; se ha completado con una comida de hermandad, la visita a la Basílica de la Esperanza Macarena y la asistencia a la Gala de la Liga Naval en el acuartelamiento de Tablada.

Mientras los enemigos de la Corona persisten en su discurso de fractura y disgregación, los monárquicos tenemos el inexcusable deber de sumar voluntades, construyendo espacios de diálogo y libertad en el marco del respeto a las leyes y la lealtad a España y al Rey.

Durante esta semana se han vuelto a repetir esperpénticos plenos en algunos ayuntamientos, pretendiendo hacer tabla rasa de la realidad con una renuncia a la monarquía absolutamente vacua y carente de sentido. Brindis al sol, o mejor a la luna, pues de lunáticos es creer que una entidad local puede enmendar la plana a las leyes de una nación libre y soberana.

Con todo y con ello es preciso permanecer alerta, pues nuestra Hermandad no sólo se congratula con los éxitos de la Corona sino que debe realizar una defensa activa y social de lo que la Monarquía Parlamentaria representa para nuestra España.

Los meses que vienen por delante, con horizontes electorales diversos, van a revelar hasta qué punto las corrientes de fractura son algo más o algo menos que lo que pretenden en estos días del corazón del otoño.

La Hermandad Nacional Monárquica de España no es una fuerza política ni aspira a serlo, pero nunca dejará de ejercitarse en las funciones para las que surgió: la defensa de la monarquía parlamentaria, la unidad de España y el sistema democrático.

Por todo ello, el rotundo éxito cosechado por la iniciativa del encuentro en Sevilla no ha sido sino poner en práctica lo que Su Majestad el Rey dijo en su discurso de proclamación ante las Cámaras reunidas en sesión conjunta:

“…Nuestra diversidad como una característica que define nuestra propia identidad, al proclamar su voluntad de proteger a todos los pueblos de España, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones. Una diversidad que nace de nuestra historia, nos engrandece y nos debe fortalecer…Y esa convivencia, la debemos revitalizar cada día, con el ejercicio individual y colectivo del respeto mutuo y el aprecio por los logros recíprocos. Debemos hacerlo con el afecto sincero, con la amistad y los vínculos de hermandad y fraternidad que son indispensables para alimentar las ilusiones colectivas…”.

Ese es el camino.

Juventud, Divino (y republicano) Tesoro

Andan revueltos estos días algunos grupúsculos de la Universidad Autónoma de Madrid, tratando de sacar adelante un supuesto referéndum entre los estudiantes. ¿Se imaginan la pregunta?. En efecto, aciertan ustedes. La misma cantinela de siempre: “visibilizar la opinión de la juventud acerca de ser súbditos de una institución anacrónica, corrupta y vinculada al régimen franquista” (sic).

Resulta sorprendente tal aluvión de majaderías en una sola frase. Más les valdría a sus autores hincar codos y estudiar para poder luego expresarse con propiedad.

Mis poco aventajados alumnos/as: los españoles no somos súbditos de nadie, sino ciudadanos libres en un estado democrático de derecho. Ha sido una larga lucha desde la Constitución de 1812. Nos ha costado varias guerras civiles y no poco sufrimiento. Yo creo que los súbditos sois vosotros, que obedecéis sin rechistar las consignas de determinadas y extremistas siglas. Esa sí que es una manifestación de servidumbre.

Mis poco aventajados alumnos/as: las monarquías europeas no son una institución anacrónica, puesto que han sabido evolucionar con los tiempos, adaptándose perfectamente a los estándares democráticos del mundo de hoy. Así lo ponen de manifiesto todos los indicadores del Índice de Desarrollo Humano y los observatorios sobre la democracia de las naciones. Si queréis algo anacrónico, buscad en los postulados de las siglas que os dirigen y que siguen empeñados en reeditar regímenes fracasados y verdaderamente caducos.

Mis poco aventajados alumnos/as: desgraciadamente algunos casos de corrupción han sido protagonizados por personas cercanas al Rey. Estamos en un estado de derecho y los tribunales siguen haciendo su trabajo, depurando responsabilidades donde las haya. ¿Tiene un sistema republicano la varita mágica para librarse de la lacra de la corrupción?. Creo que desde los tiempos de Yugurta, francamente no.

