La ideología, parapeto contra el virus

Es chocante que la pandemia del coronavirus se extienda por el mundo dejando a salvo a algunos países. En América nos encontramos con el caso que forman los países del socialismo del siglo XXI, Venezuela, Nicaragua y Cuba. Los tres parecen contar con una especial protección que los mantiene a resguardo del peligro; todo lo contrario de Ecuador que habiendo repudiado a Correa se encuentra ahora asediado por el coronavirus.

Es bueno que el morbo no entre en esos países; el sistema sanitario no parece que tenga los resortes para hacer frente a lo que se les puede venir encima. Venezuela lleva años viviendo en un “sálvese quien pueda” y con mucha frecuencia nos llegan noticias del estado de abandono en el que se encuentran sus hospitales por lo que cuesta trabajo imaginar cómo podría empeorar la situación allí. Es tan mala la situación hospitalaria que la epidemia podría tardar en ser declarada simplemente por no percibida. El régimen bolivariano ha dejado el país en tal estado de postración que el coronavirus apenas da miedo.

En Nicaragua Ortega está consiguiendo lo que parecía imposible, hacer bueno a Somoza. Tantos muertos y tanta revolución para acabar como un sátrapa más de los muchos que han tiranizado a los pueblos iberoamericanos a lo largo de los años. Su vecina Costa Rica ya tiene el virus y con el trasiego de emigrados que diariamente fluye entre ambos países parece difícil pararlo. Será algún tipo de fuerza protectora que no alcanzamos a comprender la que impide su entrada.

El caso cubano es diferente. Cuesta entenderlo teniendo en cuenta que Italia, Francia y Alemania están entre los principales emisores de turistas hacia la Perla del Caribe. Una situación extraordinaria como casi todo lo relacionado con la isla, especialmente en lo que toca a la salud, un apartado en el que, con mínimas inversiones desde que en 1989 la URSS les abandonó, se mantiene una “imagen” de solidez muy alejada de la realidad.

En Cuba ya solo les queda un hospital en condiciones aceptables, es el perteneciente al Ministerio del interior, donde “cuidaron” del presidente Chávez hasta su muerte y al que solo la Nomenclatura del régimen y sus familias tiene acceso. El resto de la población tiene que apechugar con estructuras muy obsoletas y deterioradas, así como una carencia total de medicinas y también de productos higiénicos básicos. Pero el virus no entra en Cuba.

¿Será el bloqueo o será la ideología que les protege? O simplemente será que, como en todos los regímenes totalitarios, la información es el poder.

*Versión en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com

Zapatero y Sánchez, una misma mentira

“Los españoles merecen un gobierno que no les mienta” es una frase lapidaría y con una enorme carga política que, pronunciada por Rubalcaba en la víspera de las elecciones tras los atentados del 11M, consiguió dar la vuelta a las encuestas previas, retrasando la llegada de Rajoy por ocho años, y llevando al poder a Zapatero para que rompiese los acuerdos implícitos de la llamada Transición y de nuevo España se dividiese en dos mitades machadianas.

Zapatero generó cambios en su primer gobierno, especialmente en lo social. Se apoyó en la boyante economía que había heredado, pero, cual cigarra leonesa, se dedicó a disfrutar de su aparente popularidad y descuidó las alertas económicas. En su segundo mandato la crisis amenazaba de manera clara, pero prefirió hacer oídos sordos y mantuvo al país, junto con su ministro Solbes, en la creencia de que nosotros estábamos mejor preparados que todos.

La crisis, una crisis global, llegó también aquí, como ahora un poco más tarde, pero aún así no nos habíamos preparado. El resultado fue una convocatoria de elecciones anticipada y una gravísima derrota para el partido socialista, y un partido popular con una mayoría absoluta que no supo gestionar y que solo sirvió para sacarnos de la crisis de una forma larga y penosa que algunos aún sufren.

Ahora nos encontramos con un caso bastante similar. La crisis no era económica, lo era sanitaria y también avisaba con tiempo. Y tampoco en esta oportunidad se han aprovechado los plazos, tampoco en esta ocasión el gobierno socialista ha sabido sacar partido de lo que otros hacían, China, Singapur, Hong Kong, etc. De nuevo se ha preferido jugar la carta de la tranquilidad y el sosiego “Tenemos una de los mejores sistemas sanitarios de mundo”, “No es necesario alarmarse”. Ahora ya no hay tiempo para la “contención”.

Hoy el señor presidente ha salido a dar la cara, sin periodistas que pregunten directamente, para trasladarnos una retahíla de medidas económicas que pueden dar alivio a algunos pero que no parece que sirvan como tranquilizante para la población que empieza a angustiarse al ver que vecinos como Italia, a la que hace poco se tachaba de alarmista, aplican medidas drásticas en todo el territorio mientras aquí descargamos responsabilidades en técnicos y gobiernos autonómicos; o apelamos a la disciplina olvidando que si no se ha inculcado previamente solo cabe imponerla. Se echa en falta alguien que mande.