Mis poco aventajados alumnos/as: la Historia de España no comenzó en 1931, ni en 1936, ni en 1975. Somos un país más que milenario y nuestra monarquía un hecho esencial en nuestra formación como nación. Si frecuentarais más las bibliotecas y menos las páginas web de grupúsculos radicalizados y extremistas, os daríais cuenta que durante el franquismo existió una importante oposición monárquica al régimen, tanto de signo juanista como de signo carlista. Aprenderíais que estas fuerzas vivieron el exilio y que participaron en las plataformas democráticas antifranquistas.

Además de eso, la legalidad vigente en 1975 era la única que se podía aplicar en ese momento y que don Juan Carlos I respetó para, de la ley a la ley, conducir a España hacia un sistema democrático. El Rey pudo haber perpetuado el régimen, pero prefirió, con la ayuda de todos los españoles de buena voluntad y diferentes sensibilidades políticas, iniciar el camino hacia la democracia, esa democracia que hoy os permite decir esas sandeces a pesar de su intrínseca mentira.

En sus “razonamientos”, plantean los promotores de este referéndum “a la búlgara”: “Los jóvenes estamos hartos de que se utilice la inviolabilidad de una Constitución votada bajo chantaje, mucho antes de que naciéramos y sobre la que ni nuestros padres pudieron decidir”(sic).

Ignoro quién os ha otorgado la representación de la juventud española y de su supuesto hartazgo, pero decir que la Constitución de 1978 fue votada bajo chantaje es una soberana estupidez. Eso significaría que el 91´81% de los votantes, que votó sí, nada menos que 15.706.078 personas, fue a los colegios electorales bajo coacción. ¿Cómo se puede chantajear a todo un pueblo que sólo buscaba, paz, trabajo y libertad?.

En cuanto a lo de decidir a cada momento, creo que no tendríamos fechas en el calendario para someter a votación constante aquello que no nos interesa. Ya sé que Fichte decía que la nación era un plebiscito permanente, pero tener que votarlo todo y todos los días me parece un ejercicio absurdo. Aunque no estaría mal organizar alguna consulta como, por ejemplo: “Referéndum sobre la inoportunidad histórica de la invasión musulmana del año 711”, yo no estuve y me gustaría votar. “Referéndum sobre la abolición preventiva de los regalos de Navidad”, ya se que las grandes superficies me van a llamar de todo. “Referéndum sobre la limitación de la estupidez humana”, aunque me meta en un lío. “Referéndum sobre el Código Civil”, yo no lo he redactado y me gustaría opinar. Para qué seguir.

La juventud es impetuosa, tendente a sacar conclusiones automáticas. Está guiada por un sentido justiciero que la reflexión del tiempo convertirá en espíritu de justicia. Es fuerza para nuestras sociedades. Pero, ¡cuidado!, en manos de interesados manipuladores, puede ser un ariete que los republicanos de laboratorio tratarán de emplear contra la Corona y la Constitución.

Terminó el recreo. Queda mucho curso y hay que seguir estudiando.

Las palabras de un gran Rey

La cita anual de la ceremonia de entrega de los “Premios Princesa de Asturias”, constituye una de las atalayas más importantes para tener una visión de conjunto de nuestra vida nacional. El Teatro Campoamor de Oviedo ha vuelto a ser el escenario sobre el que se ha rendido merecido tributo a personalidades de todo el mundo, que han destacado por sus benéficas aportaciones a todos los campos del saber, a la concordia y a la libertad.

Además de los mensajes de los galardonados, siempre resulta punto de necesaria atención, el momento en el que S.M. el Rey toma la palabra. Lo hace para alabar los méritos, logros y aportaciones de los premiados, pero siempre incluye mensajes bien evidentes de sus esperanzas y deseos para el caminar de España.