El dinero, que es muy cobarde, nos está diciendo en las Bolsas que está crisis es mucho mayor que la del 2008. Esta crisis mata a las personas y a la economía.

Los españoles no merecen un gobierno que les mienta.

*Versión en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com

Erdogán, el principio del fin

No cabe la menor duda que Recep Tayyip Erdogán es una de las grandes figuras políticas de su tiempo; desde la alcaldía de Estambul escaló por la estructura política de un país teóricamente laico desde que Mustafá Kemal Ataturk lo construyera a principios del siglo XX. Consiguió lo que parecía más difícil, desactivar al Ejército turco, guardián de las esencias laicas de la república turca con la fuerza de un partido religioso; su partido, el Partido del bienestar, al que lavaría la cara para evitar la confrontación con la ley y con el que, con el nuevo nombre, Partido de la Justicia y Desarrollo se apoderaría de todos los resortes del poder, con nueva Constitución incluida, hasta convertirse en el nuevo sultán de la Puerta dorada, al menos eso es lo que parece que él ha creído.

Tanto poder, la historia nos lo ha mostrado muchas veces, acaba por emborrachar, y esto parece que es lo que le ha ocurrido al señor Erdogán que en los últimos tiempos ha ido derivando cada vez más hacia posiciones legalmente incuestionables pero que le han llevado a perder legitimidad de forma acelerada, y la pérdida de Estambul y Ankara en las últimas elecciones municipales es solo la muestra de lo que puede depararle el futuro.

En los últimos tiempos el presidente turco parece haber iniciado una huida hacia adelante. Su apuesta por convertir a su país en potencia regional ya se percibió cuando con ocasión de la segunda Guerra de Iraq negó acceso a las Fuerzas USA; su chantaje político a Europa al inicio de la Guerra en Siria y la crisis de refugiados fue una forma lucrativa de cobrarle a Europa su rechazo al ingreso. En los últimos tiempos ha seguido apostando con compras de misiles rusos y acuerdos con Libia sobre aguas territoriales que solo parecen conducir a ulteriores tensiones con sus aliados atlantistas.

La entrada en territorio sirio hace unos meses http://repdiv.blogspot.com/2019/10/yanqui-go-home.html ha sido su apuesta más fuerte y directa; parecía que, inicialmente, los perdedores serían los kurdos, y los sirios de El Assad tendrían que aceptar la situación mientras los rusos certificaban la situación y los yanquis de Trump plegaban velas abandonando a sus protegidos kurdos. Pero las cosas de la geopolítica casi nunca salen como los aprendices de brujo pretenden. Esta vez tampoco.

La pasada semana, tras algunas escaramuzas previas que pagaron algunos jóvenes soldados turcos, un ataque aéreo ha elevado la cifra de muertos a 36 y muchos más heridos. En estos casos el apostador suele doblar la apuesta y Erdogán no parece ser diferente.

Autobuses, taxis, coches de alquiler, todo medio de transporte parece ser útil para el nuevo envite del presidente turco. Se trata de conseguir el apoyo de la Unión Europea con la amenaza de un millón de refugiados sirios llegando a las playas de las islas griegas próximas a la costa de Asia Menor; una crisis que ya puso a temblar a Europa hace cinco años. Entonces la situación era sobrevenida, ahora es provocada por las ambiciones del sultán turco que atrapado en esa apuesta demasiado arriesgada y unilateral que ha hecho en Siria llama a las puertas de la OTAN apelando al artículo 5, algo descartable dadas las circunstancias.

En plena crisis sanitaria de carácter global llegan nuevos problemas para Europa. Grecia recibirá en primer lugar el efecto de la nueva avalancha, pero serán las estructuras de la Unión las que otra vez serán puestas a prueba y yo espero que sean lo suficientemente fuertes y salgan adelante sin problemas, pero también deseo que esta última jugada sea el principio del fin para un Erdogán que, amparado en un desarmado sistema democrático, se ha convertido en un dictador más.

El virus y los mayores

Beatrice Borromeo es una joven italiana que lo tiene todo; pertenece a una de las familias más antiguas y adineradas de la aristocracia del país, su padre es el titular del Palazzo Borromeo en una de las islas del mismo nombre que se encuentran en medio del Lago Mayor y que son una de las grandes atracciones turísticas de la zona. La chica, además, se ha casado con uno de los Grimaldi e instalado en Montecarlo donde ha fundado una familia que da mucho trabajo al papel couché. Todo esto lo completa con una notoria y aplaudida carrera periodística en Italia.

Hace un par de días ha publicado una columna en la que se muestra horrorizada por el hecho de que en un hospital milanés han puesto un punto de clasificación de ingresos al modo de la sanidad militar; es decir, se ordenan en función de las posibilidades de superación de la herida, en este caso neumonía vírica, y se descartan para tratamiento aquellos sin posibilidades. En el caso milanés son los mayores de 60 años; las UCI,s están saturadas y hay que dar prioridades y los mayores, al parecer, no lo son ¿Horroroso? No lo sé.