Escuchando a don Felipe VI recuperamos la sintonía con lo que todos anhelamos para nuestra Patria: “autenticidad, respeto a la verdad y proyectos asentados en el tiempo sobre principios sólidos y convicciones profundas“.

No resulta un asunto menor que el Rey invoque la autenticidad en un mundo de falsarios, la verdad en un contexto en el que las mentiras más descaradas se toleran; y los sólidos principios en momentos en los que, parafraseando al genial Groucho Marx, éstos pueden ser cambiados por otros si no nos gustan o no nos convienen.

Sigue diciendo Su Majestad: “Hemos aprendido que, al cultivar la generosidad, el talento, la bondad y la palabra, se engrandece nuestro concepto de humanidad por encima de culturas, ideologías, intereses y visiones del mundo”.

Generosidad, talento y palabra dada frente a egoísmos partidarios, mediocridad rampante y deslealtad manifiesta. Qué espléndido análisis de cómo deben ser las cosas y cómo una parte de nuestras sociedades lucha por ellas, a pesar de las dificultadas y trabas de toda índole que debe afrontar.

El final del discurso del Rey estuvo dedicado al recuerdo del ya próximo 40º aniversario de nuestra Constitución de 1978. No podía haber elegido mejor cierre en unos momentos políticos en los que, con tanta saña, algunos grupos pretenden dar por amortizada la Carta Magna.

La Constitución de 1978 es la pieza esencial para comprender cómo fue posible el desarrollo de la Transición, el camino hacia la democracia. Así lo expresaba el Rey en su alocución: “Una Constitución fruto de la concordia entre españoles, unidos por un profundo deseo de reconciliación y de paz; unidos por la firme voluntad de vivir en democracia. Una Constitución que recuperó para el pueblo español la soberanía nacional y que devolvió a los españoles su libertad y su condición de ciudadanos; que reconoció también la diversidad de sus orígenes, culturas, lenguas y territorios…un gran ejemplo del que podemos sentirnos profundamente orgullosos…una lección de convivencia que dignifica la política y engrandece nuestra Historia; como la mejor muestra de la generosidad, la madurez, y la responsabilidad de todo un pueblo que ganó la democracia y la libertad.”

No se puede decir con más claridad. Y es precisamente la claridad de ideas de nuestro Rey la que tanto molesta a los enemigos de nuestra libertad e incomoda a los tibios. Ambos quisieran que el Monarca fuera una figura decorativa presa en su función institucional. Pero, por fortuna, el Rey tiene voz propia y lo ha puesto de manifiesto, frente a la estulticia de muchos, cuando se inició la subversión del ordenamiento constitucional en Cataluña.

Por eso van de la mano en su odio hacia la Corona todos aquellos que desean destruir la Constitución. Buscan derribar el puntal de nuestra unidad, el símbolo de todo un pueblo, la garantía de nuestras libertades.

Las palabras de un gran Rey vuelven a marcarnos la ruta. La libertad que gozan los que se oponen a la Corona jamás la gozaríamos quienes somos sus defensores si aquéllos lograran el cambio en la forma de estado.

Unidos a nuestro Rey, don Felipe VI, bajo el manto de la Constitución, y con el más alto sentimiento de servicio a España; seguimos avanzando hacia el futuro. Unidos somos más fuertes y, sólo así, los disgregadores y los liberticidas no prevalecerán.

Viento Divino

Viento Divino

Así se traduce, según los entendidos, la expresión japonesa “kamikaze”. Y tal parece que en eso se ha convertido para la vida de nuestra Hermandad el pretendido huracán desatado: un viento divino.

Han transcurrido tres semanas desde que el diario ABC permitiera la publicación de un nefando artículo, plagado de falsedades, contra nuestra Hermandad y nuestro Presidente Nacional; y que ha causado considerable revuelo dentro y fuera de nuestras filas.

Tanto una como otro han procedido a ejercer el derecho a su pública defensa y serán los tribunales de justicia competentes quienes actúen y dictaminen.

Mientras la justicia hace su trabajo, nosotros debemos seguir con el nuestro, que sigue siendo mucho y apasionante.

Es una verdadera lástima que los rencorosos de siempre intenten dinamitar el prestigio de la HNME vertiendo calumnias de toda especie, pero cada cual debe hacer honor a su condición.

Hoy quiero reflexionar sobre algunas de las mentiras más jugosas del tan celebrado pasquín.

Cualquiera que conozca bien nuestra Hermandad sabe que el ingreso está abierto a todo ciudadano de bien que defienda la monarquía parlamentaria y el sistema democrático. Si alguno de nuestros miembros está en posesión de algún título de nobleza, es cuestión particular suya y de nula influencia en nuestra vida asociativa. Para alcanzar nuestros fines no se requiere limpieza de sangre.

La HNME jamás ha concedido títulos nobiliarios de ninguna especie, porque no puede hacerlo y porque jamás lo ha hecho. En cuanto a la expedición de otros reconocimientos de nobleza, no conozco ninguno en la Hermandad, díganme cuál.

Nuestros honores y recompensas tienen un carácter interno y han sido creados dentro de la capacidad legal asociativa que a la HNME le corresponde, como a cualquier otra asociación. Y, además, no existe ninguna “parafernalia”, como afirma la autora del lamentable artículo, con investiduras caballerescas, mantos o espadas ceremoniales. Yerran el tiro.

Nuestra imprevista detractora, otrora amiga, da por supuesto que la HNME es una asociación pseudonobiliaria, no comprendiendo su carácter premial estatutario, que por cierto comparte, con otras asociaciones tan legales como la nuestra. La HNME no es una entidad ni nobiliaria ni mucho menos pseudonobiliaria, y jamás lo ha sido, lo diga quien lo diga.

En ningún momento la HNME se ha presentado en sus recompensas como actuante en nombre de Su Majestad el Rey, así como el Presidente Nacional ni ha representado jamás, ni representa, a nuestro monarca; eso es público y notorio. Como también lo es que la Casa Real conoce y está al tanto de nuestras actividades, como fehacientemente se puede demostrar.

Se obstina la autora del artículo de marras en afirmar que SS.MM. los Reyes no han aceptado ser sus “hermanos mayores”. Más bien habría que decir que, de momento, no han aceptado la condición de Presidentes de Honor, que no hermanos mayores; pues no somos ni una maestranza ni una hermandad religiosa. Procure enterarse mejor.

Uno de los golpes bajos más notorios del lamentable artículo es la referencia expresa a algunos de nuestros galardonados con la Gran Cruz de la Lealtad Monárquica, como si éstos debieran arrepentirse de haberlo sido. Los excelentísimos señores don Joan Mesquida, don Juan José Laborda, don Luis María Ansón, el general Grau, don Marcial Marín, don Santiago de Santiago y otros muchos, son perfectos conocedores de la gran labor de la HNME y están muy orgullosos de haber sido distinguidos por ésta como leales monárquicos.

En nuestra heráldica y emblemas no aparentamos relación con la corona, empleamos símbolos vinculados a la Monarquía, pues somos monárquicos. La corona real, la Cruz de Borgoña o las lises son patrimonio heráldico del pueblo español desde hace siglos. Nunca hemos empleado las armas privativas de ningún miembro de la Familia Real.

En cuanto a que el Derecho Premial requiere de actualización, completamente de acuerdo, para que persiga adecuadamente a quienes realicen esas prácticas fraudulentas con las que la HNME nada tiene que ver. Por cierto, ya de paso, y por proponer, podría solicitarse que se impida que a nuestros políticos se les concedan órdenes del estado simplemente por haber ocupado ciertos cargos, sin haberse sometido a un mínimo juicio contradictorio sobre su desempeño.

Así pues, lo perseguido por el artículo kamikaze: sembrar la calumnia y el desconcierto entre propios y extraños; se ha transformado en un “viento divino”. Viento, que nos sigue impulsando en nuestros nobles ideales y, divino, ya que ha servido para solidificar lealtades y facilitar nuevos ingresos de gran valía que ya están ocupando sus puestos. Porque para provocar estragos mediante un ataque suicida, al menos en Japón, ha de emplearse la palabra: “tokkotai”.

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