En China, por lo visto en las telenoticias, no distinguían; allí los mayores son la clave de la familia y de la sociedad, sería impensable esa clase de discriminación; allí el régimen totalitario, muy eficaz en estas situaciones, ha aplicado una cuarentena draconiana que ya empieza a dar sus frutos con la caída de contagios; allí, además, el individualismo occidental no existe y la población sigue religiosamente las consignas del gobierno. Allí la libertad es otra cosa.

Descartar a los mayores, realzando así los efectos mortales de la epidemia, tiene sus aspectos positivos para la macroeconomía. Por cada mayor que desaparece también lo hace con él una pensión y un gasto importante en la sanidad estatal, además, en algunos casos, se produce un cierto rejuvenecimiento de las estructuras laborales. La reciente medida de cerrar escuelas dará un ulterior empujón a la situación pues muchos niños, portadores potenciales del virus, convivirán muchas más horas con sus solícitos abuelos, potenciado así el efecto multiplicador ¡Qué cosas!

Hemos estado, y perdido, muchos días viendo los toros chinos, y después los italianos, desde la barrera, ahora nos toca a nosotros y parece que ciudadanía y autoridades reaccionamos como el resto del mundo, con pavor, y me temo que, mientras se encuentran remedios farmacológicos que hagan frente al virus, solo queda actuar a lo chino. Es lo que hay.

*Versión en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com

¡El hombre del saco!

Estábamos tan tranquilos pendientes de la Champions, siguiendo como algo lejano y ajeno las informaciones que diariamente llegan de China, al fin y al cabo “los nuestros” ya salieron del Gómez Ulla sin novedad, cuando repentinamente descubrimos que también en Europa puede suceder, también aquí el confinamiento de una población es algo perfectamente posible, y lo que es peor, el coronavirus.

Es como si el hombre del saco, ese que antes se usaba para meter miedo a los niños –ahora puede ser una forma de acoso susceptible de denuncia- estuviese picando a nuestra puerta. ¡La epidemia ya está aquí¡ y de pronto sentimos un escalofrío de pánico. Lo observamos desde la mirilla de la puerta, sin abrir, con la esperanza de que se canse y se vaya pero sabiendo, en el fondo, que no será así, que acabará por colarse por una ventana, por los respiraderos del baño, o por algún sitio que no controlamos. Es lo que tiene el pánico.

En tiempos antiguos las pestes tardaban años en desplazarse. Lo hacían a hombros de comerciantes o peregrinos, es decir, a pie y con muchas y largas paradas. Cuando encontraban una frontera cerrada por razones políticas podían detenerse meses, incluso años, aunque acababan por pasar y diezmaban la población de Europa. Ahora todo es mucho más rápido.

El mundo se ha hecho, a golpe de avión, mucho más pequeño que el del Medievo; y los viajeros no son unos pocos sino que son millones, muchos más con el invento maligno de los vuelos de bajo coste. La cifra de pasajeros anuales es asombrosa. Si antes no se podía poner puertas al campo ahora hacerlo en el cielo es aún más difícil. Y Codogno, el centro del coronavirus italiano, esta a una hora de camino de Milán y Bérgamo, importantísimos nodos aéreos con varios vuelos diarios hacia España. 

Con todo y con ello no hay aún motivo para preocuparse puesto que nuestro sistema sanitario es de gran calidad, según las palabras del presidente del gobierno ayer en Bruselas, y no seré yo quien dude de la palabra de un presidente. Quizás habrá que ver lo que piensan los consejeros autonómicos puesto que la competencia es de ellos o quizás pensaba el presidente en el sistema de sanidad militar sin saber –esas menudencias no son de su competencia- que por instalaciones y plantillas está hoy casi desguazado. Algo tendría en la cabeza, seguro.

El hombre del saco puede hoy disfrazarse de histeria colectiva, como en Ucrania, con gentío apedreando el autobús donde se conducía a compatriotas no contagiados hacia la cuarentena. ¿Estarán las granjas de trolls rusos detrás de esas jaurías? Nunca se sabe, hoy todo es posible y la guerra todo lo justifica pero, en cualquier caso, nuestro gobierno haría bien en ir un poco más allá puesto que esta vez no hay aún retro-virales disponibles como cuando para resolver la posible crisis de imagen gubernamental con la Gripe A de 2009 Trinidad Jiménez compró 37 millones de dosis que nunca llegaron a usarse.

Nuestro gobierno de coalición es, por construcción, un gobierno débil al que acechan en cada recoveco del camino distintas amenazas, su propia composición, la decadente economía, los independentismos rampantes y ahora este hombre del saco cargado de coronavirus. A ver cómo lo solventa.

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